^Volver arriba
Get Adobe Flash player

El último desafío (relato)

9 años 11 meses antes #47668 por Denkil
Pues motivado en parte por el nuevo libro y porque tengo una partida en ciernes me puse a escribir sobre algo nuevo, una sencilla batalla campal. Espero que os guste el primer capitulo (habrá como mucho 3)
:wink:



Capitulo 1

La puerta se abrió de golpe, sacándole definitivamente del sueño ligero en que se encontraba. Se incorporó en el camastro, perlado de sudor, con el pecho subiendo y bajando compulsivamente. Otra maldita noche de pesadillas, que por suerte se habia acostumbrado a olvidar rápido.

-Lamento mi brusquedad, mi señor - dijo el soldado, agitado.- Pero los exploradores acaban de regresar y su informe es de naturaleza urgente.

Vashagor se secó el sudor disimuladamente con las mantas, sin mirar al soldado.

-Habla.

Media hora más tarde, Vashagor esperaba de pie junto a la ventana, vestido únicamente con el jubón y sosteniendo una taza de vino caliente. Tras una queda llamada a la puerta, un druchii con armadura entró en la estancia e hizo una reverencia. Él se dio la vuelta y lo saludó con un cabeceo.

-¿Que deseais, mi señor?- inquirió el guerrero.

Vashagor apuró la taza y la dejó sobre la mesa.

-Moldyak, en menos de tres dias llegará a nuestras murallas un ejército de salvajes de la estepa. Está compuesto por almenos veinticinco mil guerreros. En su estandartes pintan manos azules de cuatro dedos...

-Los Lobos Azules, mi señor- dijo Moldyak al isntante.

-¿Estás seguro?

-Llevo viviendo en Tor Vagrin el suficiente tiempo como para conocer a todas las tribus existentes desde aqui hasta los desiertos helados del Nordeste. Mi señor - respondió el soldado sin inmutarse.

-Te creo - dijo sonriendo.- ¿En que inmundo dios depositan su fe?

-En el señor del cambio, Tchar.

-¿Es ese el nombre que ellos dan a Tzeencht?

-Asi es, mi señor. ¿Es relevante esta información? ¿acaso pensais negociar con ellos?

-¿Negociar? no, no habrá negociación. Pero nunca está de más conocer al enemigo.

-Estoy bastante de acuerdo.

Vashagor miró atentamente a Moldyak, frunciendo el ceño. Era probablemente la única alma en la que confiaba en todo aquel bastión. Además, siempre decia lo que pensaba y nunca lo que otros deseaban oir, lo cual en ciertas situaciones era inestimable. Se aclaró la garganta antes de seguir.

-Dime, Moldyak, ¿crees que me he convertido en un tullido indigno? ¿un inútil para la batalla?

-Estáis tullido, mi señor. Nada puede negar eso. Pero habeis demostrado mucho hasta la fecha, y los soldados os respetan. Si no hubierais perdido la mano nada deberia preocuparos, pero ahora vuestros hombres necesitarán alguna prueba de que pueden seguir confiando en vuestra capacidad.

Vashagor se sentó en la silla más cercana y suspiró, pasádose la mano por la cabeza de cabello apelmazado. La presión y los nervios atenazaban su garganta como desde no hacia mucho tiempo. Moldyak no se movió, esperando con paciencia.

-Todavia hay mucho que demostrar. Que todos los oficiales formen con sus tropas en el patio, Moldyak. Pasaré revista en dos horas.

-Si, mi señor.

-Y que los esclavos preparen los carros de aprovisionamiento. Viveres para almenos una semana de marcha, munición, máquinas de guerra...

Dos inhalaciones silenciosas.

-¿Mi señor?

-Si, Moldyak, vamos a partir. No esperaré en este agujero en ruinas a que esos cabezas pajizas nos atrapen aqui como ratas. Saldremos a su encuentro.

-Mi señor, esto no es un bastión ruinoso. Tor Vagrin se alza desde hace muchos milenios, siempre inexpugnable. Sólo una pequeña sección de la muralla sur está medio derruida, y la reconstrucción ya está en marcha desde hace más de un mes. Por otro lado...

-¿Qué? ¿que ellos vendrán por el Norte? Moldyak, esos bastardos poseen chamanes que pueden averiguar el lugar más favorable para atacarnos gracias a su brujería. Estoy seguro de que lo sabes. ¿Es que, antes que la de nadie, debo verme vejado con tu insubordinación?

-Mi señor, soy muy consciente de la capacidad de los salvajes - si el soldado se habia asustado, lo ocultaba magistralmente.- Pero aún contando con los desperfectos, la muralla es perfectamente defendible. Si me permitis decirlo... creo que esta decisión vuestra está únicamente motivada por la necesidad de desmentir los venideros rumores sobre vuestra...

-.¿..mi debilidad?. Adelante, dilo son ambages. Cuanto antes me haga a la idea, mejor. ¿Crees que perder una mano me ha convertido en un tonto pusilánime?

-No, mi señor. Sois vos el que pareceis temer que eso sea asi.

-Pero estarás de acuerdo en que los soldados acabarán asociándolo. Ellos no son como tú, Moldyak, carecen de tu prodigiosa lógica. Se dejan llevar por sus instintos, los instintos del soldado, que sólo sigue al más fuerte y agresivo.

Por primera vez, Moldyak pareció ligeramente abatido.

-Haciendo lo que proponeis tampoco demostrariais lo contrario.

-Podria ser. Algunos puede que se convenzan. Por otro lado, esperando aqui si que no convenceré a nadie. Ya basta, Moldyak. Haz lo que te he ordenado. No me gustaria tener que prescindir de ti.

El druchii se despidió con un ligero cabeceo y la mirada perdida, y cerró la puerta con suavidad.

Vashagor se metió en el barreño preparado por los esclavos y dejó que el agua tibia se llevara la somnolencia y el cansancio que aún pesaban sobre él.

Vestirse fue algo problemático con una sola mano, pero no iba a rebajarse a llamar a nadie para que le ayudara. Tuvo que apretujarse contra la pared para poder atarse las hebillas del peto, y al chocar su muñón accidentalmente contra la esquina de un mueble, se vio obligado a morderse el labio para no soltar un alarido. Una inmensa rabia cegadora comenzó a inundar su pecho, desplazando ligeramente la consciencia de su actual patetismo. La única razón por la que no redujo el mueble a astillas fue que aún le quedaba suficiente raciocinio como para saber que tenia que reservar las fuerzas que le quedaban.

Bajó de la torre con toda la dignidad de que fue capaz, sin ocultar el antebrazo mutilado. "No puedo mostrar miedo. Ellos deben verlo desde el principio. Ha habido otros generales y héroes tullidos en la historia, no soy el primero. Pero, ¿estaré a su altura?"

Cruzó los pasillos de la fortaleza sin bajar la mirada ante la mirada escrutadora de los centinelas. Al salir al patio, entornó ligeramente los ojos ante el sol de media tarde, que resplandecía en miles de brillantes armaduras. Habia pasado demasiados dias en la oscuridad.

Moldyak y dos comandantes de campo se acercaron desde la explanada, deteniendose a cinco espadas de distancia, como dictaba la costumbre.

-Mi señor, las tropas están dispuestas para vuestro examen.

Seguido por los tres druchii, Vashagor empezó a pasearse ante las filas de soldados con armadura negra y dorada, organizados en cuadrados perfectos. Al cabo de unos minutos, contó cuatro banderas de infanteria: ocho mil lanceros. Tres banderas de ballesteros. Condenadamente pocos. Cada vez se le hacia más dificil disimular su consternación.

-¿Que aspecto tengo?- le susurró a Moldyak.

-Estais un poco más pálido de lo acostumbrado, pero aparentais bastante vigor -respondió el comandante, en el mismo tono.

En el flanco derecho formaban los caballeros pretorianos. Dos banderas, pero una de ellas estaba constituida por su guardia personal, verdaderos veteranos en los que confiaba y con los que habia compartido más de una victoria gloriosa. Le dirigió una mirada de reojo a su oficial y viejo amigo, Resaris, pero este miraba al frente y no se la devolvió. Casi se sintió aliviado. Lo preocupante venia a continuación.

Se detuvo ante la falange de la Guardia Negra, que formaba en el extremo más alejado del patio.

-Lord Erecus -llamó a su campeón, que giró ligeramente la cabeza acorazada.- Me habian dado a entender que habiais regresado a Naggarond.

-Se nos ha asignado a esta torre, y aqui nos quedaremos.- Vangior se fijó en que Erecus se habia afilado los dientes en forma de colmillos, y tenia más de una cicatriz en la única parte visible de su cara, la barbilla. El hombre hablaba bajo y con voz sibilante, pero se hacia escuchar.- Fuimos relevados de nuestra tarea de protección por la misma hechicera, que regresó sola para atender asuntos privados.

Vashagor asintió, pensativo. Solo la Guardia Negra podia permitirse tal desaire. Habia llamado a Yrtha "la hechicera", sin dignarse a decir su nombre a pesar de su rango. Los pretorianos del Rey Brujo, que eran el pináculo de la marcialidad, no solian manifestar demasiado respeto por nada que no estuviera relacionado con el oficio de las armas. Era un desprecio bastante justificado.

-Lo lamento. Albergaba la esperanza de poder contar con las hechicerías de Yrtha en la batalla que se avecina. Tambien debo decir que contar con la presencia de la Guardia Negra no es poco alivio.

-No lo es, en efecto- dijo Erecus, sonriendo extrañamente. El campeón bajó la mirada hasta la extremidad mutilada de Vashagor.- Vuestro estado os permitirá luchar.

Vashagor intentó decidir si eso habia sido una pregunta, una afirmación o un comentario burlón. Los ojos de Erecus no reflejaban burla, ni una cruel alegria, ni nada en absoluto. Eran los ojos de un muerto, sin vida, tan fríos como los de un pescado. " Es como si estuviera muerto por dentro. Mi mutilación ni le alegra ni le entristece. Sólo quiere constatar un hecho." Vashagor sintió un escalofrio, y no era el primero que le causaba el capitán de la Guardia Negra.

-Asi es- replicó Vashagor, con una media sonrisa.- Siempre he sido hábil en el manejo de dos espadas, asi que me manejaré sin problemas con la izquierda. Y si me privan tambien de esta, siempre me quedan los dientes para desgarrar gargantas.

Erecus inclinó la cabeza, en un amago de reverencia, y apoyó su alabarda en el hombro. Eso debia equivaler a un gesto de aprobación.

Vashagor dejó salir su aliento. Habia pasado la prueba de fuego. El juicio de sus soldados podia haber sido duro, pero el de la Guardia Negra, que eran monstruosos incluso para los druchii, era decisivo. La ruda selección natural a la que eran sometidos y su sanguinario fanatismo les convertia en los soldados más temidos y respetados de aquella parte del mundo. Gozando de su aprobación, por extensión tambien tenia la del resto de sus tropas.

Se alejó, de regreso a la torre.

-Saldremos dentro de tres horas. ¿como va el aprovisionamiento?

-A buen ritmo -informó Moldyak.- Los carros y los animales de tiro ya están organizados para la partida. Sólo la munición escasea y están buscando virotes hasta en el último rincón.

-Nos apañaremos. Ahora iré a mis aposentos y escribiré tres cartas, una a Naggarond y dos para las torres más cercanas, exigiendo el regreso de Yrtha o la ayuda de algún otro hechicero. La necesitaremos, Moldyak.

-¿Les esperaremos?

-No, tendrán que alcanzarnos en el camino. Ve preparando tres dracos mensajeros, y después elige setenta esclavos sanos y con buen aspecto. Treinta de ellos serán ofrecidos a Ereth para que bendiga nuestra marcha, y otros cuarenta a Khaine para que dé fuerza a nuestras espadas.

-Asi será hecho.

Moldyak desapareció subiendo por unas escaleras en espiral, y Vashagor siguió su camino hacia sus habitaciones, con sus pasos aún poco coordinados tras la larga convalecencia. Dio gracias a los dioses del Inframundo de que no hubiera nadie más alli para presenciar su debilidad. Su distracción provocó que hiciera ademán de abrir la puerta con la mano derecha, y estuvo a punto de golpearse el muñón de nuevo. Ya nisiquiera sentía el dolor fantasma de la pérdida; donde antes hubiera una mano, ya no sentía nada.

Una hora antes de que el sol se pusiera, el ejercito ya estaba en orden de marcha. Habia atravesado el corazón de los setenta esclavos con precisión y quizás algo de más de brutalidad de la necesaria, tal vez debido a no estar acostumbrado a estocar con la izquierda. Bajo la atenta mirada de sus dieciocho mil guerreros, pronunció las frases ceremoniales con voz ronca, limpió su hoja y montó en su gran gélido de guerra, Tylach. Alzó la espada, y al frente sus caballeros pretorianos encabezó la marcha hacia el desierto, rodeado por el aullido de los cuernos.

No se le ocurria ninguna arenga apropiada. Tampoco creyó que fuera conveniente, porque sus guerreros tenian que pensar que aquella iba a ser una batalla de tantas, sin especial importancia. Que un tullido les conduciria a la victoria con tanta facilidad como lo haria el mismo Rey Brujo. Vashagor no podia permitirse que pensaran otra cosa.

"Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león garras sigue teniendo, y las mias son tan largas y afiladas mi señor, como las que vais exhibiendo..."

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 11 meses antes #47861 por Denkil
Capitulo 2


Dos dias más tarde, un campamento se habia alzado en el erial rojo de la zona conocida como Sa´ah Ginryr, el Desierto de la Locura.

Varias escuadras de jinetes partieron para reconocer el terreno, se alimentó con esclavos a las hambrientas bestias, y Vashagor comió a solas en su tienda de mando. La tensión acumulada y su condición de jinete de gélido le impedían saborar nada, pero dadas las circunstancias sentir comida caliente dentro ya era bastante satisfactorio. Al terminar se echó sobre su diván e intentó dormir un poco. Cuando estuvo a punto de conseguirlo, una especie de descarga eléctrica le atenazó el brazo y su espina dorsal, poniéndole en pie y en guardia de un salto. Desenvainó su espada, que seguia colgada a su costado, y esperó a que se produjera el ataque de algún hechicero oculto. No pasó nada, y varios minutos transcurrieron en silencio. Una sombra se agrandó al otro lado de la lona que cubria la entrada.

-Mi señor, Lady Yrtha pide veros.

Reconoció la voz de uno de sus guardias, y guardó el arma, gruñendo.

-La recibiré. Que pase.

La cortina de la entrada se hizo a un lado, e Yrtha entró en la tienda.

La mujer iba vestida con un caftán púrpura, la abierta túnica negra con runas blancas propia de su orden y un vasto manto de pieles de lobo que le cubria los pálidos hombros. El conjunto se ceñía a su voluptuosa figura y dejaba ambos muslos y casi todo el pecho izquierdo a la vista, asi que el manto no podia ser otra cosa que una afectación, más que una protección contra el frío. Su complejo tocado de trenzas enlazadas le tensaba el cuero cabelludo y resaltaba la frente y la mejilla tatuadas con tinta negra, dándole una apariencia mucho más exótica de lo común en una hechicera. Pero eran los ojos, del color rojo de la sangre -una mutación común entre las de su clase, causada por una larga exposición a las emanaciones de la magia tenebrosa- lo que le causaba mayor desazón. No hizo el menor asomo de reverencia, se limitó a exhibirse con su habitual gesto de poner los brazos en jarras mientras esperaba su saludo.

-Yrtha -la saludó con frialdad, arrellanándose en el asiento-. Me alegro de que te hayas dignado a regresar.

-Tu mandato, terrible, me obligaba a hacerlo -tenia una voz tan suave como antinatural, ronroneante.- Pero de todos modos esa era mi intención.

-Deben haber sido graves asuntos los que te obligaron a ausentarte.

Ella rió relamidamente.

-Y esos asuntos, Vashagor, te concernian tanto a ti como a mi.

-¿Que quieres decir?

-Sigueme, te lo mostraré -replicó ella, saliendo de la tienda.

Vashagor se reunió con ella en el exterior de la tienda, donde soplaba un viento asesino. Todas las banderolas que adornaban lo alto de las tiendas cercanas amanazaban con soltarse y salir volando.

-¿Y bien?- replicó el druchii, protegiéndose los ojos del polvo levantado por la tormenta de viento con la mano, que impedia ver nada a veinte pasos de distancia. Inmediantamente escuchó un rugido rasposo, aterradoramente cerca, que fue repetido simultaneamente cinco o seis veces. No se parecia al de ningún gelido. En respuesta, varios chillidos agudos taladraron sus orejas, acompañados por un rápido batir de alas.- ¿Que ha sido eso? ¿qué has traido contigo?

-Espera, antes arreglaré este impertinente clima - sacando un diminuto cuchillo de uno de sus bolsillos ocultos, Yrtha se hizo un pequeño corte en la palma de la mano. Cerró el puño y lo levantó en lo alto, gritando un mandato de tres silabas, cuyo eco se perdió en derredor. Inmediatamente, el viento cesó y el polvo cegador desapareció como empujado por una fuerza invisible.

Y Vashagor vio por fin lo que tenia delante.

Una gigantesca Hidra de piel gris como la ceniza se erguia, rabiosa como un demonio, justo delante de ellos, cercada por varios domadores de bestias karondkarianos que la azuzaban sin descanso con sus látigos y sus picas dentadas de acero. Los hombres silbaban y gruñian en un lenguaje desconocido, esforzándose porque el animal se tranquilizara y dejara de intentar escapar. Vashagor observaba fascinado la particular fisonomía y los movimientos serpentinos de la Hidra. Era la primera vez que veia una tan de cerca, de hecho, nunca habia visto un monstruo terrestre tan grande, exceptuando los grandes mamuts de los bárbaros de la estepa. Durante toda su vida de soldado de frontera, habia luchado sólo junto a soldados y gélidos, usando como apoyo únicamente lanzadores de virotes.

A poca distancia vio una muchedumbre de criaturas del tamaño de un druchii, de piel azul pálido y alas membranosas, retrepándose sobre una formación de piedra anaranjada, graznando y olisqueando. "Arpias. Las damas de la condenación." Para estar tan lejos de su hábitat común, se las veia muy cómodas, como pacientes carroñeros del desierto que esperan a que su presa agonice para devorarla.

-Les va a costar aplacar a la Hidra -comentó Yrtha, pasándose la mano herida por el talle.- A estas bestias no les gusta demasiado el toque de la magia oscura, sobretodo si usas sobre ellas un teletransporte de tan costosa invocación. Viajar a través del reino del Caos la ha perturbado mucho, como si la hubieran obligado a nacer por segunda vez. Las hijas de los acantilados no han tenido este problema, poseen un temple más parecido al nuestro.

Vashagor se esforzó en no pensar en el significado de las últimas frases.

-¿Has usado una puerta dimensional? Sentí un estremecimiento hace unos instantes, antes de que llegaras. Veo que no fue cosa de estre lugar maldito. Y apuesto a que traer a esas bestias no ha sido precisamente barato.

-En absoluto, Vashagor. Sin embargo, algunos señores de Karond Kar estaban endeudados conmigo, asi que me propusieron un razonable descuento. Siendo mi ciudad natal, sé sobradamente el modo de tratar con ellos. Me tomé la libertad de tomar del oro y los recursos de la torre para disponer el pago y el hechizo que me traeria de vuelta, mientras tú te hallabas...indispuesto.

-Te lo agradezco. Sin embargo, no puedo hacer lo mismo respecto al hecho de que no me avisaras de la amenaza con la que ahora nos las vamos a ver cuando supiste de ella gracias a tus augurios, mucho antes de que los exploradores la detectaran, y siendo el motivo por el que ahora sé que hiciste este viaje.

Yrtha le quitó importancia a su tono severo con una sonrisa.

-¿Realmente era preciso, querido señor? alertar a los soldados de una amenaza advertida con unas artes que no comprenden y en las que no confian...Ese Erecus, ese asesino enfermizo... no me gusta como me mira, Vashagor. Y si, en ausencia de tu regio mando, hubiera intentado desacreditarme delante de todos, ¿que hubiera sido de mi prestigio? además, como ya dije, quizá al recibir tales nuevas, tu ya deteriorado estado habria empeorado.

-Basta- la cortó Vashagor. - Acepto tus explicaciones, pero en el futuro no te tomes tantas libertades. De ahora en adelante, querida, procuraré que mi estado sea siempre óptimo para que no te veas obligada a escurrirte entre mis dedos como una culebra- sin esperar a su respuesta, se encaminó de nuevo a su tienda. Le dio las últimas ordenes sin mirarla.- En una hora, acude a mi tienda. Los exploradores ya deberán haber regresado para entonces, les escucharemos y celebraremos consejo de guerra con los otros oficiales.

Los jinetes regresaron en la mitad de ese tiempo. Vashagor les escuchó a solas, y cuando entraron Yrtha y los otros oficiales, junto a otra hechicera que el general druchii no conocía, el lider de los rastreadores volvió a repetir el informe a todos los presentes.

Los jinetes habian calculado que la fuerza enemiga se componia por cerca de treinta mil guerreros. Dos tercios eran bárbaros desharrapados que formaban en bloques dispersos, y entre ellos marchaban grandes manadas de mastines salvajes del desierto, aullando a la par que repicaban los tambores. En los flancos trotaban varios centenares de jinetes con yelmos astados de bronce en percherones de cuyos costillares colgaban pieles de hombres, y el centro estaba compuesto por aparatosos pero robustos carros tirados por corceles de recia constitución, iguales a las monturas acorazadas de la gran unidad de caballeros blindados que avanzaban rodeados por los aurigas. Entre toda aquella muchedumbre también habian vislumbrado bestias de formas indefinibles, porque al fijar la vista sobre ellas se volvian borrosas. Tambien habian advertido una forma en el cielo, que volaba a la par que el centro del ejército, y que no sólo causaba el mismo efecto, sino que también provocaba un doloroso escozor en aquellos ojos que se posaban sobre ella.

-Un demonio -intervino Yrtha en este punto, haciendo callar al perplejo explorador.- Uno poderoso, si este efecto que describes es verdadero. Si no marcha junto al grueso del ejercito, es porque debe ser el lider. La arrogancia de esos seres les obliga a no mezclarse con los esclavos mortales que moririan a su servicio.

El jinete siguió hablando sin más interrupciones, especificando el tamaño de cada una de sus divisiones, y señalando sobre el pueril mapa el tipo de terreno por el que se movian y lo que tardarian en estar lo bastante cerca como para atacarles.

Mientras tanto, Vashagor, que ya estaba al corriente de todo ello, aprovechó para mirar atentamente a sus oficiales, esperando ver como encajaban la información. Moldyak no parecia en absoluto preocupado, como de costumbre, y representaba mentalmente el escenario de batalla con los brazos cruzados. En cuanto a Taharic, campeón de los Manticoras Rojas, su división principal de lanceros, rechinaba los dientes con cada nueva conclusión sacada por el rastreador. Era un guerrero ardiente, pero poco dotado de paciencia.

Resaris, el caballero, - que superaba en altura a todos los demás, incluyéndole a él- se rascaba la barbilla con su guantelete dorado, quizá debatiendose entre decir algo de utilidad o conservar su habitual reserva, algo que según él, lo hacia irresistiblemente atractivo. No dejó de advertir las intencionadas miradas que le echaba a Yrtha y a su desconocida compañera, que ésta debia haberse traido desde la ciudad corsaria. Era una druchii considerablemente más joven y de menor estatura que Yrtha, con una larga cabellera roja sujeta por una diadema negra, y los mismos ojos carmesíes que la hechicera más mayor. Su indumentaria era más sencilla que la de la otra, pero muy parecida, y menos provocativa. "¿Que tenemos aqui, una novicia que ha venido a practicar su arte en una de las peores batallas que he tenido que librar? debes estar de broma, Yrtha." Las hechiceras, por su parte, no correspondian las atenciones del caballero. Yrtha tenia los ojos cerrados , y la otra, que parecia intimidada, miraba fijamente el mapa y procuraba no alzar al vista hacia Erecus, cuyos ojos sin fondo e inmisericordes no dejaban de acuchillarla. De no causarle tanto miedo, a Vashagor le hubiera gustado saber que era lo que le estaba pasando por la cabeza al señor de la Guardia Negra. El restro de su rostro era tan pétreo como siempre, aunque Vashagor sabia que estaba atento a todo.

Al lado del campeón pretoriano, un druchii tatuado y vestido con pieles desolladas no se perdia detalle de los gestos del explorador y asentía a cada palabra. Era D´langh Uirch, portavoz de los Escorpiones de Piedra, un antiguo clan de guerreros sombra. Vashagor lo conocia desde hacia muchos años y confiaba plenamente en él, tanto por su lucidez y eficacia, como por su falta de ambición y sencilla filosofía de vida. Si no se tratara de un espiritu libre y estuviera fuera de su alcance, lo habria convertido en uno de sus guardias personales.

Por último, al fondo de la mesa, casi oculto por las cortinas, estaba uno de los karondkarianos que habian venido con las hechiceras y la Hidra. No se habia presentado y no hacia ningún caso a lo que se decia, dedicándose a inspeccionar los desperfectos de su capa escamosa. Iba enteramente vestido con pieles de dragón y se sujetaba la larga trenza negra con colmillos de gélido. Las orejas, nariz y cara tenian pocos trozos de carne libres de anillos de oro o pequeñas garras y colmillos atravesándola. Su expresión indiferente y altanera, teniendo en cuenta el entorno en que se hallaba, lo catalogaban irrevocablemente como un profundo cretino. Le divirtió la idea de que tal vez los adornos faciales que lucia no le permitian componer otro gesto.

El jinete, Blinngar, terminó su informe, y Vashagor se levantó de la silla y tomó aliento para dictar las ordenes y asignar posiciones.


-Presentaremos este despliegue. Taharic y sus bravos guerreros soportarán el embite en el flanco derecho, junto a Erecus y su falange, que se situará en el centro. D´langh, hay una hondonada tras una alta formación de rocas al este, según Blinngar; quiero que tú y tus guerreros os oculteis alli e intervengais cuando lo creais necesario. Yo avanzaré por el flanco izquierdo junto a Resaris y los caballeros pretorianos, y tú, Moldyak, junto a tu falange de carros, guardarás nuestro flanco más débil. Vos, karondkariano...

El aludido lo miró, sin molestarse de nuevo en decir su nombre. "Maldito estúpido. Lo que él quiera, le trataré como si no fuera nadie."

-...situaos a la izquierda de Moldyak. Vuestro monstruo les persuadirá de intentar inutilizar nuestras máquinas colándose por nuestro flanco menos maniobrable. Cuando hayamos trabado combate, arrojadla sobre sus guerreros. He oido que el aliento de una Hidra puede derretir el hielo del Inframundo; mañana me gustaria ver una demostración de ello. A esos engendros alados enviadlos a por su caballeria menos protegida, sea cual sea el flanco por el que ataquen. Y luchad vos también, no importa si morís. Hablad si me habeis entendido.

-Se hará como decis, sire -el domador hizo una reverencia, pero Vashagor no sintió más simpatía hacia él.

-Blinngar, tus jinetes se adelantarán por el flanco izquierdo, sobrepasando al monstruo de Karond Kar. Eliminad a esas molestas manadas de perros de la estepa con vuestras flechas y acosad a los salvajes por la retaguardia -el jinete inclinó la cabeza y se tocó el pecho. Vashagor señaló una marca del mapa con el muñón de la derecha, demasiado enérgicamente para poder corregir el gesto sin ponerse en evidencia, y vio por el rabillo del ojo como el domador de bestias sonreia burlonamente. "Te veré muerto, perro."- Los lanzavirotes y los ballesteros se situarán en esta loma. Taharic, tú les darás esas órdenes.

"Todo claro, entonces. Descansad cuerpo y mente, y que los Cytharai nos acompañen mañana.

Todos fueron saliendo en silencio, y Vashagor fue hacia el diván para tumbarse de nuevo. Todo lo que le diera tiempo a descansar seria poco. Al alzar la vista, vio que Yrtha y la otra acólita todavia seguian alli.

-¿Que ocurre? ¿acaso esperais que os indique tambien los hechizos que debeis usar?-les dijo, sonriendo-. He terminado, marchaos.

-No, debia hablar contigo sobre otro asunto. A solas.

Hacia tiempo que no veia a Yrtha tan...aparentemente preocupada. Se incorporó.

-¿A solas? entonces, esa novicia de ahi es tan insignificante como el domador de bestias sin nombre, imagino.

La hechicera más baja se adelantó entonces y compuso una bella reverencia, barriendo el suelo con las puntas rojas de cabello.

-Mi nombre es Adzili, terrible. Y, pese a la impresión que os haya podido dar, no soy ninguna novicia.

-Es una vieja amiga mia -añadió Yrtha.- Vino conmigo desde Karond Kar, donde pasaba por una dificil situación debido a ciertas desavenencias con el convento. Aceptó venir conmigo en consideración a nuestra antigua relación, y su aspecto tan poco sofisticado se debe a su desdén por la opulencia a la que tanta devoción yo profeso, hecho que no ha interferido en esta amistad.

-Santa Madre Oscura. Debe haber sido un portal condenadamente grande. Espero no encontrar vacías las arcas cuando regresemos a la torre- bromeó el druchii.

-Si regresamos-Yrtha no sonreia.

-Por Ereth, veo que este es un asunto serio. Adelante, no me tengas en la intriga.

-Vamos a mi tienda, entonces. Lo que quiero decirte está relacionado con el demonio que los exploradores no pudieron ver...y con tu mano perdida.

"Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león garras sigue teniendo, y las mias son tan largas y afiladas mi señor, como las que vais exhibiendo..."

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 11 meses antes #47947 por Felehlz
Estoy desenado leer el desenlace!! Ojala no le uqede mucho...

Hacemos lo que nos sale de los huevos

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 11 meses antes #48021 por Velveris
Curradisimo como siempre, Denkil.

Gracias por estos magnificos relatos. :wink:

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 10 meses antes #48635 por Denkil
;))


Pues ahi va el tercer capitulo y penúltimo, que el último está al caer. ;)


Capitulo 3


De camino a la tienda de la hechicera, los pensamientos de Vashagor se remontaban una y otra vez a los terribles recuerdos que habia tratado de olvidar, y revivia continuamente en sueños casi todas las noches. Las asfixiantes cadenas que laceraban la piel, sangre seca sellándole el párpado, el aliento agrio del hombre barbudo inclinado sobre él, con sus dientes rotos, amarillos, el grueso brazo alzándose y el brillo del hacha, un mar de angustia y sufrimiento y luego, la oscuridad. La mención a su mano habia hecho que todo el dolor soterrado saliera a la superficie.

Apretó los dientes intentando mantener la conciencia en el presente hasta llegar a la tienda de la hechicera, que habia sido plantada cerca de los lujosos pabellones de los caballeros. Era una carpa discreta, completamente negra y de baja altura, pero más ancha que la mayoria.

Vashagor siguió a las dos mujeres al interior, y al entrar se sintió apabullado por los olores y sensaciones. Perfumes indistinguibles, inciensos y el familiar hedor dulzón de la brujería, asi como la tensión eléctrica que sentia en la espalda."Hechicería." Nunca se acostumbraría.

No era la primera vez que estaba en la tienda de Yrtha, pero aquella vez olia distinto, se sentía distinta, como si hacia poco la cantidad de energia arcana contenida alli normalmente se hubiera multiplicado. El residuo mágico, cuyas volutas blancuzcas aún se podian distinguir en el aire se filtraba entre sus ropas y se adhería viscosamente a la armadura. Miró a la hechicera con dureza.

-Me hago cargo de lo que un profano como tú debe estar experimentando en un lugar como éste, y lo lamento -se excusó ella.-. Esa sensación desaparecerá enseguida.

-Habla de una vez y deja que me vaya...por favor.

Yrtha le hizo un gesto con la mano y avanzó por la tienda seguida por Adzilli, apartando varios cortinajes negros, hasta que llegó a su compartimento más privado, que era el central y el más pequeño. Al entrar, Vashagor vió un pedestal de mármol negro y sobre éste una vasija de bronce de buen tamaño, dispuesta sobre un soporte de tres patas y llena de un liquido que parecia sangre hasta los bordes. Por lo demás, el compartimento estaba inquietantemente vacio.

-Adivinación -murmuró él. Ahora comprendia. La bruja habia estado jugando con sus espiritus demoniacos hacia poco y el eco de su horrorosa presencia aún no habia abandonado el perímetro.

-Exacto. He estando indagando con ayuda de mis oráculos justo antes de que me hicieras acudir a la reunión de oficiales. Permiteme enseñarte lo que vi.

Yrtha se acercó a la vasija, que quedaba a la altura de sus pechos, y extendió la palma de su mano por encima. Adzilli se mantenia tres o cuatro pasos apartada de ella, y mantenia cruzadas las delgadas manos sobre su vientre con reserva.

La hechicera mayor empezó a salmodiar palabras arcanas, y la sangre de la vasija cambió de color, primero a negro, después verde jade y púrpura brillante, para después volver a cambiar a un rojo anaranjado y suave. Al acercarse, el druchii vio que no era el color del liquido, sino los de la escena que reflejaba. Era un cielo crepuscular perlado de nubes oscuras, y justo cuando Vashagor iba a preguntarle a la hechicera, una sombra oscura cubrió la totalidad de la vasija.

Vashagor contuvo un grito ante la aparición.

Era un ser monstruoso, con un cuerpo parecido al de un druchii pero más robusto, de piel escamosa y azul, extremidades parecidas a las de un ave y un rostro casi totalmente ocupado por unas inmensas fauces con varias hileras de dientes aguzados. En la mitad de su alargada frente plana tenia incrustado un gran rubí de color rosáceo, o quizá se tratara de su globo ocular. Y a su alrededor flotaba una espesa melena de pelo azul chillón, alborotada por el batir de unas inmensas alas de plumas blancas. La bestia miraba hacia abajo, o eso parecia, y sonreia horrorosamente.

-Es Hadurk, el Forjador de Penas. El señor demonio que no pudieron ver los exploradores -incluso la hechicera se apartó un paso de la vasija, cautelosa.

-Una auténtica belleza –comentó el druchii, torciendo el gesto.- ¿Y como es que podemos contemplarlo aquí?

-Porque las ilusiones de Tzeentch sólo nublan la visión de los ojos mortales, aún la de aquellos a cuyos ojos nada suele escapar, como Blinngar y los suyos. He necesitado la ayuda de varios espiritus del Inframundo para poder establecer esta conexión. Ahora vemos a Hadurk a través de los ojos de uno de ellos, no quieras saber cual. Este demonio es el lider espiritual y guerrero de los Lobos Azules, y tambien de otras tribus menores que estos esclavizaron hace tiempo.

-Excelente. He visto el rostro del general del ejercito enemigo, algo sin lo cual podia haber dormido mejor esta noche. Asi pues, ¿porqué he tenido que hacerlo?

-Porque no puedes permitirte olvidarlo, terrible señor. ¿Recuerdas al hombre que te cercenó la mano?

-Me es dificil olvidarlo -respondió él, tragando saliva.-. Kôs Garazul.

-Bien, pues Garazul era siervo de este demonio. Vino con sus cazadores hasta las inmediaciones de la torre con órdenes de atraparte y arrastrarte hasta su amo, y gracias a la soberbia disciplina y celo de tus soldados esos planes pudieron ser frustrados.

-No del todo- dijo el druchii, cogiéndose el antebrazo del muñón con la mano izquierda. Aquel dia habia salido junto a unos jinetes con la perspectiva de dar caza por diversión a una partida de bárbaros avistada que se la creia extraviada; pero al final ellos resultaron ser las presas. Los salvajes sabian exactamente cuantos eran y por donde se movian: sus huellas mostraban una falsa desorientación y les condujeron a una terrible trampa en la depresión de un valle rocoso. Los jinetes fueron aniquilados, los caballos destripados y él atado a un poste y sometido a una tosca pero igualmente terrible tortura.

Pero no contaban con la presencia del formidable D´Langh de los Escorpiones de Piedra. Dos dias mas tarde del ataque, extrañado por no recibir ninguna notica de su amigo Vashagor, el sombra decidió investigar el rastro de su partida. El explorador supo ver el engaño a través de las huellas falsas y condujo sin fallo a sus guerreros sombra hasta la guarida de los salvajes, donde Vashagor languidecía. La resistencia de los bárbaros fue menos que anecdótica. La mayoria cayeron súbitamente acribillados por inesperados virotes, y el resto fueron despedazados con rapidez por las grandes espadas de los guerreros de D´Langh, que saltaron vociferantes desde las rocas. Él mismo partió por la mitad con su draich a Garazul, su torturador, el que le habia cercenado la mano, cuando este alzaba el hacha manchada de sangre seca para golpear.

D´Langh Uirch cargó con él hasta la torre, con la herida ya infectada rezumando pus sobre su manto negro. Tras la fiebre y el delirio, logró salvarse gracias al quirujano Lendec y a las atenciones de Yrtha. Ya hacia dos semanas de aquello, y Vashagor llevaba con igual pesar las heridas sufridas en su cuerpo y en su orgullo.

Yrtha sonrió con suavidad ante el comentario.

-El daño hecho puede ser reparado, mi señor. Pero antes déjame que te explique las motivaciones de Hadurk. Este demonio tiene un gran poder de clarividencia, uno de los mayores entre los de su especie. Como me han informado ciertos espiritus que él también consultó para dar contigo, hace relativamente poco predijo …que tú serias la causa de su caida. Por eso le urgía acabar contigo, y envió a ese lamentable esbirro, Garazul. Pese a su poder no se atrevia a acercarse a ti, puesto que no supo ver con exatitud cuando y cómo ese destino tendria lugar.

-Pero, siendo una predicción, ¿no resulta inevitable que se produzcan los hechos?

-No del todo. Para los demonios y para los brujos la videncia funciona de este modo. Sólo ven uno de los muchos futuros posibles, algunas veces el más terrible para ellos, otras uno cuya participación es secundaria. Pero actuando para evitarlo, ya cortan esa posibilidad por nimia o trascendental que sea, de raiz. También cabe la posibilidad de que, aunque no hagan nada, lo que han visto no ocurra jamás y la corriente del destino se bifurque por razones desconocidas. Sin embargo, ¿por qué correr el riesgo?

Vasdhagor se tomó un minuto para considerar todo aquello.

-Comprendo. Sin embargo, ahora Hadurk se arriesga a venir a por mi en persona, respaldado por la totalidad de sus esclavos. Se sabe en peligro, pero al mismo tiempo se siente seguro detrás de su ejército.

-Exactamente.

-¿Y que tiene esto que ver con mi lisiadura?

-Todo. La corriente del destino os ha unido a Hadurk y a ti, vuestras almas están atrapadas en el mismo torbellino de acontecimientos. Su sangre será vital para él y la suya, para ti. Os afectará irremediablemente. Con tu sangre, él salvará su cuerpo material, y tú, con la suya…podrás hacer con el tuyo cuanto desees.

-Eso no tiene sentido.

-No, mi señor, tiene todo el sentido -intervino Adzilli.- La sangre de un demonio tiene cientos de propiedades. Al tomarla te transforma, puede convertirte en un horroroso engendro, pero la energia disforme que contiene tambien puede ayudarte a mutar tu cuerpo positivamente, a mejorarlo, y a…regenerarlo. Por lo general es dificil adivinar que ocurrirá si se hace, pero en este caso en concreto, con este demonio del Caos condicionado a tu deseo y voluntad, es casi seguro que lo que hará es fortalecerte.

-Casi seguro. No me gusta dejar nada al azar. Además ¿me ofreceis recuperar mi propia mano, o tendré que llevar adherida la asquerosa zarpa de un demonio? Eso seria inaceptable, en esas condiciones los soldados me matarán en cuanto me vean.

-Recuperarás tu mano, Vashagor, pero no te puedo garantizar que será fácil. Esto es lo que deberás hacer. En la batalla, desafía al demonio a un combate singular. Incluso siendo un dios para ellas, no querrá quedar como un cobarde delante de sus tropas. Lucha con todas tus fuerzas y las energias del destino que os han conducido hasta aquí te ayudarán a vencerle. Cuando caiga, bebe la sangre de sus heridas antes de que su cuerpo regrese a la oscuridad, y concentrate en canalizar la energía de la que te verás invadido hacia tu brazo derecho. Eres poderoso de voluntad, estoy segura de que sabrás como hacerlo. A continuación, dale forma mentalmente a esa energía, la forma que recuerdas de la parte de tu cuerpo que perdiste.

-¿Y ya está? ¿Volverá a crecerme una mano?

-Crecer no sería la palabra que yo usaria. Pero si, serás como antes.

Vashagor miró a su alrededor, suspirando y lamentando no tener un asiento al alcance. Se llevó los dedos a la frente, luchando por aclararse. Al final miró a las hechiceras, decidido.

-Está bien, Seguiré vuestro plan. No me cabe duda de que, salga bien o mal, aprendereis mucho de esto.

-Nuestro deber es serviros, señor- respondió Adzilli, con una reverencia.

-Asi es, Adzilli. Pero mientras que Yrtha está obligada por el mandato del drachau, tú decides hacerlo voluntariamente. Dime, ¿qué fue eso tan terrible que te obligó a exiliarte de tu ciudad? ¿ quizá tu curiosidad te llevó a adentrarte demasiado en los impíos senderos del Caos?

-Yo…-la bruja de pelo rojo vaciló- me resulta duro hablar de ello, mi señor. Disculpadme. Quizás en otro momento.


-Cuando desees. Pero si se trata de una historia larga, mejor que no sea hoy. Me marcho a mi tienda ; necesitaré como minimo dos dias más de sueño para no caerme de la silla en la batalla, y nos queda menos de uno – antes de apartar la cortina para salir, las miró sonriente y con aire cansado.- ¿Sabeis..? Si Hadurk hubiera decidido consultarme después de hacer sus augurios, yo habria estado encantado de firmar algún tratado de no agresión con él, con tal de no ver nunca su feo rostro y conservar la mano. Pero decidió comportarse estúpidamente, como el demonio que es. Ahora, ya es demasiado tarde para él…y quizás tambien para mi.




…….





Todo estaba dispuesto. Vashagor cerró los ojos y dejó que la cacofonia de sonidos fluyera dentro y a través de él.

A su derecha: toda la infanteria, trece mil elfos oscuros que entonaban a una sola voz un antiguo himno de batalla en loa a Khaine. Lanzas golpeando escudos, cotas de malla tintineando.

A su izquierda: el estruendo de la falange de carros de Moldyak Tvim de Clar Karond, tirados por los poderosos nauglirs de crianza. Ruedas aplastando piedras sueltas y lanzas silbando contra el viento del amanecer. Los bramidos de los depredadores y el de uno aún mayor; la inmensa hidra de guerra, que chirriaba por sus cinco cabezas como maldiciendo al mundo por haberla dejado nacer. Batir de alas, silbidos…las crueles arpias, las hijas rencorosas del mar.

A su alrededor: gruñidos de los gélidos de caza, aliento ahogado dentro de los yelmos, repicar de metal contra metal, la coraza de las monturas y la de los jinetes, que apoyan las lanzas de caballería sobre los escudos oblongos, tocan los amuletos familiares con superstición. Sus bromas, sus risas, sus puyas. Su miedo. El miedo no siempre se oye, pero se huele, y siempre huele igual. Alguien se ajusta las correas del yelmo con mucha fuerza, el áspero raspar del cuero.

-Mi señor, ahí están.

La voz de Resaris, el noble caballero.

Abre los ojos.

Delante suyo: miles y miles de hombres de la estepa, bárbaros con la fiebre de la guerra grabada en los rostros cuadrados. Pieles de lobo, yelmos astados, hachas y espadas de fiero y basto filo. Unos van a pie, otros en máquinas rodantes, otros a caballo, los pocos de ellos son una horrible montaña de carne y acero, y el aire alrededor de ellos tremola debido a la corrupción que exhalan. Marchan a paso medido, arrogante, sin prisa. Tres decenas de miles, por lo menos. Y la visión de los mastines es casi tan horrorosa como la imposibilidad de distinguir su número, y también a unos de otros.

Demasiados, son demasiados…Blinngar se equivocó. “No tendré oportunidad de hacerle pagar por ello, pero nos llevaremos al Inframundo a todos los que podamos”.


Una fuerte palpitación en el brazo derecho, donde va enlazado fuertemente el escudo, tanto que este estaba levemente dormido. Justo en el extremo, donde antes hubo una mano. El dolor fue en aumento y apretó los dientes para anularlo. El dolor le dijo que mirara hacia arriba, y una llameante estrella azul que flotaba sobre sus cabezas le obligó a entrecerrar los ojos. Hadurk.

La mano izquierda se cerró temblorosa sobre la espada, la sacó de la vaina y apuntó con ella hacia adelante. Tylach se agitó y rugió, sacudiéndolo peligrosamente sobre la silla. La manada de cazadores se alteró y rugió siguiendo la voz del gélido mayor. Los caballeros picaron espuelas, la exaltación, la adrenalina y la sed de gloria amenazando con desbordarles.

Cuernos delante, a su derecha, en todas partes. El conjunto es confuso, pero la orden es simple. A la carga.

"Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león garras sigue teniendo, y las mias son tan largas y afiladas mi señor, como las que vais exhibiendo..."

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 10 meses antes #49404 por Denkil
Y aqui viene el final :D



Capitulo 4



Las innumerables filas del enemigo se perfilaban más a cada metro recorrido en el trotar de los gélidos. Los anchos flancos de su bestia, Tylach, un líder de manada nato, subían y bajaban a cada zancada. Y sus mandíbulas batientes, ansiosas de cerrarse sobre la blanda carne tensaban las riendas atadas a la silla, haciendo que se bamboleara levemente. Su largo cabello gris flotaba azotado por el hiriente viento de Sa´ah Ginryr. Pronto todas esas sensaciones pasaron a un segundo plano, cuando el tenso zumbido que precedía a la violencia llenó su cabeza casi por completo.

Se oyó a si mismo ordenar la carga contra la masa de bárbaros a pie, tatuados de azul de los pies a la cabeza. Se oyó rugir de forma inhumana, poseído por la cólera de la guerra. Puso la lanza en posición horizontal y la larga fila de pretorianos le imitó con un grito al unísono. A pocos metros ya de su objetivo, vio como estos, sorprendidos por el flanco, se daban prisa por girar para plantarles cara de frente. Distinguía con claridad sus hoscas y rugientes caras, su locura y su desesperación, los escudos redondos de los que colgaban pieles y cráneos disecados.

Su lanza y la de sus caballeros se estamparon contra ellos, la mayoría rompiéndose, pero todas ensartando a varios Lobos Azules en la embestida. Los nauglir rugian felices y se daban un festín con los humanos, que poco podían hacer para protegerse de las fauces y las zarpas de los depredadores. En la carnicería, los guerreros de la estepa que no estaban siendo destrozados se mantenían firmes y contraatacaban como podían, pero sus sables y hachas rebotaban contra los duros flancos de los gélidos y las piernas acorazadas de los druchii.

Vashagor, con su gruesa armadura, no tenía que hacer un gran esfuerzo para protegerse, pero cada vez que un golpe era detenido con su escudo sentía un dolor insoportable en el muñón. Tiró de las riendas para hacer pivotar a Tylach hacia la derecha, y asi mostrarles solo el lado izquierdo a sus enemigos. Servirse únicamente de la espada para detener los golpes era más arriesgado, pero le pareció preferible correr tal peligro.

Entre las filas apretadas de los Lobos azules, un hombre enorme con un gran casco cornudo y barba rubia avanzó, apartando a empujones a sus compañeros.

-¡Escoria! ¡escoria! –vociferaba el salvaje en un burdo druchast, apuntando con su hacha hacia los druchii.

-¿Eso es un insulto, o es que te estás presentando? -le gritó Resaris, alzando la maza para aceptar el desafío- ¡Encantado de conocerte, Escoria! ¡soy Resaris de Ghrond!

Y él y su nauglir saltaron como una sola bestia demoniaca sobre el forzudo hombre de la estepa. El hombre apenas tuvo tiempo de alzar el escudo antes de ser descabezado de un mordisco y ver su cuerpo desgarrado por la zarpas del gélido. Pugnando por no caerse ante la excitación asesina de su montura, el caballero de Ghrond empezó a buscar otro objetivo, con una expresión ligeramente decepcionada.

Vashagor no tenía tiempo de desviar la vista de sus enemigos. Su espada probaba la carne con tan sólo descender, ya que sus poco disciplinados adversarios se apretujaban en tal desorden que no era necesario calcular el golpe. En ese mismo momento, con los pedazos de su jefe siendo esparcidos sobre sus filas, los bárbaros rompieron filas y se dieron la vuelta, perdiendo toda su moral y resolución. Casi la mitad de ellos habían sido aniquilados en pocos minutos.

Resaris aulló para ordenar la persecución de los despavoridos bárbaros. La corta carrera fue un festival de muerte jubilosa, pero Vashagor, que reía cada vez que aplastaba o decapitaba a un hombre por la espalda, no dejó que su mente se nublara por completo por el odio. Se detuvo cuando los últimos bárbaros se daban la vuelta para acometer su destino con algo de dignidad.

-¡Hadurk!-gritó.

-¿Qué?- replicó Resaris.

-¡El demonio, su general! Debo luchar con él.

-Ya habrá tiempo para eso, mi señor. Su ejercito está casi derrotado. Mira, esos jinetes han huido al ver la cobardía de sus compañeros.

Intentando ignorar los gritos de los moribundos y el ruido de la carne siendo desgarrada, Vashagor inspeccionó el campo de batalla. A su izquierda, en efecto, unos cuantos jinetes se batían en retirada haciendo sonar sus cuernos, y varias manadas de mastines les seguian el paso.

El centro de la infantería duchii, a lo lejos había trabado combate con la caballería pesada de los Lobos Azules, aunque era difícil decir quien llevaba la ventaja. Erecus y los suyos no cedían al detener la mayoría de los golpes, pero sus terribles alabardas tampoco lograban desmontar a demasiados caballeros del Caos. En ese momento los Mantícoras Rojas se incorporaron al combate, acometiendo con sus lanzas los flancos de los elegidos del Caos,y a sus corceles blindados, y aún asi estos, rodeados, siguieron luchando imperturbables.

Más allá, en el extremo este de la llanura, vislumbró la silueta gris de la hidra deslizándose hacia delante, azuzada por diminutas figuras con látigos y largos venablos. Vio fascinado como sus cinco cabezas se curvaban al mismo tiempo para soltar su aliento de fuego contra una masa de humanos aún mayor a la que se acababan de enfrentar. El humo que se alzó de los cuerpos quemados tenía un color púrpura enfermizo. Hubo una gran conmoción en la compañía, y se dieron al vuelta para huir al tiempo que la hidra volvía a curvar los largos cuellos para vomitar su fuego. Los barbaros empezaron a correr en desbandada en dirección contraria, y la bestia salió en su persecución, sin necesidad de ser azuzada, atrapando a más de uno estirando sus cuellos flexibles. Todos se perdieron de vista para Vashagor entre dos colinas rocosas.

Por más que registró el campo no había ni rastro del demonio.”La hechicera me podía haber dado algún artilugio para poder detectarlo”, pensó con rabia. Entonces advirtió con un grito como unos carros bárbaros se movían hacia el centro de infantería, ocultos hasta entonces entre las rocas. Con semejantes monstruosidades amenazándola, la linea corria peligro. Moldyak y su falange estaba demasiado lejos para prestar ayuda; se movía por la retaguardia del enemigo, acosando a las infanterías que aun no habian intervenido en el combate.

Vashagor señaló con la espada la inminente amenaza.

-¡Hacia allí, Resaris! ¡Erecus y los lanceros nos necesitan!

El cuerno de la caballeria pretoriana resopló y reanudaron el avance hacia el centro del campo de batalla, las espadas plateadas teñidas de sangre listas para seguir aniquilando.

Algo se quebró en aquel instante. Vashagor notó un estallido azul justo ante sus narices, que lo dejó ciego y sordo. Con una lentitud increible, vio como varios de sus caballeros eran arrancados de sus sillas violentamente y sus monturas se sacudían y eran también derribadas. Al caer al suelo vio que jinetes y nauglirs se habían convertido en masas informes de carne quemada, metal fundido y huesos. Almenos dos docenas de ellos. Resaris, tosiendo entre todo aquel horror, señaló con la maza hacia el nordeste. Y Vashagor vio a lo lejos al hechicero del Caos, un ser encorvado y vestido con gruesas pieles, agitando su báculo de huesos con inmundas gesticulaciones chamánicas.

Envuelto en un resplandor azul, otra estela de luz salió de sus manos y sobrevoló la llanura, yendo a estrellarse contra la retaguardia del ejercito druchii. Desde allí escuchó los alaridos de agonía de los ballesteros que se quemaban vivos con el fuego mágico. Los pocos supervivientes perdieron el valor y huyeron. Apretando los puños con rabia, Vashagor maldijo la ineptitud de las hechiceras. La respuesta de estas, sin embargo, no se hizo esperar. Adzilli, que se alzaba no lejos de la compañía destrozada, movió las manos en círculos y una niebla negra empezó a formarse alrededor suyo. Discerniendo con claridad cual era el mayor peligro en la batalla, su hechizo, que tenia la forma de un aullante demonio de humo, voló hacia la falange de carros bárbaros. La niebla alcanzó a uno de ellos, y antes de que los tripulantes tuvieran tiempo de asustarse, se enroscó alrededor como una serpiente y lo hizo saltar por los aires, convertido en astillas. Una nube de sangre se esparció alrededor mientras la niebla desaparecía, y miles de pequeños pedazos de carne saltaron en todas direcciones.

No veía a Yrtha por ninguna parte, pero de súbito, un ráfaga de viento púrpura apareció de la nada y es estrelló contra los carros, causando un efecto aún más devastador. Dos de las máquinas de guerra simplemente se volatilizaron, sin dejar ni rastro de que hubieran estado allí, más que las huellas de las ruedas y los corceles. El resto de la falange, con gran mérito por su parte, siguió con su trayectoria.

Temblando aún por la cercanía del hechizo, Vashagor ordenó proseguir con la carga. Vio como la compañía de lanceros estaba sido duramente castigada por los caballeros del Caos, y su línea empezaba a retroceder, mientras que la Guardia Negra no rendía ni un metro.

Entonces vio a Hadurk. Estaba a medio centenar de metros, rodeado, descargando tajos con un sable tan grande y ancho como un hombre. Al descender de los cielos para atacar por sorpresa, había llamado la atención de las arpías y las hijas de Karond Kar se habían lanzado sobre él con las garras extendidas. Varias de ellas ya yacían sobre la arena, cortadas en pedazos, pero el demonio también sangraba. Puede que al estar concentrado en la lucha el demonio no fuera capaz de mantener activo el sortilegio que le camuflaba a la vista del ojo mortal: en aquellos momentos contemplaba al ser disforme en todo su magnífico horror.

Resaris y varios de los caballeros también lo habían visto y apretaban las empuñaduras de sus armas con furia.

-¿Es ése el demonio que buscabas? –le dijo Resaris, que aún cerraba el ojo izquierdo, por donde el hechizo le había rozado. Vashagor asintió hoscamente.- Ahora parece estar entretenido; ¡destruyamos primero a sus esclavos y luego nos ocuparemos de él!

El general druchii dudaba, pero se mostró de acuerdo. Lo primero de todo era asegurarse la victoria, aunque la posibilidad de que el demonio escapara le llenaba de ira.

Profiriendo un juramento lleno de odio, Vashagor condujo a los caballeros a la carga contra la caballeria enemiga. La retirada definitiva de los Manticoras Rojas había dejado un hueco por el que los caballeros de nauglir se lanzaron como fieras rabiosas, pisoteando a los lanceros caidos. Gritos de guerra antiguos y llenos de maldad se oyeron mientras la línea druchii chocaba contra las broncíneas armaduras de los elegidos a caballo, que aún soportaban el acoso de la Guardia Negra sin inmutarse.

Envuelto por la locura y la muerte, decapitó a un caballero con un mandoble salvaje, sintiendo como la adrenalina y la excitación doblaban sus mermadas fuerzas. El que le seguía fue derribado por la carga de Tylach, que se encaramó de un salto sobre el corcel y el caballero con el pie atrapado bajo el costado de éste. Las garras del gélido destriparon el vientre desprotegido del berreante caballo, y luego saltó otra vez para aplastar con su media tonelada de peso la cabeza blindada del caballero. Vashagor rió cruelmente ante aquello, dejándose llenar por la alegría del combate.

Tuvo consciencia de otro hechizo volando sobre su cabeza y perdiéndose en la distancia, y de otro en respuesta que explotó en la lejanía. Escupió con desprecio. ¡Brujería! ¿A quien le importaba? El impulso de su montura le ayudó a matar a otro paladín de los dioses oscuros partiéndole la espalda de un revés.

El resto de los caballeros druchii usaban tácticas similares; la fiereza natural de sus monturas les ayudaban a imponerse sobre aquellos humanos y sus robustos corceles esclavizados por los dioses del mal, aunque unos pocos, demasiado confiados, caian bajo los brutales martillos y espadas de los Lobos Azules.

Vashagor mató a dos caballeros más en rápida sucesión y se abrió paso hasta la Guardia Negra, que continuaban alzando las alabardas una y otra vez, mecánicamente, sin que parecieran importarles los aliados o enemigos que murieran a su alrededor.

-¡Erecus! ¡están perdidos, no dejéis que escape ni uno!

El castellano le respondió volteando la alabarda. La Guardia Negra dio un paso al frente y dejó de preocuparse por defender sus vidas y el terreno que ocupaban. El tambor redobló y las alabardas de Naggarond se lanzaron como tiburones a por los caballeros ungidos, cercenando brazos, atravesando acero, y partiendo piernas y cabezas de caballos. Vashagor, rendido a su naturaleza naggarothi más básica, reía como un demonio ante toda aquella mortandad.

Y no escapó ninguno, aunque lo últimos intentaron hacerlo. Espadas druchii, colmillos y alabardas se encontraron unos con otros sobre una montaña de carne humana y bronce desgarrado.

Con las venas aún ardiéndole por le fiebre del combate, giró la cabeza y vio como los carros daban media vuelta para batirse en retirada, así como toda la infantería de los bárbaros supervivientes.

Picó espuelas y se alejó de sus caballeros para buscar a Hadurk entre los miles de cuerpos tendidos. Oyó un ruido de muchos cascos y vio a Blinngar y medio centenar de sus jinetes cabalgando hacia él y haciendo sonar fanfarrias.

-¡Mi señor! -gritó.-¡Vencimos! he perdido algunos hombres, pero sus manadas de bestias han sido aniquiladas y sus jinetes se retiraron acobardados.

-Hemos tenido suerte, y su líder no planificó bien la batalla.

-Los Cytharai estaban con nosotros- dijo el jinete, dando su rústica opinión sobre las verdaderas causas de la victoria.

-¿Qué ha sido de Moldyak?

-La última vez que lo vi estaba vivo, mi señor. Seguido por algunos de los míos, Lord Moldyak maniobró con su falange para atacar a los salvajes por la retaguardia. Pero como veis, no queda ni uno sólo en el campo. Creo que regresará…

-Muy bien. Blinngar, ¿has visto al gran demonio azul que les dirigía?

El jefe de exploradores le miró extrañado.

-¿No es ése de ahí?

Vashagor siguió su mirada y vio cerca a Hadurk, o lo que quedaba de él, casi invisible… aunque esta vez no gracias a algún artificio mágico, sino por estar medio enterrado bajo muchos pálidos cadáveres de arpías. Habia sido profusamente desgarrado y su abdomen atravesado por cuatro grandes virotes. Yacía de costado sobre una de las alas con plumas, y la otra rota y levantada, tremolosa al viento como un triste estandarte. Vio un rasto de sangre azul desde el lugar donde lo había visto por primera vez en la batalla, y comprendió que, aún herido, Hadurk había intentado abrirse camino para matarle en persona.

Sin perder más tiempo en cavilaciones, se desabrochó las correas, desmontó y corrió hacia él. Según lo poco que sabía sobre demonios, el cuerpo se desvanecería rápido para regresar a la famliaridad de la Oscuridad Exterior. Apartó frenético los cadáveres de mujeres aladas y, usando la espada como palanca, volvió al demonio boca arriba. Su ojo-rubí había perdido todo su brillo.

Levantó el escamoso antebrazo con un gruñido y abrió un corte cerca de la muñeca, El icor manó como la savia de un árbol podrido. Se agachó para acercar su boca a la herida, y…

…Y entonces comprendió lo que estaba a punto de hacer. Con un bufido, soltó el brazo y volvió a enfundar la espada, aún arrodillado.

Notó una intensa mirada clavada en su nuca, y se dio la vuelta. Ahí estaban Yrtha y Adzilli, tensas, como a punto de preparar un hechizo. Un fiero brillo en los ojos de Adzilli le confirmó la respuesta que había imaginado. Al ver como el druchii caminaba hacia ellas, las hechiceras bajaron los brazos y adoptaron posturas más relajadas. Se miraron entre ellas con complicidad.

Un largo silencio.

-Si hubiera bebido sólo un poco de esa sangre, me habríais matado- declaró él al fin.

-Sí- replicó Yrtha con tranquilidad.

-Y tú, Adzilli, no eres una renegada del templo, sino una espía del drachau de la ciudad corsaria.

-Una verdad a medias- dijo la muchacha, curvando los labios sardónicamente.- Soy una renegada del templo y concubina del drachau de Karond Kar. El drachau queria averiguar si seguias estando capacitado para el mando o si, como él se temia, tu tullidez te habia convertido en un ser de débil voluntad, demasiado impulsivo y demasiado dispuesto a dejarte llevar por planes equivocados. Como beber sangre corrupta para sentirte físicamente completo.

-¿Y bien? ¿Cual será tu informe, entonces?

La sonrisa de Adzilli fue encantadora.

-Le diré que sus temores eran infundados.

Vashagor apartó la mirada, sonriendo con resignación. Luego se dirigió a Yrtha.

-Quiero saber algo. ¿Realmente era posible lo de recuperar mi mano bebiendo icor de demonio?

Esta vez Yrtha soltó una carcajada que hizo dar un respingo a la mayoria de soldados que habia cerca.

-Honestamente, no lo sé, querido -dijo ella, risueña.- Que se sepa, todos los druchii de la historia que han bebido sangre de demonio han acabado locos, o siendo poseidos por uno. Y han sido realmente pocos los que se han atrevido. Pero tratándose del Caos, y especialmente del Señor del Cambio, todo es posible. Una posibilidad entre infinitas…pero hubieras tenido que pagar por ello, y no sólo ante nosotros.

-Y toda esta farsa…¿Provocasteis esas visiones en el demonio para desencadenar los hechos posteriores?

-Oh, no. Las visiones de Hadurk eran auténticas; realmente él debía caer por tu causa. Sobrestimas nuestro poder. Nosotras sólo escrutamos las hebras y aprovechamos lo ocurrido para someterte a juicio.

-Bien, una última cosa -Vashagor dio dos rápidas zancadas y abofeteó a la bruja con fuerza.- Ya que Adzilli se llevará consigo la prueba de que sigo siendo fuerte aún con una sola mano, me parece adecuado que tú también te guardes ésta.

Yrtha se enderezó con lentitud y lamió una sola vez la sangre del labio, sin dejar de sonreir ni mostrar un asomo de rencor. Vashagor escupió delante de ella, se dio la vuelta y buscó a sus oficiales. Aún quedaba la ardua tarea de quemar todos los cuerpos, en la que se planteaba incluso echar una mano, con tal de distraer la mente.

El carro de Moldyak se detuvo cerca de él, con los gruñentes nauglirs jadeando a causa del esfuerzo. El lugarteniente bajó de un salto, sonriente, con el lado izquierdo de la cara salpicado de sangre y la armadura manchada de arenisca roja; se puso delante de Vashagor y le saludó alzando el hacha de doble filo. Después miró a su alrededor para asegurarse de que todos los soldados cercanos estuvieran contemplándoles. Había un tensión extraña en el ambiente, una furia contenida que luchaba por liberarse…

-¡Victoria!-rugió, alzando su hacha.- ¡Vashagor el Manco!

-¡Vashagor el Manco!- corearon los guerreros, alzando las espadas. El druchii comprendió que eso era lo que estaban deseando hacer, honrar a la figura que les había liderado y celebrar la hazaña. Su enfrentamiento privado con las hechiceras y su indiferencia hacia ellos había frustrado el orgullo marcial de los guerreros, volviéndolos de un humor hosco, pero el decidido Moldyak había roto el embrujo. Ya no guardaban duda alguna sobre su capacidad, aunque él creyera lo contrario.

-¡Victoria!- repitió Moldyak, y enfundó el hacha a su espalda, permitiéndose romper el protocolo al acercarse más a su comandante. Este parecía un poco sorprendido, pero alzó la espada apresuradamente para corresponder al homenaje de los soldados.- Mi señor,¿ no estais contento? Seguís siendo el héroe que siempre habeis sido. Ya veis, no había nada que temer.

Vashagor el Manco. Dicho de ese modo, no sonaba tan mal... asi que en eso estaba destinado a convertirse, después de todo. Le apenaba secretamente no poder recuperar la mano, pero los dioses son seres caprichosos y nadie se libra de bailar a su son. Consciente de esta gran verdad, soltó una gran carcajada y acompañó a los soldados en sus vítores, mientras la gran pira funeraria tomaba forma y el fuego lamía los cielos del Desierto de la Locura.


FIN

"Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león garras sigue teniendo, y las mias son tan largas y afiladas mi señor, como las que vais exhibiendo..."

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 10 meses antes #49410 por Jauguel
Muy bueno Denkil. Me ha encantado :D Esperaba el final del relato con muchas ganas y la verdad es que es genial. Enhorabuena :lol: :lol:

Saludos y escribe masss por favor!!! :wink:

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 10 meses antes #49412 por Glauka
Como siempre genial!!! :D Enhorabuena!! :wink:

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

9 años 10 meses antes #49632 por Velveris
En serio tio, gracias por estas grandisimas historias.

Dime que te has planteado escribir de forma profesional y que tienes un libro a punto de salir, y aqui tienes un cliente. :wink:

Please Identificarse or Crear cuenta to join the conversation.

Tiempo de carga de la página: 0.444 segundos