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CONCURSO DE RELATOS LARGOS 2009

9 años 40 minutos antes - 8 años 11 meses antes #62746 por druchii7
Bases:
cada participante puede publicar en este hilo un único relato, que puede tener una extensión máxima de 1500 palabras.

la temática debe estar directamente relacionada con warhammer fantasy o warhammer 40.000

NO se deben publicar comentarios en este hilo, sólo relatos

el plazo para la publicación está abierto y se cerrará el dia 15 de septiembre a las 12:00

NOTA: es obligatorio añadir un título al relato, que no cuenta para el mínimo de palabras.

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8 años 11 meses antes - 8 años 11 meses antes #62806 por forjadeheroes
i]EL SOPLO DEL VIENTO[/i]

Corría rápido en la noche,el viento golpeaba con fuerza el yelmo,apoyaba su pecho contra su gelido para poder ganar mas velocidad y escapar de tan semajante trampa.Una vez mas su montura torpeaba entre las raíces de los árboles que formaban una red que se expandía por todo el bosque

Notó como el sonido de una flecha pasaba cerca de el,segundos después sin darse cuenta estaba en el suelo, magullado por la caida pero sin heridas,su gélido yacía a pocos metros, con mas de 10 flechas que le atravesaban cuello,cabeza y ojos.

Levanto la mirada y el noble elfos oscuro se veia rodeado de ocho magnificos forestales silvanos,apenas los podia distinguir entre la oscuridad,pero el resplandor de la luna reflejado, era suficiente para reconocerlos.

Pensó en combatir ayí pero sabía de sobra que estaba perdido,no podia correr,las flechas lo alcanzarían.el noble levanto sus manos y las puso sobre su yelmo para sostenerlo en jarra junto a su cuerpo.

Forestales aqui me teneís gritó,una sola flecha en mi cabeza bastará.los forestales se miraron y el centinela de las sombras levanto su magnifico arco, tensó y disparó.pero la flecha no llego al noble,en su trayectoria fue alcanzada por otra flecha.una lluvia de flechas cayó sobre los forestales.de entre los árboles aparecieron 10 sombras con sus ballestas.

Solo quedaban en pie el centinela de las sombras y un forestal,el noble sonrió aliviado.uno de los sombras levanto su ballesta y disparó atraveso la garganta del forestal.El noble saco su espada y se encaro con el centinela.un duelo entre ambos,el noble desprendia ira y maldad pura,dio un paso atras y golpeo con su espada,pero con la gracia de un elfo, esquivo el centinela, contraatacando y golpeando con fuerza el brazo que portaba la espada,pero no la solto,el noble giró sobre un pie para ponerse otra vez de frente.amagó con golpear en sus piernas,el elfo vio el golpe,pero no el amago,y el noble tajo hacia arriba con fuerza,abriendo el pecho del centinela.

Miraba al suelo y escupía con rabia sobre el cuerpo sin vida.levanto su mirada y estaba otra vez solo, las sombras se marcharon durante el combate, dio un paso y noto un escalofrio que le recorria todo su cuerpo.Quiso dar otro paso y no podia algo lo reteneia,sentia que perdia fuerzas cuando noto que de su pecho salia una rama cuatro palmos por delante de el,no era posible pensó,no se dio cuenta pero estaba ayi camuflado,un espectador mas del combate pero no notaron su presencia,el Hombre arbol se dejo ver,enorme, el noble casi sin fuerzas miraba,pero no podia sostener el peso de su cabeza no le quedaba vida en sus venas, saco la rama que lo atravesaba y dejo caer el cuerpo del elfo, para después recogerlo y lanzarlo por encima de los árboles y expulsar del bosque semejante cuerpo corrupto sin vida.

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8 años 11 meses antes #62871 por Kablinter
___EL SEÑUELO__

El cerco se estrechaba. El bosque era opresivo. Oía ruidos por todas partes. Sabía que tenía a dos perseguidores por la izquierda, otro a su derecha, y los demás le estaban siguiendo muy de cerca. Tropezó con una raíz. Estaba fatigado, le costaba respirar, le costaba volver a levantarse. Oyó una carcajada. Era una carcajada carente de alegría, llena de desprecio. Una flecha se clavó cerca de sus pies, obligándolo a avanzar. No le dejaban detenerse, no le dejaban descansar. Y llegó hasta La Gran Roca que le cerró el paso. Hasta aquí hemos llegado.

Los perseguidores empezaron a mostrarse. Salían de entre las sombras como si siempre hubieran estado allí. Cazadores experimentados que le apuntaban con sus armas. Él era su presa. Acechado, perseguido y acorralado contra la pared de granito. Podía ver el odio en sus ojos. No querían matarlo, todavía no. Primero le “interrogarían”, le harían preguntas cuyas respuestas ya conocían. Dónde tenéis el campamento, quién os lidera, dónde está, cuántos sois. Y poco a poco les diría todo lo que quisieran saber, de una forma u otra. Por fortuna, nada es lo que parece. Sonrió. Un imperceptible titubeo se reflejó en los rostros de los cazadores. Se miraron entre ellos, y se hicieron algunas señas.

-Rendíos –les dijo mientras alzaba dos dedos lentamente, dejando su mano delante de su rostro.

Ellos rieron, medio confusos. Siguieron mirando alrededor. No eran tontos. Confiaban en que sus compañeros, ocultos en el bosque, les advertirían de cualquier peligro. Pero si no habían avisado ya, no lo harían nunca. El motivo era la sombra gigantesca que se alzó tras dos de ellos, sólo él se percato, pero únicamente porque la esteba esperando. No había derecho a que algo tan grande fuera tan silencioso. Unos ojos reflejaban la escasa luz de estrellas que atravesaba el follaje del bosque. Le miraban atentamente, esperando la señal. Ahora.

Hizo un movimiento con la mano, y esperó. La mantícora se abalanzó sobre el par que tenía delante y, tras aplastarlos contra el suelo con su peso, de un rugido saltó sobre los demás. Eran rápidos, giraron hacia la monstruosa amenaza y con una sangre fría asombrosa le dispararon sus flechas. Pero no fue suficiente. En pocos segundos todo había acabado.

-Mi nombre es Zimandiar –les dijo mientras se aproximaba al monstruo- este es Aghotar –su “leal” mantícora-, sois mis prisioneros –sujetó el pomo de la silla y subió a su grupa-, ¿Dónde tenéis el campamento? –y sonrió.

-¡Jamás te lo diremos! –casi escupió uno de ellos, seguramente el jefe, casi era mejor que no hablase-. Aunque nos tortures no diremos nada –por supuesto, ya contaba con ello-. Somos los Guardianes del Bosque Alegre –esto empezaba a aburrir, cogió la ballesta que tenía atada en la silla de Aghotar-. Lo mejor que puedes hacer es matarnos –desde luego-, porque no te serviremos de nada –le apuntó con ella-. Ganaremos.

-Te equivocas –y disparó-. ¿Sois todos de la misma opinión? –preguntó al resto de cazadores cazados. Alzaron la barbilla en un gesto desafiante, y le miraron con todo el odio que podían reflejar sus ojos-. Eso pone las cosas más fáciles –disparó a uno-, porque –disparó a otro-, yo –disparó a un tercero-, soy –disparó al cuarto-, Nigromante –y disparó al último. Que tenía el terror reflejado en su rostro al comprender lo que iba a suceder.

Puso un nuevo cargador en la ballesta de repetición y la volvió a dejar en la silla. Recogió el tomo arcano que tenía en las alforjas y lo abrió. Durante el asedio a la gran ciudad de Tor Kalath, Kablinter Ordrabon, el rechicero había formulado el Gran Hechizo del Despertar, y había vuelto a levantar a los caídos durante la batalla. Pero como parte de su gran plan alternativo, había “liberado” nigromantes por toda la región para que sembraran el caos y el terror. Zimandiar era uno de esos nigromantes, y su misión era terminar de destruir El Bosque Alegre. Pero los condenados Guardianes del bosque, se interponían una y otra vez en medio de su camino. Y ya empezaba a impacientarse. Cerró el grimorio cuando completó el hechizo, y lo dejó colgando de una cadena a un flanco de la mantícora. Sacó su espada de la funda que tenía al otro lado. Y espero.

El primero de los cazadores ya estaba de pié. Una luz verde brillaba a su alrededor. Los envolvía a todos. Y poco a poco, los siete zombis le miraban. Alguno se observaba sus manos muertas, las abría y cerraba. Entonces, el capitán muerto de los guardias, desenfundó su arma y avanzó hacia él. Era lo malo de despertar asures. Muchos habían vivido una larga vida, y tenían su personalidad muy definida, tanto, que ni muertos la perdían. Algo que tuvo que aprender Kablinter el día de la batalla. Por eso había cogido su espada. Hizo un gesto de fastidio al ver que los siete cadáveres, ¡los siete!, avanzaban con la determinación de utilizar su no-muerte para acabar con él.

Lanzó una orden mental a Aghotar, y éste se arrojo contra el más cercano, y lo mato por segunda vez. Lenta y meticulosamente fue acabando con los zombis, hasta que sólo dejo uno en pié. El capitán, que intentaba acercarse lentamente al rápido felino gigante. En el fondo, su vena druchii era algo que no podía obviar. Igual era el error que le iba a costar todos los planes y estratagemas que había urdido para acabar con la rebelión del Bosque. Ahora lo comprobaría.

Concentró toda su mente en el zombi. Sintió la voluntad del muerto, su furia, su odio. Y la atacó con toda su fuerza. Era una lucha de voluntades, y la del nigromante druchii estaba habituada a tratar con varias docenas de muertos a la vez, dominar a un solo cadáver, era tarea sencilla. Este oponía resistencia. Pudo recorrer toda la vida del no-muerto a medida que lo sometía y destruía su voluntad. Y al final, este dijo:

-Obedezco, amo.

"Y solo sabréis quien soy, lord Gho Fhaazi, justo antes de morir, al tiempo que esta ciudad y todos sus degenerados habitantes perecen con vos"
Elric de Melniboné. La Fortaleza de la Perla.

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