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Morkay Ojos de Plata

9 años 11 meses antes #43248 por Denkil
Bueno, pues como tenia mono de escribir se me ocurrió hacer esta escueta segunda parte para el otro relato , "El perro de la guerra", y asi explicar el pasado del personaje. Espero que lo disfrute alguien. :wink:



......


Evy tumbó otra silla con un barrido demasiado brusco de la escoba , y musitó un ligero "perdón" mientras la ponia de pie. Siguió empujando el polvo hacia la esquina, y cuando se acercó de nuevo a la barra sintió que Nolan la miraba de reojo. Seguramente debia notar su estado de ánimo.

El dia que llegó alli y la habian conducido a su habitación, se habia pasado llorando ,tumbada en la cama, todo el dia. Estaba aterrorizada, pero aquel hombre de ojos acuosos, Nolan, que tanto miedo le daba al principio, fue tremendamente paciente con ella. Esperó a la mañana siguiente y le subió unas gachas a su cuarto, y sin decir nada la dejó comer a solas. Nadie la molestó. Por la tarde, bajó a la sala común y empezó a charlar con él, apretujada entre hombres de aspecto soñoliento y asqueroso. El posadero se mostró solicito y muy atento. Era un hombre de palabra fácil; aunque no pareciera demasiado culto podia comprenderla a la perfección. Finalmente, al forjarse lo que le pareció un tenue lazo de amistad entre ellos, el temor se evaporó y se sintió mucho más relajada, preparada para acometer todas las tareas que le encomendaban. La madre de Nolan, aquella vieja espantosa, la seguia intimidando, pero afortunadamente siempre estaba encerrada en una habitación del sótano y no la habia vuelto a ver desde el primer dia.

Pero ahora que ya no sentia miedo, la invadia la frustración. ¿Acaso no habia nadie realmente bueno en el mundo? él le dijo que le ayudaria; estaba segura de que su sonrisa, sus palabras, y aquella noche, habian significado algo...completamente segura.¡Habia sido mágico! el amor, tal como siempre lo habia imaginado en todas las historias que le contaba su madre y la tata. Pero por lo visto, se habia equivocado por completo. Le quedó muy claro ese dia. Después de perder a su familia y sentir que tenia algo bello y seguro a lo que aferrarse... ¿Por qué lo hizo? ¿por qué todo el mundo solo buscaba hacerle daño?

-Ya hace dos semanas que se fue Morkay- comentó Nolan, con poco interés.- Apuesto a que su caballo no aguantará mucho más.

Evy gruñó y siguió moviendo la escoba con tanta brusquedad que tropezó un par de veces. Sintió que el hombre la miraba con más fijeza, pero no decia nada. Al final, no pudo aguantar más y se giró hacia el posadero, mientras se colocaba el cabello detrás de las orejas.

-Tú me pareces un buen hombre, Nolan. ¿como puedes ser amigo de alguien como él?

-Bueno, niña, no es tan sencillo.-dijo el posadero, dejando de ordenar vasos y dedicándole una sonrisa.- Yo no soy tan buen hombre como crees, pero te aseguro que en lo que respecta a Morkay, no te sabria decir que clase de persona es. Más que nada, por que no es un hombre, un ser humano. Él es un dur...druc..drush...mierda, un elfo oscuro.

-¿Oscuro?-Evy se estiró uno de los rizos dorados.-¿Es por el pelo?.

-No- la sonrisa de Nolan se borró.- Por el corazón. O por la falta de él. Verás, niña, su raza no tiene sentimientos. Almenos, creo que no son capaces de amar o sentir apego sincero por alguien...mira, cada vez que bromea contigo, que dice que te necesita, que te agradece algo, o que está encantado de ayudarte, está mintiendo. Y lo hace porque es su llave para poder seguir viviendo entre nosotros. Su máscara. Lo que hay debajo de ella es demasiado feo para que nosotros podamos tolerarlo. Hay muchos hombres parecidos a él, gente de la que por lo general huyes como la peste. Quizás no tan tortuosos, ni con tanto autocontrol. Pero, a pesar de que seguramente tenga más maldad en el corazón que toda la maldita humanidad junta, no creo que llegue a hacerme daño, porque yo siempre me he asegurado de ser de utilidad para él.

-Ah...entonces...- replicó Evy eh voz baja- supongo que conmigo fue lo mismo. Yo le era útil. Para venderme a ti.

-Si. Y seguramente también para pasar una noche agradable. No pongas esa cara, Evy. Almenos estás viva. Siempre hay que alegrarse por eso.

-Pero...él dijo que me queria...

-¿Te lo dijo explicitamente? ¿con esas palabras?

-Pues... -Evy se mordió el labio.- la verdad es que no.

-Bueno. La verdad, no creo que eso, estrictamente, sea mentir. Simplemente, esquiva la verdad. O eso pienso. Nunca he sabido como funciona su cabeza por dentro. Y creo que no me interesa. No hago caso de esas cosas terribles que cuentan sobre él, ¿sabes? Y tú deberías ignorarlas también. Prefiero pensar que es el cortés inquilino, con tan buen sentido del humor, con el que he compartido alguna borrachera, y nada más.

Evy se frotó los ojos y parpadeó varias veces.

-Pero esa imagen es falsa.

-Lo sé, niña, pero es una imagen con la que puedo dormir tranquilo por las noches, ¿entiendes?- Nolan dedicó de nuevo su atención a los vasos.

-¿No puede amar nada ni a nadie? Debe de sentirse muy triste.

-Pues no lo sé. Y no pienso preguntárselo. Mira, Evy, tú me pareces una buena chica. Eres espabilada cuando quieres, pero tienes muchos pájaros en la cabeza. Vas a tener que dejarles alzar el vuelo, porque no te voy a dejar barriendo eternamente, ¿entiendes? mi paciencia tiene un límite. En algún momento tendrás que perder tu miedo a los hombres. Ahora, de momento, sigue meneando la escoba.

La niña asintió. Asi que de eso se trataba. Seguir aprendiendo de lo bueno y de lo malo, y aprender a fingir y no quejarse por los golpes de la vida. Decidió que seria una lección que iba a tener muy en cuenta.


…….




El último guardia se derrumbó con un gorgoteo, sin que su mano llegara a aferrar el cuello cercenado antes de llegar al suelo. Su alabarda cayó atravesada encima de su brazo de mangas abullonadas, y el impacto provocó que se le empezara a sacudir el pie derecho espasmódicamente.

Gandino se arrodilló a su lado y le concedió la piedad con su fino estilete. El tileano murmuró una plegaria mientras escondia el arma y se levantó, radiante.

-Amico mío, si no te conociera, juraría que no has querido matarle con ese golpe, para que se estuviera desangrando horas y horas -dijo zumbón.

Morkay se encogió de hombros con aire aburrido, y fue a sentarse sobre la rueda de la carroza volcada.

-Buena espada esa que llevas, si señor-siguió Gandino.- No tiene nombre, ¿verdad? ¡Deberías ponerle uno!

-Sólo es un pedazo de acero bien afilado. No necesita nombre.

-¡Bah! Todas las buenas espadas lo necesitan, para que aquellos a los que despaches puedan decírselo al barquero, cuando lleguen al otro lado. Mira… a ti los estalianos te llaman Lacerador, asi que….veamos…¿que te parece… “Laceradora”?

-Escalofriantemente imaginativo. Pero creo que voy a rechazar la propuesta.

-¡Oh, venga!

-Se me ocurre uno mejor. Escucha bien: “Perdición de Tileanos”.

-¿Eh? Pero si tú a los tileanos…nunca les has…

-Hasta ahora- replicó el druchii, cerrando la mano sobre la empuñadura del draich.

El tileano pareció captar la indirecta, asi que sonrió con algo de tirantez y se concentró en saquear los cuerpos, mientras los otros rufianes que habían estado escuchando le imitaban.

Gandino rondaba la cuarentena, lucía una grasienta piel morena y una barba grisácea siempre recortada escrupulosamente. Su barriga, tan prominente que no parecía probable que pudiera verse los pies, era sin embargo dura como una roca, asi como sus miembros flacos y nervudos. Aunque siempre se cubría con un pañuelo negro, empezaba a quedarse calvo, pero seguía siendo uno de los espadachines humanos más mortíferos que Morkay jamás hubiera conocido.

Se lo habia encontrado tres años atrás, justo después de lograr despistar a los caballeros que le habian estado persiguiendo desde el norte de Estalia. En un páramo de los reinos fronterizos, un lugar muy cercano al que se encontraban ahora, con el mismo aspecto de bosque muerto, él y sus salteadores le sorprendieron, y, agotado como estaba, no tuvo otro remedio que dejarse robar. Pero, esa misma noche, se arrastró hasta su campamento y los mató a todos mientras dormian... excepto al escurridizo Gandino, que tenia el sueño ligero y despertó justo antes de ser degollado, y con el que mantuvo un prolongado duelo. Viendo la destreza del hombre, aprovechó una pausa de la lucha para proponerle que dejaran las cosas en tablas, con la condición de que algún dia formaran algún tipo de asociación. Gandino aceptó, y le dijo que mientras tanto, él mataria el tiempo reuniendo otra banda de ladrones para reanudar el trabajo, y que ya sabia cómo y dónde encontrarle. Se repartieron el botín acumulado, y cada uno siguió su camino.

Hacia seis días que se había repetido la misma situación de hacia tres años, y Gandino llevó la broma hasta el punto de exigirle de nuevo la bolsa a Morkay. Pero había algo en la actitud de Morkay que le hizo desistir cuando estuvo a punto de retarle a un duelo amistoso. Algo que le hizo temer seriamente por su vida, a pesar de tener a dieciséis avezados duelistas tileanos respaldándole.

Era la segunda carroza de nobles que caia en menos de una semana desde su asociación. La cosa iba realmente bien, mucho mejor de lo que hubieran podido imaginar. Gandino había cedido gustosamente el mando de la banda al druchii, y nadie puso objeciones.

Morkay se inclinó dentro de la ventana de la carreta y tiró del cadáver del noble, que yacía despatarrado sobre otras dos mujeres, agarrándole de la solapa de la chaqueta. Lo lanzó delante de él y empezó a rebuscar en sus bolsillos y sus dedos. Varios anillos cayeron al suelo tintineando. Entonces sus ojos se fijaron en la cadena de oro que atravesaba su cuello. Sintiendo un extraño desasosiego, la pasó por encima de su cabeza, forcejeando con el lazo que sujetaba el grasiento pelo negro, y sostuvo la cadena y el colgante en la mano. El símbolo tallado en el colgante hizo que se le cortara la respiración.


Gandino se le acercó, imprecando.

-¡Ah, menuda miseria, amico! Esta soldadela no tenia nada de valor. Y el fiambre tan bien vestido ese de ahí, tampoco. ¿Y dentro, había algo?- Morkay no respondió, y el tileano se acercó para ver que era lo que atraia tanto su atención.- Eh, ¿Qué llevas en la mano?

Morkay levantó la cadena para que la viera bien.

-¿Reconoces este símbolo?

-Oh…-el tileano abrió mucho los ojos verdes, con deleite-. Es muy bonito. ¿Es alguna lettera de los elfos?

Morkay dejó caer la mano y abrió ligeramente la boca. La ignorancia de la prole del Viejo Mundo lo exasperaba hasta el límite y lo dejaba sin palabras.

-No – masculló con rabia.- Es la runa de Slaanesh.

Gandino retrocedió como si le hubieran golpeado, consternado.

-¡Santa Shallya!-exclamó, y se santiguó atropelladamente.- ¡El Príncipe del Caos! ¡Entonces puede que estemos infectados de…! Debemos…quemar nuestras ropas…

-No, no hace falta.-dijo Morkay, en el tono más tranquilizador del que era capaz.- Yo diría que estaban iniciados en algún tipo de culto, pero el dios aún no les había recompensado o ungido con ningún regalo. Eran devotos sin importancia.

-Uf…bien, está bien. Oye, ¿como sabes tanto sobre el dios maldito? No me digas que tú también le rindes culto, porque…tendrás problemas conmigo…

-Yo me dedicaba a combatirlo. Es para lo que fui criado e instruido en el templo de la sangre.

-¡Ah! ¿Eras inquisidor, o algo parecido?

Morkay se encogió. Forzarse a recordar era doloroso, aunque al mismo tiempo le reconfortaba. Empezó a hablar a media voz, más para si mismo que para su iletrado oyente.

-Yo era una de las espadas ungidas de Khaine de la Pirámide Blanca de Har Ganeth. Mi deber era detectar signos de apostasía, dirigir las investigaciones para dar caza a los herejes y, sobretodo, hacer confesar a aquellos que atrapábamos sobre el paradero de sus cómplices. Yo era la espada implacable que pendía sobre el culto rebelde. Y asi fue durante muchos años, hasta que los blasfemos se alzaron en armas, y estalló la Guerra de Carne y Sangre, que inundó de violencia el país entero.

-¿Estuviste en una guerra? Nunca lo hubiera imaginado, amico. Aunque tienes mirada de soldado, je, ojos muertos; la he visto muchas veces, aunque ninguna tan profunda como la tuya. Por cierto, todos esos nombres no me…

Morkay siguió hablando como si el tileano no estuviera allí.

-La guerra duró casi un año. Fue la primera que veian mis ojos, pero me asignaron el mando de tres banderas de guerreros santos del templo, cuando acudimos a enfrentarnos a las fuerzas de Zendir Kahn, el Séptimo Ungido, en la primera de las grandes batallas. En la Batalla del Glaciar de Hierro obtuvimos una victoria gloriosa al superar los flancos de los devotos, y la reina bruja y su guardia de doncellas deshizo el centro del degenerado enemigo. Kahn huyó y nos pasamos meses hostigándole, persiguiéndole a través de las llanuras heladas, hasta que al final casi caimos en una trampa, cuando descubrimos a un ejército aliado de los herejes, compuesto por muchas tribus de humanos salvajes, avanzando hacia nuestra retaguardia.

“ Nuestro ejército logró escapar de las fauces de la artimaña, pero tuvo que dispersarse para ello, dividiéndose en desordenados destacamentos. Mi pequeño contigente y yo llegamos a Ghrond esquivando como pudimos a los perros salvajes, que ahora se habían convertido en perseguidores. Alli, tardé semanas en reunir fuerzas para contratacar, a las que tenia derecho como agente del templo, pues la propia ciudad también estaba en guerra. Pero las brujas ghrondianas no quisieron escucharme, ocupadas como estaban dirimiendo sus propios asuntos. Sin embargo, con mi insistencia logré llamar la atención de muchos nobles locales, decepcionados con el proceder del templo, que me prestaron su apoyo; en pocos días estuvo listo el ejército que me acompañaria de nuevo a la guerra.

“Pequeños wyrms volaron hasta nosotros con mensajes: la Reina Bruja y el seño Vraneth convocaban a sus vasallos para reclamar la venganza sobre el traidor Zendir Kahn.

“Y yo, con mi pequeño ejército auxiliar de caballería, regresé al Glaciar de Hierro y me uni a la batalla que llevaba en marcha desde hacia días. Lord Vraneth y la reina bruja y sus seguidores luchaban espalda contra espalda, con la tenacidad propia de los guerreros consagrados a Khaine, contra la masa vociferante de engendros que duplicaba su número.

"Otra fuerza compuesta por siete banderas de lanceros marchaba por el sur casi al mismo tiempo que la mia, y es gracias a esto que aplastamos las líneas enemigas como si fueran huevos podridos y derrotamos de nuevo al enemigo. Me sentí exultante, y la peligrosa embriaguez de la victoria me poseyó de tal modo que amenazaba con arrancarme la cordura. Sin embargo, cuando conseguimos organizarnos para la persecución del hereje, Vraneth ordenó regresar a la ciudad. La reina Morathi y el mismo Malekith, desde Naggarond, ordenaron detener toda acción hostil entre el pueblo naggarothii y el cese de la guerra. El país no podía permitirse seguir sangrando, con el enemigo de ultramar amenazando nuestras fronteras.

“Obedecimos. No nos quedó otro remedio, y el rey sabía ser persuasivo. Aunque nuestra decepción no conoció fondo, nos preparamos con estoicidad para volver al hogar y curar nuestras heridas. Los herejes regresaron a los cubiles en los que siempre se habian ocultado, y nos dispusimos para reanudar la guerra contra ellos con el antiguo secretismo.

“Pero…el destino me habia preparado un cruel bienvenida. Un gusano del templo, que siempre había estado celoso de mi posición, había preparado pruebas para acusarme falsamente de haber estado adorando a Slaanesh en secreto desde hacia años, obtuso como era yo en los conocimientos de la carne. Mi reputación era intachable, pero los ánimos estaban exaltados; e incluso hubo un juicio, que el gusano, llamado Elorag, perdió. El proceso se extendió varios días, pues había sido hábil con sus engaños, asi que, a pesar de fracasar y ser en consecuencia ejecutado, la sospecha permaneció flotando sobre mi, como un insecto malsano. No todas las pruebas habían podido ser refutadas, y Elorag tenia ciertos sicofantes y aliados entre los ancianos, gente que, pese a mis logros, nunca había sabido valorarme. Pienso que me despreciaban por mi naturaleza sin precedentes. Por ser algo que ellos no comprendían del todo, a pesar de ser yo, en muchos aspectos, inferior a ellos. Porque habia puesto en evidencia sus expectativas.

"No habia nada de que acusarme, y sin embargo, se me consideró culpable.

"A partir de aquel dia, muchas cosas cambiaron. Ya no se me confiaban muchos de los secretos y las tareas y se me relegaba a asuntos intrascendentes y denigrantes.

“Poseido por el odio y la impotencia, decidi marcharme. No soportaba sentirme injustamente acusado. No soportaba sus miradas, sus murmullos secretos. Nadie me cerró el paso cuando quise salir del templo, y eso me amargó aún más. Ellos, todos ellos, incluso los que aún me apoyaban, preferian que me fuera. Supongo que yo era la causa del enrarecimento y los constantes conflictos dentro de la sede del templo. Mi marcha constituia una posible vuelta al confortable orden habitual.

“Fui a Karond Kar. Me enrolé en la tripulación del Chacal Nocturno, y durante varios meses disfruté de mi nueva vida de pirata. O eso intenté, porque no era suficiente para mi. Los pasajeros placeres, las superficiales jaranas y los delirantes narcóticos... nada llenaba el vacío que sentía.

“En una de las incursiones a un pueblo insignificante del imperio humano, me adentré en la calles, perdí de vista a los otros y me limité a andar sin preocuparme de hacia dónde lo hacia. Decidí perderme en vuestro Viejo Mundo. No miré atrás.

Sus pensamientos vagaron a un momento aún más lejano en el tiempo, del que nunca hablaría con nadie. Se remontaron a aquella lejana Noche de la Muerte, el Saim-Hann, cuando las brujas de ojos dorados y leoninas melenas blancas echaron abajo las puertas de su humilde casa y exigieron a sus padres que les entregaran el niño recién nacido. Su madre salió con su lloriqueante hermano pequeño en brazos. Y cuando una de las brujas le arrebató el bebé de un tirón, el pequeño Morkay salió de debajo de la mesa, se encaramó a su espalda y hundió el tenedor por debajo de su barbilla, atravesando el cerebro de la maidb.

La guerrera del templo habia caído, y su hermano pequeño murió aplastado bajo su peso.

Dos de las brujas le tumbaron en el suelo y alzaron sus dagas, pero una tercera, mucha más anciana, les detuvo.

-No toquéis al niño, pequeñas necias. Miradle bien. Mirad sus ojos.

-¡Ojos plateados! ¡de plata blanca!

La anciana asintió.

-Ojos del color de una espada templada, de acero brillante. Este niño ha nacido con la bendición del Dios Asesino, hermanas.

-Santa madre, sus ojos son de plata, no de oro. Los ojos de los bendecidos por Khaine son de latón fundido.

-¿Osas contradecirme? Este color metálico no es natural, y este niño no es una abominación del Caos. Mirad con que facilidad mató a Jasari. ¡Con un utensilio para la comida!

Y, llevándolo de la mano, lo condujeron al templo, no sin antes cobrarse el tributo en unas cuantas casas marcadas. Aquel niño lo observó todo impertérrito. Más tarde, en el templo, cuando la carne de los sacrificios fue degustada y los aullidos de los festines resonaron en la larga noche, el niño no hizo preguntas, ni nadie se molestó en darle explicaciones. Sólo fue testigo de todo ello, rodeado por dos silenciosos y altos verdugos, que protegían su vida de la debacle reinante.

Matabrujas, le llamaron. Nadie le acusó del asesinato de una guerrera santa. Si la bruja había podido ser matada por un niño, es porque se lo merecia. Morkay el Matabrujas. El apodo de un joven acólito que, en principio, resultó decepcionante.

Todos esperaban mucho de él. Pero el maestro de asesinos movia la cabeza con disgusto.

-Es bueno con la espada, pero ni su destreza ni su velocidad están por encima de la media-decia.- ¿Estais seguras de que este niño está bendecido?

-Lo está- replicaba la reina bruja.- Aunque…quizás de un modo distinto a los demás.

Pero pasaron los años, el niño creció y la valoración del maestro no mejoró. Las brujas, decepcionadas, empezaron a instruirle para que se convirtiera en un mero asistente en sus rituales. Cuando aprendía los principios del tormento físico, su talento encontró al fin un foco en el que desarrollarse. Aprendió las directrices de la tortura pasmosamente rápido, y en aquellos cuerpos vivos que se le proporcionaba encontraba puntos y fuentes de dolor que las mismas brujas, excepto las más viejas, desconocían. Poseia un instinto innato para causar martirio de la mayor calidad, y su capacidad aumentaba exponencialmente año tras año, así como la complejidad de su arte. Ningún juguete era trivial en sus manos. Sus variopintos juegos sobre los esclavos resultaron ser uno de los entretenimientos favoritos de las guerreras santas, e incluso los severos verdugos se mostraban condescendientes y permisivos con él.

Sus habilidades, una vez alcanzaron su cénit, le permitieron ingresar en el circulo interior de agentes del templo, las cabezas pensantes del culto, antes de que finalizara su pubertad. Morkay el Matabrujas se convirtió en Morkay Ojos de Plata, azote de herejes y maestro del dolor.

En Har Ganeth, la Ciudad de la Muerte, él se convirtió en un Principe de la Muerte por méritos propios. Pero todo aquello se había perdido...¡para siempre!

En la guerra, su habilidad marcial no le hizo destacar por encima de nadie. Pero sabia que tras cuatro años de vagabundeos y solitarias luchas por su vida en el mundo humano, se había convertido en el gran guerrero que nunca pudo forjar el templo. Que irónico. Habia mejorado mucho con la espada, muchísimo, pero no sabia hasta qué punto, puesto que ninguno de los grandes rivales de antaño estaban a su alcance para corroborarlo.


Dejó de soñar despierto cuando una voz ronca con acento tileano le taladró el oído.

-Una buena historia, amico…- Gandino se había sentado con las piernas cruzadas en el camino, y todos los otros bribones se habían congregado a su alrededor, como niños ensimismados por un cuento.- Aunque creo que nunca conoceré los lugares de los que has hablado. Pero, dime…¿porqué me cuentas todo eso? Recuerdo que el otro dia te pregunté por tu tierra natal, y por poco no me clavas un cuchillo, por como me miraste. ¿Qué ha pasado para que de repente me haya vuelto digno de oirlo?

El druchii lo pensó unos instantes. Y dijo, con su voz sutilmente trasformada:

-Porque necesitaba recordar quién era yo.

Se incorporó de un salto mientras echaba mano a la empuñadura de cuero rojo, y Gandino reculó y alzó la espada, demasiado tarde.

Morkay levantó el draich, en cuya punta estaba ensartada la cabeza sangrante. El tileano suspiró, mirando con asco la cabeza empalada del noble.

El druchii miró embelesado a la cara muerta del cultista. Su sonrisa era de una total sinceridad.

-Y ahora ya lo sé. Ya sé quien soy.






FIN

"Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león garras sigue teniendo, y las mias son tan largas y afiladas mi señor, como las que vais exhibiendo..."

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9 años 11 meses antes #43250 por Glauka
Hay más??? :D Me ha gustado, sí, ya tenía ganas de leer algo más de él!! Ese Morkay recoge la esencia druchii muy bien...actúa según sus intereses sin importale nada ni nadie...lo dice muy bien Nolan :wink: pero para ser un exiliado verdugo de Har Ganeth se controla bastante entre humanos...aunque le inflingiera ese tortuante y mortal castigo al gordo noble del anterior relato :twisted:
Escribiras más no?? Aun quedan muchas incognitas!! :mrgreen: :twisted:
Saludos!!

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9 años 11 meses antes #43254 por Wilhelm
:D Tan bueno o mejor aún que el otro. Felicidades Denkil :wink:

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9 años 11 meses antes #43278 por Felehlz
Joer macho deleitanos con mas historias de morkay!! No dejes de escribirrrr. Es un gusto leerte ;)

Hacemos lo que nos sale de los huevos

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9 años 11 meses antes #43287 por nazgul
me encanta morkay
ojala nos sigas contando sus aventuras

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