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Incursión

9 años 2 meses antes #59948 por CaballeroGelido
¿Quien escribio entonces la del tio al que las hechiceras le tientan para beber sangre de un demonio para recuperar su mano, la que prdio en un combate?

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9 años 2 meses antes #59949 por Velveris
Ese fue Denkil, ya me gustaria a mi escribir como escribe él.

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9 años 1 mes antes - 7 años 1 mes antes #60731 por Velveris
Lamento enormemente la tardanza, pero por fin llega la continuación, espero que os guste:

Rauko Nimraith

El adormilado sargento recorría aburrido el largo pasillo del palacio imperial. No había nada en el mundo que le gustara menos que las guardias nocturnas. Había pasado años deseando servir en el palacio de un noble, pero cuando por fin lo logro, no era lo que esperaba. En los cinco años que llevaba de guardia, había realizado mas tareas de asistente que de soldado.

La mayoría de sus antiguos compañeros de unidad habían partido hacia el norte junto con un gran contingente hacia un par de días. Al parecer la lejana ciudad de Onnenburgo había recibido un ataque. Algunos decían que ningún habitante había quedado en la ciudad, los que no yacían muertos, habían desaparecido. Al menos tendrían un poco de acción mientras el se aburría patrullando por los lujosos y tranquilos corredores del Palacio Hymmer.

Al pasar junto a la acristalada puerta del patio interior del palacio, un sonido metálico lo saco de sus pensamientos. Se acercó lentamente al cristal y escudriñó el exterior. El patio, rodeado por una columnata emporchada, parecía desierto, pero tuvo el presentimiento de que algo andaba mal. Aferro la lanza con mas fuerza y abrió la puerta del patio. El frió viento de otoño le golpeo la cara al salir. La lluvia caía con fuerza sobre el suelo adoquinado. El soldado se aproximo un poco mas al borde del porche.

“Aquí no hay nada” pensó “ ha debido ser un gato en el tejado”

Al darse la vuelta, se sobresaltó al ver una oscura figura abalanzándose sobre él. Interpuso la lanza, pero la fina hoja del atacante partió el asta de un solo tajo. El humano retrocedió de un salto y desenvainó la espada. Cuando el otro guerrero saltó hacia él, le atacó con un contundente tajo descendente. Sin embargo el atacante esquivo el ataque con una ligera finta, agarró al humano por la pechera y con su pie, empujó hacia adelante las piernas del guardia, haciéndolo caer pesadamente sobre la espalda.

Asdrith se abalanzo rápidamente sobre su victima y le colocó la hoja en el cuello. Tras un instante de sollozos de suplica, rotos por el sonido de la lluvia que caía sobre ellos, otro personaje surgió de entre las sombras.

¿Donde guarda tu señor sus armas? – preguntó Velveris mirando al débil humano.

¿Las... las armas? – el humano no parecía entender – en la armería, junto a la sala de guardias.

Velveris soltó un gruñido y Asdrith apretó la hoja contra el blando cuello del humano.

¡La colección de armas, idiota! – Velveris tubo que contenerse para no gritar.

¿La colección? – preguntó asustado – esta... en el segundo piso, junto a la biblioteca.

¿Por donde? – preguntó burdamente Asdrith apretando un poco mas la afilada espada.

En el segundo piso, frente a las escaleras del ala norte – un fino hilillo de sangre recorría el cuello del guardia mientras sus asustadas lagrimas se fundían con la lluvia nocturna.

Asdrith miró a Velveris buscando un gesto de aprobación, este asintió suavemente. El druchii agarró la capa empapada del guardia y la colocó sobre él y, con un brusco movimiento, lo degolló.

Velveris se aproximo a la puerta mientras Asdrith arrastraba el cadáver hasta la trampilla. El corredor estaba desierto y a lo lejos se escuchaban los cansinos pasos de algún guardia. El pasillo estaba decorado con grandes tapices y valiosos cuadros, y numerosas vasijas se posaban sobre los elegantes muebles arduamente tallados. El druchii tubo que reconocer que a pesar de ser obra de humanos, aquellos objetos eran magníficos.

Asdrith volvió a colocar la trampilla en su lugar y siguió a su señor. Ambos druchii se dirigieron hacia el ala norte del palacio. Tras muchos minutos de silenciosa búsqueda, llegaron a las amplias escaleras donde dos guardias conversaban si muchas ganas.

Los dos guardias fueron derribados por sendas saetas de la ballesta de mano que Garadain le había proporcionado a Velveris. Cada druchii arrastró a uno de los guardias tras las cortinas que ocultaban el hueco situado bajo las escaleras y acto seguido subieron sigilosamente por ellas. Al llegar al segundo piso encontraron la amplia puerta de la biblioteca, junto a la cual había otra ligeramente mas pequeña, según las indicaciones del guardia, la sala de las armas.

Al otro lado del pasillo un guardia se alejaba de ellos, Velveris le hizo un gesto a Asdrith para que se ocupara de él y se dirigió hacia la puerta. Giró lentamente el picaporte y echó una ultima mirada a Asdrith, que se acercaba con sigilo al humano. Abrió levemente la puerta y echó un vistazo al interior. Sobre las paredes colgaban decenas de armas distintas, hachas, espadas, lanzas... No había duda que era allí.

Sigilosamente se introdujo en el interior de la sala y cerró la puerta tras él. La plateada luz de la noche entraba por la ventana iluminando suavemente las magnificas armas de la colección del noble. Un arma en concreto llamo la atención del druchii. En el centro de la sala se alzaba un adornado pedestal hecho de mármol negro y plata, sobre el cual se alzaba, flotando a pocos centímetros de la piedra, un extraordinario escudo dorado de magnifica factura forjado, sin duda, por enanos.

Velveris alargó la mano para tocarlo, pero entonces la vio.

En la pared que se alzaba la fondo de la sala, colgada sobre una decorada placa de roble. Allí estaba, como si hubiera estado esperándolo durante años, llamándole con un silencio atronador. Allí estaba Rauko Nimraith.

Velveris se acercó lentamente con la mirada clavada en la preciosa espada. El escudo, así como el resto de armas de la sala, había desaparecido para él, ahora solo existía aquella magnifica arma.

La hoja de doble filo, forjada en mithril hacia mas de cinco milenios, le devolvía su imagen como si se tratara del mejor de los espejos. La empuñadura, hecha de un aleación de mithril y el mejor de los oros de toda Ulthuan, representaba la cara de la guerra para los elfos. Una sonrisa similar a la de un niño surcó la cara de Velveris al reconocer el bello y a la vez aterrador rostro de Khaine.

Rauko Nimraith había sido forjada por la familia Galanodel antes de la escisión, durante la guerra, el patriarca de la familia se mostró en contra del Rey Brujo, mientras su hijo Valinor, se mostró leal. Después de la guerra, la casa Galanodel se quedó con la espada, desde ese momento, la parte de la familia que permaneció leal a Malekith, renombrada casa Valinor en honor a Valinor Galanodel, la buscó con ansia. Y ahora, de manos de Velveris Valinor, estaba a punto de recuperarla.

El estruendoso sonido del cuerno sacó a Velveris de sus ensoñaciones, en ese momento, Asdrith entró en la sala.

¡Han debido encontrar algún cadáver, mi señor! – Asdrith jadeaba – ¡Creo que están subiendo por la escalera!

Velveris frunció el ceño y maldijo entre dientes, se dio la vuelta y agarró la vaina colgada bajo Rauko Nimraith y a continuación descolgó la propia arma, se sorprendió con la ligereza de la gran espada. La envaino y se la colgó en la espalda.

Tenemos que salir de aquí – dijo corriendo hacia la puerta.

Al salir al amplio pasillo vieron que por ambos lados del corredor, se acercaban apresuradamente al menos una docena de guardias. Corrieron hacia las escaleras, pero por ellas ya subía otro grupo de soldados.

¡Estamos acorralados! – maldijo Asdrith.

Pues nos abriremos camino – replicó Velveris – no he llegado hasta aquí para perder la espada otra vez. Mi padre nos mataría – añadió con una extraña sonrisa.

Ambos druchii se colocaron espalda contra espalda en posición de guardia. Contra aquellos adversarios, si no cometían errores, podrían defenderse durante horas. Desgraciadamente, no estaban en posición de aguantar, ya que los refuerzos no tardarían en llegar.

Cuando los guardias llegaron a su altura, los rodearon apuntándoles con la punta de sus lanzas. Uno de los soldados avanzó ligeramente.

¡Rendíos o moriréis! – amenazó.

En ese momento Velveris tubo una extraña sensación. Ante el asombro de Asdrith envaino la espada.

Lo lamento amigo mio – la mirada de Velveris estaba fija en algún punto tras los guardias, al fondo del pasillo – pero no tenemos tiempo para un combate en condiciones.

Para sorpresa de los guardias el druchii desenvainó la enorme espada que llevaba a la espalda y cargó contra ellos. Los guardias en lugar de lanzar un ataque, retrocedieron y adoptaron posición de guardia cruzando las lanzas ante ellos. El elfo lanzó un mandoble descendente sobre uno de los guardias.

Ahora la sorpresa fue para él. La gran hoja, después de cortar limpiamente el asta de la lanza, cortó desde la clavícula izquierda hasta la parte derecha de la cintura de uno de los guardias, la trayectoria de la espada siguió y le cortó la pierna a otro guardias. Tras reponerse de la sorpresa, de un solo movimiento decapitó a dos mas, mientras Asdrith se deshacía también de unos cuantos guardias con sus largas espadas gemelas.

¡Sígueme! – le gritó a Asdrith.

Velveris echó a correr deshaciéndose de los dos únicos humanos que se le interponían en ese lado del pasillo. El druchii, seguido por Asdrith se dirigió al final del corredor. En el rostro del druchii apareció una sonrisa nerviosa cuando entendió el plan de su señor. Los guardias supervivientes corrieron tras ellos.

Al fondo del pasillo se alzaban dos grandes vidrieras por las que entraba la tenue luz nocturna. Velveris saltó, cruzando ante si a Rauko Nimraith. Asdrith, un poco mas rezagado, agarro un busto de bronce de uno de los múltiples aparadores que decoraban el pasillo y lo arrojó contra el cristal para evitar el impacto. Ambos cristales saltaron hechos añicos en una explosión de cristal y reflejos de luz de luna.

Velveris cayó con agilidad sobre la empapada hierba del jardín, seguido poco después por Asdrith. Dos pisos mas arriba, los guardias maldecían y gritaban.

Esto aun no ha acabado – dijo Asdrith señalando un grupo de soldados que corría hacia ellos por el jardín.

Velveris asintió con la cabeza envainó Rauko Nimraith y echo a correr hacia el muro de apenas dos metros y medio de altura. De un salto ambos druchii se cogieron del borde del muro y saltaron al otro lado. Una vez en el exterior, echaron a correr hacia los callejones. De repente Velveris escuchó una fuerte explosión y, antes de poder asimilar lo que era, noto un enorme golpe en la espalda. La zona del golpe le abrasaba como si le hubieran golpeado con una antorcha y se le hubiera prendido la espalda. De repente la tenue luz de la luna se apagó en sus ojos y cayo de bruces al suelo.

Lo ultimo que sintió fue que alguien lo agarraba y tiraba de él.

Después, perdió el conocimiento.
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9 años 1 mes antes #60733 por Kablinter
Bueno, bueno, bueno...

Voy a ver si soy capaz de mandarte un privado, porque no quiero revelar nada a quién todavía no se lo haya leído.

Pero veo mucho zoquete en el imperio...

"Y solo sabréis quien soy, lord Gho Fhaazi, justo antes de morir, al tiempo que esta ciudad y todos sus degenerados habitantes perecen con vos"
Elric de Melniboné. La Fortaleza de la Perla.

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