^Volver arriba
Get Adobe Flash player

Batalla en Desgarratormentas

11 años 3 semanas antes #30710 por Naerth
Unas densas columnas de humo se acercaban por el desierto del Caos. El hipnotico sonido de los tambores y fanfarrias de las tribus barbaras resonaba cada vez mas fuerte entre las escarpadas montañas que flanquean la torre de DalakKaith, Desgarratormentas.

Sin ningun atisbo de emocion en su rostro, Naerth n´ha Grond, Señor de la Torre, oteo el horizonte en silencio , sintiendo como cada vibraccion de los tambores barbaros atravesaba su cuerpo como hace quinientos años lo hiciera una flecha elfica.

- Mi señor...- La sinuosa voz de Nëerathi, la hechicera, lo desperto de la ensoñacion que le producia lo que se avecinaba.

- Mi Señor... - Solo ella sabia que podia dirigirse en ese modo a Naerth.

- Silencio bruja - Expeto el Señor impostando la voz, que sono como un trueno pero sin cambien ni un apice su expresion. -Oficial, quiero que todos los druchii esten pertrechados y preparados .-

El oficial inclino su cabeza y dio medio vuelta, preparado para hacer que las ordenes de su señor se cumplieran.

-Oficial...- El oficial se detuvo al instante.- Envie un heraldo oscuro a palacio con el siguiente mensaje, los enemigos de Malekhit han sido exterminados.-

el oficial desaparecio por la portezula, quedandose en las afiladas almenas de la torre Naerth y la bruja.El resplandor de los fuegos que portaban los barbaros se veian ya en el horizonte.Como poco triplicaban a la guarnicion de la torre en numero, pero Naerth no estaba dispuesto a perder su torre y faltar a su juramento de defenderla con su vida.

El hedor inconfundible de Nurgle inundaba el la noche, la corrupcion y la podredumbre flotaba en un ambiente irrespirable.

De repente, y como si fuese una sola entidad, la masa de barbaros , criaturas disformes y demonios de nurgle detuvieron su avance. Solo los estandartes y las columnas de humo arrastradas por el viento parecian tener vida.

De entre las filas putrefactas del Anciano Dios de la podredumbre, Nurgle, Aparecio una enorme silueta. Naerth estimo que media mas de dos metros y que era corpulento como un gelido.

La figura alzo en el aire un imponente mayal, coronado con tres pesadas bolas llenas de mugrientos pinchos. Los escasos murmullos que llegaban de las filas del Caos se apagaron, solo se oia el crepitar de las abominables criaturas de Nurgle que lo acompañaban.

De su garganta broto un ronco rugido de guerra, gutural y primitivo. Naerth estaba acostumbrado a los sonidos de la muerte, moribundos, sacrificios vivos a las arpias y toda clase de criaturas, pero, aquel rugido, y solo por un instante, le parecio que su dios Khult mensha Kaine, dios de la muerte brutal, lo reclamaba a su lado en el averno.

Cuando el grito del paladine de Nurgle se apago, un tumulto de gritos, tambores y fanfarrias exploto entre las filas del Caos, profiriendo toda clase de maldiciones y deseos de la peor muerte para los defensores druchii.

Parecia una respuesta, pues los graves toques de las cornetas de la torre,que tocaron a combate, acallaron las injurias de los barbaros.

-Nëerathi- Naerth hizo una pausa, girandose y quedando frente a la hermosa bruja -deberias ocupar ocupar tu puesto de combate-

Nëerathi alzo su rostro, acercandolo lentamente al de Naerth y beso al Señor de la torre esperando la misma pasion que hace unas horas le habia regalado en sus aposentos pero, no hubo respuesta. El rostro de Naerth seguia impasible.
-Como ordeneis mi Señor- digo la bruja inclinando su cabeza mientras se retiraba de la atalaya.

Naerth se dedico a disfrutar del repliqueteo de las armaduras y escudos druchii tomando sus posiciones en las murallas de la torre, escucho con sumo placer a los maestros artilleros que ya tenian preparadas las Gigantes ballestas...tomo una bocanada del viciado aire, corrompido por la sola presencia de los hijos de Nurgle, ciño su gorguera y se puso su yelmo preferido, aquel que lo acompaña desde la primera guerra de la traicion.

Tras unos tensos minutos, que se hicieron eternos, la horda del Caos comenzo, rugiendo como un unico ente, una carga contra la primera muralla de la torre...-Dolor y afliccion para mis enemigos- entono Naerth en un murmullo mientras descendia hacia el patio para recibir como los druchii saben al enorme paladine de Nurgle.

Un estruendo ensordecedor inundo todo el valle cuando la horda impacto contra la primera muralla defensiva, la que daba acceso a la larga y estrecha escalinata que llegaba hasta la torre.Los gritos, maldiciones y ordenes de batalla se mezclaban con el sonido metalico de armas y armaduras encontrandose.

Las saetas silbaban desde las atalayas y saeteras de la torre hacia los guerreros de Nurgle, que caian atravesados por certeros dardos aunque en el caso de algun demonio que se mantenia en pie pese a llevar clavados en su cuerpo decenas de proyectiles.

Naerth se fijo casi por instinto en un destello verdoso que, como un rayo, surgio de entre las filas del demoniaco ejercito. Una enjuta figura cubierta con una mohosa capa parduzca y con la capucha puesta, que impedia distinguir el rostro del hechicero. Habia lanzado algun poderoso conjuro sobre un grupo de lanceros que protegian la muralla, estos se convulsionaban de dolor mientras que sus cuerpos se abotargaban y llenaban de infectadas llagas y supurantes pustulas. Retorciendose en su agonia quedaron cubiertas por un enjambre de poseidos barbaros que, para cierto alivio de Naerth, remataron la faena del mago.

-Oficial, refuerce las defensas del ala norte de la muralla superior y lance una señal a los sombrios- ordeno sobriamente Naerth al oficial, pues un nutrido grupo de elegidos del Caos, enfundados en gruesas armaduras, accedian lentamente pero con decision por las laderas proximas a la muralla.
-Como ordeneis mi señor- El oficial se retiro gritando las ordenes de su señor. Un grupo de lanceros dejo su puesto y se encamino hacia la parte norte del patio.

Naerth tuvo un pensamiento hacia Nëerathi, que defendia aquella seccion de la torre y por un momento deseo tenerla a su lado. Una saeta envuelta en un fuego quimico surco aullando el cielo oscurecido devolviendo a Naerth a la realidad.

Volvio a centrarse en la batalla para ver, en la lejania, por detras de las lineas del Caos, aparecian unas sombras hasta ahora invisibles. Comenzaron a hostigar a las tropas del Caos que quedaban rezagadas.El combate continuaba, cruento y sin tregua.
Naerth observo que algun lugarteniente lo informo de ataque a su retaguardia. El colosal paladin ceso un instante en sus combates y transmitio una serie de ordenes y continuo en busca de mas victimas.

-Deberias retirarte si no quieres quedar atrapado- penso Naerth para si sin poder evitarlo, habia sido instruido en el arte de la estrategia y la guerra.

Las fanfarrias del Caos se alzaron entre el sonido del combate, sonando agudas e insistentes. A esta señal, los barbaros empujaron todavia con mas fuerza a los defensores druchii, que casi habian perdido el control de la primera muralla. Estaba claro que el general de Nurgle solo tiene una direccion, hacia la torre.

Naerth esbozo una leve mueca que pretendia ser una sonrisa.- Yo hubiera hecho lo mismo- penso, a fin de cuentas es mejor una muerte con honor que una retirada.

En la retaguardia del Caos, los rezagados, los lentos o los heridos eran una presa facil de los sombrios, que aprovechando su movilidad y el terreno causaban un gran numero de bajas.
Pero el grueso de la horda ya habia atravesado la primera muralla y marchaban hacia la torre tanto por las escarpadas laderas como por la escalinata, que era defendida con fuerza y honor. Los druchii hacian de cada peldaño su mausoleo pero tambien la tumba de muchos enemigos.
Acabaron cediendo, y ahora el ejercito del Padre Nurgle se posicionaba en la explanada que daba acceso a la puerta principal de la torre...

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

11 años 3 semanas antes #30736 por ERTYWERT
MAASSSS, MAASSS, MASSSSSS ..............


Oleeee, que envidia, yo creo que describo mucho y hago la lectura densa y lenta, pero la tuya me gusta mucho es rapida y emocionante, vertiginosa y con muchos datos interesantes.


Oleeee, que envidia, yo quiero escribir así también.

Nos ha dado a todos por novelear? Va a salir otro Concurso?.


Tú y yo tenemos que hablar.

Por Malekhit, por Morathi, por Khaine y Slaanesh y por la sangre que se derramar? de nuestros enemigos, ved que gran partida sale de donde queramos, allende a los mares, m?gia, fuerza y poder en la mayor de las empresas jamas lidiadas. La venganza.

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

11 años 3 semanas antes #30737 por Naerth
Batalla en desgarratormentas.2

La explanada estaba ya en su totalidad en poder de la horda. Mientras los barbaros y demonio menores se ensañaban con los cuerpos de los druchii caidos, un poderoso engendro golpeaba con sus tentaculos, acabado en una especie de maza, la finamente decorada, pero resistente, puerta de entrada a la torre.
Las saetas silbaban desde toda la torre y al patio caian antorchas, piedras y todo tipo de proyectiles que lanzaban los barbaros con mas molestias que peligro.

La puerta salto en pedazos y un grupo de barbaros, liderados por un acorazado elegido, rebasaron al engendro que habia destrozado la puerta y se disponian a entrar en el patio.
A una señal de Naerth, dos pesados rastrillos de gruesos barrotes cayeron dejando encerrados entre el portico de la muralla a un grupo de guerreros, con el elegido a la cabeza.
Este, con unos cuantos de sus barbaros, intentaban levantar las rejas cuando de las almenas adyacentes, descargaron sobre el grupo el contenido de dos calderos. Liquidos corrosivos hirvientes que separaban la piel y la carne de los huesos de los aterrorizados barbaros que, gimiendo y agonizando, caian retorcidos y humeantes en el portico.
Cuando el espeso humo, de olor entre agrio de los productos quimicos y dulzon de la grasa se disipo, Naerth esbozo una mueca entre comica y de sorpresa pero volvio enseguida a su registro inexpresivo.
Ahi estaba el elegido del Caos, aferrado a las rejas, con el cuerpo humeante y lleno de llagas y quemaduras y con partes de su armadura fundidas con la carne.
-Infante- ordeno al druchii que tenia a su izquierda extendiendo su brazo.-deme su ballesta-
El elfo obedecio de inmediato y deposito en la mano de su señor la mortifera arma.Naerth lentamente alzo la ballesta y apunto.
La primera saeta atraveso entre las rejas e impacto en el requemado casco del elegido lanzando su cabeza hacia atras, con un ruido metalico que se mezclo con el grito gutural que lanzo. El segundo dardo volo y atraveso la traquea ahora descubierta.
El elegido se desplomo lentamente, aferrado todavia a los barrotes, emitiento un gorgueo que antes habia sido un grito, cayendo pesadamente sobre el resto de sus compañeros.
Naerth devolvio el arma a su dueño y escupiendo en el suelo lanzo una maldicion al elegido.-Maldita sea tu estirpe-.

Lanzo una mirada hacia el norte y vio que el grupo de elegidos ya habian accedido a las murallas y combatian contra los laceros druchii. Vio tambien como un poderoso proyectil alcanzaba a uno de los elegidos, que cayo de la muralla hacia el abismo que se abria a sus pies.

Un agudo chirrido hizo centrar su atencion al frente. Las rejas del rastrillo se retorcian y chirriaban ante sus ojos, cambiando del brillante color metalico al sucio anaranjado del oxido. Se retorcian como si un enorme gigante invisible las aplastara entre sus manos.Una multitud de enemigos esperaba ansiosa para entrar en el patio, pero entre la horda sobresalia, pacientemente, la impresionante figura del Señor del Caos.

-Oficial- ordeno tranquilamente Naerth.-Formacion cerrada-. El oficial hizo una señal y las trompetas resonaron en el patio acallando los demas ruidos de la batalla. Los druchii corrieron por el patio hasta formar un infranqueable muro de escudos, jalonado por las afiladas y brillantes puntas de lanzas que sobresalian del metalico muro. El portaestandarte se coloco allado de Naerth e hizo al aire un gallardete finamente bordado con la runa de la casa N´ha Grond.
-Druchii-Naerth declamo con toda la energia que pudo para que su voz se oyera por encima de todo lo demas.
-druchii, hoy entraremos en la historia o caeremos en el olvido para siempre- hizo una pequeña pausa.
-Matad, matadlos a todos pero por encima de todo, matadlos con placer.- Alzo su sable por encima de su cabeza y las gargantas de los druchii rugieron como una de sola.
La horda ya estaba en el patio y se dirigian a la carrera hacia la cerrada formacion de los elfos.-Dolor y afliccion para mis enemigos- grito Naerth y comenzo una carga contra los barbaros que se acercaban, seguido por todos sus fieles elfos...
El encontronazo de los dos ejercitos provoco un estruendo que retumbo en todo el valle. Golpes, gritos, aullidos se oian en ambos bandos.
Naerth tenia toda su atencion puesta en el imponente paladin de Nurgle, en su carrera se deshizo de todos y cada uno de los barbaros que le salian al paso. Paraba con su escudo y devolvia una estocada mortal, cortaba un brazo antes de que lanzaran un golpe, esquivaba y golpeaba con su espada pero en su mente solo tenia un objetivo, aquel paladin de Nurgle estaria muerto antes de que cayera la noche sobre la torre...

El maestro artillero habia dado buena cuenta del enorme demonio con sus virotes antes de que una inmensa llamarada verdeazulada reduciera a el, a parte de sus artilleros y sus maquinas a una masa de cadaveres, maderas chamuscadas y piezas metalicas deformadas y medio fundidas.

Naerth dirigia sus pasos hacia el poderoso guerrero y este lentamente tambien se encaminaba hacia el elfo, en busca de un combate epico y un enemigo a su altura...
-Señor- escucho un grito y alguien se abalanzo sobre Naerth, lanzandolo al suelo. Era un joven druchii y detras de el, un enorme demonio bipedo. No hubo tiempo para los agradecimientos pues una segunda estocada abrio en canal el costado del joven salpicando de sangre el rostro de Naerth, que pudo esquivar el golpe.
El señor de la torre miro hacia el paladin, que se hacia enzarzado en una lucha con tres lanceros druchii. De un escudazo se deshizo de dos de ellos y al tercero le lanzo un golpe con su mayal, aplastando la cabeza del elfo y hundiendole el pecho. El elfo salio despedido unos metros y cayo al suelo completamente deformado por la violencia del golpe...
Un rugido del demonio le devolvio a su combate, el Nurglete lanzo un golpe que Naerth esquivo rodando hacia atras y cuando tuvo una posicion firme lanzo su escudo, que impacto en el pecho del demonio, haciendolo recular y aullar de dolor. El demonio, lleno de ira, inicio una veloz carga contra el elfo, pero a medio camino, el demonio se desplomo en el suelo entre una nube de polvo. Naerth permanecia atento, pero cuando se disipo un poco el polvo vio unos cuchillos de factura druchii clavados en la base del craneo del demonio, que se convulsionaba agozinando. Eran las dagas de Vraithî´dam, Filo Desalmado, su fiel asesino, que arranco los cuchillos del putrido cuerpo. Hizo una reverencia a su señor y desaparecio entre el tumulto.

Naerth recupero su escudo y oteo el patio en busca de su enemigo, paro el ataque de un barbaro y de un golpe le abrio el pecho cortando piel y carne, y astillando alguna costilla. Dejo atras al moribundo barbaro.-Ahi estas- se digo para si Naerth cuando dislumbro la sombra del paladin del Caos, que giro la cabeza, como si hubiera presentido que lo miraban.

A pesar de ensordecedor ruido de la batalla, Naerth solo oia los latidos de su corazon y como la sangre fluia rapidamente por sus venas. Habia llegado el momento de matar o morir...
Examino la figura de su enemigo que se acercaba bufando como un toro. Su escudo, redondo, estaba descuidado y lleno de golpes y desconchones en la pintura original. Pezuñas, el paladin habia sido terriblemente bendecido con unas enormes pezuñas tan grandes como las de un buey. Las piernas estaban protegidas por completo, las espinilleras y las rodilleras estaban cubiertas de unos oxidados pinchos. El peto cubria el pecho y el abultado vientre, sujeto por unas correas y por otros lados fusionado con el propio cuerpo del paladin.
La gorguera se levantaba exageradamente por detras de su cuello y por delante bajaba por su pecho , ornamentado con rostros torturados de dolor y acabados en unos contundentes cuernos con las puntas enfundadas en un cobrizo y sucio metal.
Sus brazales se confundian con la propia musculatura o las pustulas que cubrian el cuerpo del elegido. Cubria sus hombros con unas grandes hombreras llenas de pinchos y runas caoticas.
Su casco solo dejaba ver unos sombrios ojos y estaba coronado con una cresta de gruesos pinchos. Toda la armadura estaba sucia se barro y sangre seca y poco quedaba de su color verde palido original.
De su cuello colgaba un macabro collar de calaveras y cabezas semiputrefactas que parecian gesticular con cada zancada que daba el guerrero de Nurgle.
Naerth se aferro a su espada como si fuera lo unico que lo ataba almundo de los vivos. -Dolor y afliccion...- musito en una plegaria y se dispuso para el enorme desafio que suponia enfrentarse a un guerrero de este poder...
Con una velocidad que Naerth no esperaba, el paladin de Nurgle levanto su mayal y lanzo un sesgado golpe en direccion a la cabeza del elfo, que esquivo el golpe y a su vez lanzo un estocada en direccion al pecho de su oponente, que detuvo con su enorme escudo. Ambos recompusieron sus posiciones y se enzarzaron de nuevo en el combate. Naerth evito de nuevo un ataque lanzado por su enemigo. Sabia que intentar parar uno de esos golpes seria imposible, su escudo y sus huesos quedarian machacados.
Rodando por el suelo esquivo otro golpe y lanzo un contraataque al cuerpo del señor del Caos, que de nuevo interpuso su escudo. Con Naerth agachado, el paladin levanto su mayal sobre su cabeza, lo volteo velozmente y descargo un golpe con toda su furia. El druchii desde esa posicion tuvo que protegerse con su escudo. A Naerth le parecio que impactaba una piedra lanzada por una catapulta, el escudo quedo aplastado y agujereado, inservible. El costado izquierdo quedo dolorido y el elfo momentaneamente sin aliento. De no haber sido por la armadura, Naerth hubiera sucumbido.
Escucho como el mayal rompia el aire, girando de nuevo sobre la cabeza del paladin, que preparaba un ultimo y letal golpe. Casi pudo notar como la ira del señor del Caos se descargaba en su ataque. Naerth pudo deshacerse del escudo y rodar en el instante que el mayal impactaba en el suelo levantando polvo y pequeñas piedras. Desde el suelo, Naerth lanzo un golpe clavando hasta la mitad de su espada en el costado derecho del paladin, desprotegido durante su furioso ataque.
Lejos de caer herido, el adorador del Caos respondio al ataque del elfo propinando un rodillazo a la cabeza de Naerth, que estaba de rodillas incorporandose.
El casco salio despedido unos metros por la violencia del impacto, Naerth quedo aturdido y con un pitido atravesandole el cerebro pero todavia puede reaccionar para esquivar el golpe con el escudo que el paladin le lanza hacia su cabeza.
Ambos se alejan unos metros para recuperar el aliento. Naerth nota el calor que corre de su ceja y resbala por su mejilla, la sangre ciega parcialmente la vision. Escupe mientras desenfunda el largo cuchillo y ve como su enemigo se acerca oscilando levemente el mayal, para acabar lanzando otro ataque. Los golpes que el señor del Caos lanza son esquivados por el elfo que se ve incapaz de acercarse al cuerpo a cuerpo.
Tras una serie de ataques del paladin y unas maniobras de evasion de Naerth, este acaba por alejarse unos metros e hinchar una rodilla en el suelo, en busca de un respiro, que no llega porque el Guerrero de Nurgle carga de inmediato para no dar tregua a su rival.
El mayal se alza en el aire y cuando enpieza a descender hacia el elfo, este rueda hacia adelante y hundo el cuchillo en la ingle de su enemigo. El paladin solo ve como su ataque se estrella contra el suelo, nota la herida del cuchillo y como la espada de su costado abandona su cuerpo. El enorme guerrero se desploma sobre su rodilla izquierda y tiene que poner sus manos para evitar caer de bruces. En esta posicion solo tiene tiempo para girar la cabeza y ver que el elfo, sorprendentemente agil, ya esta descargando un golpe a dos manos con la espada contra su cara...
El casco del paladin de Nurgle rueda ensangrentado por el suelo. Naerth, lleno de odio, lanza un segundo golpe y la cabeza del paladin se desprende del cuerpo de este, que cae pesadamente al suelo, entre convulsiones y derramando gran cantidad de sangre

Cegado por su propia sangre, que mana de su herida en la ceja, la boca seca y la cara llena de sangre, polvo y hollin, Naerth agarro por los mechones de lacio pelo la cabeza de su oponente, grande como una calabaza.
El rostro estaba abotargado, su boca era una burda mueca y de entre sus labios, que temblaban en un acto reflejo, sobresalian unos dientes podridos y amarillos. Los ojos, hinchados, perdian el brillo que acompaña a la vida. Alzo su trofeo por encima de su cabeza y antes de poder articular palabra, vio una sombra en el cielo...

-Dolor y afliccion, druchii, la victoria es nuestra- grito Naerth con todas las fuerzas de su oscura alma. Los elfos jalearon a su señor y se lanzaron al combate con renovadas fuerzas y el mayor de los odios contra sus enemigos, que al contrario que los elfos, comenzaban a huir tras la muerte de su amo.
De repente, el cielo se oscurecio, unos agudos lamentos se oyeron en las alturas y ante los ojos de Naerth uno de los barbaros que huia cayo al suelo y dos arpias se abalanzaron sobre el, destrozandolo con sus garras y arrancando sus tripas del vientre del desgraciado y todavia vivo barbaro. Y aparecieron muchas mas arpias que atacaban a los barbaros que huian,o hacian que ellos mismos se despeñaran cuando trataban de escapar descenciendo por la escarpada montaña.

La escalinata se convirtio en una ratonera. Los druchii de la torre, con Naerth a la cabeza empujaban y aniquilaban a los guerreros que huian, muchos se arrojaban al vacio, otros morian aplastados bajo las botas de la horda y los menos plantaban batalla pero poco podian hacer frente a la rabia de los elfos. Los que llegaban al final de la escalera caian bajo las saetas de los sombrios que, posicionados y a cubierto, disparaban a placer a los barbaros que huian...

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

11 años 3 semanas antes #30740 por khartet
ERES MUY BUENO TIO ! PERO Q MUY BUENO!!! como mola, grandioso! como a dicho erty es un alectura muyh amena y entretenida. mi mas sincera enorabuena..

"Somos la raza mas civilizada del mundo. Tenemos muchas mas formas exquisitas de matar que cualquier otra raza."

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

11 años 3 semanas antes #30742 por Darkskull
Sin palabras..., si ya las has puesto todas, muy bueno. Sigue así.

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

11 años 3 semanas antes #30752 por Naerth
Naerth caminaba despacio por los pasillos de la torre con su casco destrozado en la mano, abrio de par en par las enormes puertas del salon del trono de la torre. Una espaciosa estancia octogonal con ocho grandes columnas, delicadas vidrieras, hermosos tapices ricamente bordados todo iluminado por la tenue luz de innumerables velas.

-Bienvenido mi amo- la dulce y sugerente voz de Erendith salia de su escondite, detras del trono.
-Bienvenido a nuestro regazo, poderoso señor- del mismo escondite aparecio Melekbronn.
Eran las Meükhas, las concubinas, hijas de familias nobles y poderosas en busca de posicion dentro de las estructurada jerarquia druchii.
Naerth se sintio reconfortado, habia sido un gran dia, la victoria seria cantada y recordada por siglos...

-Dejad que os atendamos mi amo- susurro Melekbronn mientras desabrochaba las cinchas de la sucia armadura del elfo, que cayo ruidosamente al suelo.

-Abandonaos ahora a nuestros cuidados mi señor- era Erendith que arrodillada a lus pies de Naerth, desprendia al elfo de las grebas y espinilleras. En el exterior todavia se oia algun signo de lucha, mas bien de cumplida venganza de los druchii hacia sus enemigos vencidos.
-Estais herido mi amo- murmuraba Melekbronn al oido de Naerth mientras retiraba la sucia cabellera hacia atras. -Dejad que os atienda- digo mientras se desprendia de la parte superior de su vestido y con el limpio el rostro ensangrentado del elfo. Este disfruto del olor de la sedosa tela, una mezcla de los mas refinados perfumes y el dulce aroma de la piel de su meükha, haciendole olvidar el hediondo olor de la muerte y de los siervos de Nurgle. Erendith tambien se despojo de su ropa mientras limpiaba el torso de Naerth.
Simplemente se abandono al placer del contacto de las telas y las caricias de las elfas...
Alguien llamo a la puerta y las elfas se colocaron detras de Naerth, que se recompuso. -Pasad- volvio al protocolario tono que lo caracterizaba. Era Hëef Nahaikaine, señor de los esclavos y siviente personal del señor de la torre. -Señor disculpad- entre las manos traia una bandeja, abultada y tapada por una fina tela de factura druchii. - Hemos capturado mas de trescientos prisioneros...- Naerth levanto su mano y las Meükhas se alejaron mirando con desden al sirviente, que habia interruppido su "juego".
- Haced que los prisioneros trabajen dia y noche hasta reconstruir la torre..- hizo un pausa y sentencio.- Despues ejecutadlos a todos, clavad sus cabezas en picas y colocadlas en la entrada del valle. Los restos dadselos a las arpias, que tengan un merecido festin.-
-Señor, pensad en los beneficios- se atrevio a decir Nahaikaine, que era el administrador y contable de la torre. -Son unos esclavos de excelente calidad...-
Naerth no dejo acabar a su sirviente, retirando la tela de la bandeja que sostenia Nahaikaine. -Yo ya tengo mi trofeo...- Digo mientras señalaba la cabeza embalsamada del paladin de Nurgle. -Haced lo que os ordeno.-
El sirviente se retiro haciendo una reverencia. -Como ordeneis mi amo.-

Naerth se recosto en su trono y las elfas se le aproximaron, colocandose a sus pies.
-Deberias descansar.- musito ronroneando Erendith.
- Nosotras no ocuparemos de todo...- Dijo Melekbronn mirando lascivamente a Naerth, pero ambas cambiaron su expresion cuando por la puerta aparecio Neërathi.
Estaba sucia, con el pelo revuelto y enmarañado pero no habia perdido un apice de su cruel belleza. Se acerco hasta el trono e hizo una reverencia. -Mi señor...- su voz sonaba cansada, sin duda las exigencias de las artes oscuras se cobraban su precio.
-Me alegro que continueis con vida hechicera.- Naerth no intento ocultar la alegria en su tono de voz.
- Mi señor, el hechicero del Caos ha sido capturado y...- Naerth no dejo acabar la frase de la bruja. -¿Y...?- pregunto el druchii sabiendo de antemano la peticion que le haria la hechicera.
- Señor, deseo que sea entregado a la Cabala de hechiceras...- Digo Neërathi con un tono neutro, sin ningun tipo de amenaza. -...de la reina Morathi.-
- Pero me pertenece como botin de guerra y es mi derecho disponer de el- Respondio Naerth en el tono diplomatico y gris del protocolo, aunque sabia que aquello no era mas que un juego.
Nëerathi alzo su rostro y miro irritada a Naerth. Sus miradas se quedaron fijadas, estaba despeinada y de la comisura de sus labios salia un hilillo de roja sangre que resaltaba en su blanca piel.
Naerth se levanto y se acerco a la elfa, acerco su mano a la cara y con el dedo pulgar limpio la sangre y lo paso por encima del labio inferior de Nëerathi. Sintio el calor de la piel de la elfa y disfruto de ese momento...
La elfa ni se movio, ni dijo palabra. El elfo volvio a sentarse en su trono.
- Es vuestro, disponed del hechicero a vuestro antojo- Sentencio Naerth.
Nëerathi alzo su cara con una leve sonrisa y la mirada victoriosa.-Gracias mi señor, no esperaba menos de mi amo.- Y dando media vuelta se alejo hacia la puerta.
-! Bruja ¡- Grito Naerth desde su trono. -¿ Cuando obtendre yo mi botin?-
La bruja se detuvo, lentamente giro su cabeza y con una sonrisa espeto
-Primero tendras que ganar otra batalla.- hizo una reverencia y desaparecio de la estancia.
Naerth estallo en una carcajada, se levanto del trono y se encamino hacia sus aposentos. -Meükhas, quizas si necesite vuestros servicios.- digo mientras desaparecia tras la puerta que daba a sus aposentos.

Melekbronn y Erendith se acomodaron en el trono de la torre, semidesnudas y con una actitud soberbia.
- Nahaikaine- grito una de las elfas llamando al sirviente, que entro en la estancia. Hizo una reverencia y con la cabeza baja pregunto. -¿Señoras?.
Hablo autoritariamente Melekbronn. -Cuando los esclavos acaben de trabajar encargate de que sean vendidos como esclavos.-
-Pero señora, mi señor ha ordenado...- no pudo acabar la frase.
-¿Todavia dudas de quien manda aqui?- Le corto secamente Erendith.
-Haz lo que ordenamos que de tu...señor- Digo la palabra señor con todo el desden que pudo -...Nos encargamos nosotras.-
Nahaikaine abandono la estancia entonando un - como ordeneis, mis señoras...-

FIN

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

Tiempo de carga de la página: 0.303 segundos