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La Espada Bruja (capitulo 1)

12 años 10 meses antes #14275 por Lord VaeL
Informo a los presentes de que podeis ver la nueva secci?n creada para denkil en la web, en "usuarios" con todos los cap?tulos disponibles de este fabuloso relato.


La única lucha que se pierde es la que se abandona.

Colaborador en la protectora Arca Jaén

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12 años 7 meses antes #16193 por Denkil
Aqui teneis un poco mas de la historia, espero que os guste. Y que lo de los acentos no siga dando por saco, de lo contrario editaré e intentaré quitarlos todos. :oops:

.....................................


-Quisiste jugar a un juego demasiado peligroso , elfo oscuro. Querías encontrarte a ti mismo en el filo del caos, como has hecho siempre, solo que ahora usándola a ella. Pero la niña te la jugó. Te atrapó en sus redes...

-Cállate.

-No me callo. Te dió algo que te iba a herir mas que una espada o un veneno; te dio una conciencia. Sus dulces palabras eran algo novedoso, que te atraia como a un niño una golosina prohibida. Mordiste el anzuelo como un estúpido, y al intentar liberarte descubriste que estabas atrapado.

-Eres cruel, poeta.

-¿De verdad? ¿como de cruel estoy siendo?

-Jodidamente cruel.

-¿Más de lo que puedes ser tú?

-Sin duda.

-Eso me halaga. Porque sabes, Vangior, si por algo se caracteriza tu raza, y tambien tú mismo, es por la crueldad, la ambición, y todos los sentimientos que hace que le hierva la sangre a uno y se convierta en un asesino irracional. Pero ahora tú dudas de todo ello, y solo por joder con una mocosa...tú que has tenido a cientos de mujeres, ¿qué se siente al recordar todas las atrocidades pasadas a la luz de esta nueva...digamos, perspectiva?

- ...

-Ya veo. Casi puedo ver como todos los engranajes de tu cabeza funcionan al máximo, chirriando y echando humo, intentando encontrar una respuesta. Te sientes tan confuso que te gustaria abrirte la cabeza contra ese muro con tal de dejar de pensar en ello, ¿verdad? ¿es así o no?

-Lo es. Dime, ¿hay alguna otra salida?

-No sabría decirte.

-Me voy, Theovald.

-Espera, hombre. Si quieres hablamos de otra cosa.

-No. Me voy de aqui, de este pais. De este continente. Regreso a mi hogar.

-¿Qué? ¿pero por qué?

-Porque empiezo a dudar de quién soy. Porque sé quien quiero ser, y sé que no es esto. Y tambien..

-Sigue.

-...porque debo acabar con el causante de todo esto. De que yo esté aqui, de que os haya conocido, de que me haya vuelto débil.

-¿Y eso solucionará algo?

-Seguro. Él es tal como yo deberia ser. Matándolo descubriré que es lo que he perdido, y como puedo recuperarlo.

-Ellos no lo aceptarán. Tus hombres. Yo, aunque me duela, si, pero ellos...el tileano se enfadará...

-Que se vayan al infierno. Les he proporcionado un reino. Que los perros rabiosos se peleen por los huesos de la presa cobrada.

-¿Y si después de devorar los huesos deciden buscar al amo?

-Cuando un perro pueda seguir a su amo a través del océano, avisame.

-Lo haré. Pero almenos escucha esto, por todo lo que hemos pasado juntos. Ser compasivo no es ser débil, Vangior.

-A la larga sí lo es. Y es un sentimiento indigno, provocado por la inseguridad...

-Tonterias. Ya se ha acabado la guerra. Ese es el problema de tu raza, su incapacidad para adaptarse, para comprender a los demás y sus motivaciones. Puede que tú seas algo distinto a ellos en algunos aspectos, pero...no te faltan muchas de sus trabas.

-¿Has terminado? los oidos me zumban con tanta estupidez.

-Aún no. Me das pena, amigo. Los hombres te seguían porque eras magnífico, despiadado y enérgico, y sabias como dar forma a sus sueños, donde residía su poder. Pero te relajaste y..¡zas! Antes me parecias fascinante, y ahora que te pareces a nosotros, aún más. La verdad es que es divertido verte poner esa cara de perdido, como si no supieras qué es lo que has estado haciendo hasta ahora, ni qué debes hacer a continuación. Tan desorientado en el teatro de la miseria humana como una puta en una catedral sigmarita. Tan divertido que hasta resulta triste.

-Pues ahora el cuento se ha acabado. Vete con la música a otra parte. Alli donde les interese lo que sale de esa bocaza.

-¿Quizá a la corte del barón Hereward? ¿Narrando las andanzas de su hija raptada por cierto individuo siniestro?

-No sabría decirte.

-Bien, creo que probaré suerte. Será, sin duda, divertido de cojones. No sé si intentar disuadirte un poco más, porque si me acompañaras alli y cantaras al son de mi laúd, podría ser espectacular.

-No lo intentes. Está decidido. Además, no sé cantar.

-¿Avisarás al resto?

-No.

-Y yo, ¿debo hacerlo?

-Haz lo que te dé la gana.

-Desmotivación, decadencia, fragilidad...¿hay algo peor en este mundo?

-Sí, los borrachos picados por la viruela que se creen que por graznar como cuervos viejos se les puede llamar juglares.

-Yo nunca he tenido viruela. ¿Qué le digo a ella?

-Nada. Pero dile al tileano que se la lleve de aqui, y que cuide de ella, por que de lo contrario volveré y le cortaré los huevos.

-Tomo nota. Pero ese no es un buen primer paso si lo que se busca es recuperar la amoralidad.

-Como si castrar a un cerdo lascivo fuera un acto piadoso.

-Ja, ja. Almenos el ingenio no lo has perdido ni un ápice.

-Pero mi espada si. Me tendré que llevar la suya, es la mejor de las que tengo a mano.

-¿Y por qué no te la llevas a ella también? seguiría siendo tu esclava.

-Ella no puede conocer ese mundo. No seas idiota. Además me recordaria todo esto...y debo olvidarlo.

-¿Tambien me olvidarás a mi? eso me apena.

-Con suerte, lo haré.

-Pues yo recordaré esta conversación. Mucho, mucho tiempo. Y a ti. Algo me dice que tú tampoco la olvidarás, como no te olvidarán en esta montaña de desperdicios que son los reinos fronterizos. Los enemigos, tus escasos amigos, y los amigos de tus enemigos muertos y de aquellos que desgraciadamente estaban en medio, mujeres viudas y huérfanos. El gran asesino, el fantasma gris que cabalga sobre la muerte negra, ahuyentado por una muchachita de diecisiete años. Aunque no creo que empiecen a burlarse hasta dentro de algunas décadas, cuando dejen de temerte.

-Para entonces yo estaré lejos. Y me reiré de todos vosotros.

-Mikka se pondrá triste. Mi pobre doncella triste.

-Mikka...


...



Vangior abrió los ojos, con una ultima sílaba flotando en sus labios. Sentia la imperiosa necesidad de no olvidarla, de retenerla, porque de eso dependía su cordura. El sueño era más que un sueño, era algo que no se debía perder.

-Mikka.

Soltó un largo suspiro, parpadeó y trató de incorporarse protegiéndose los ojos del brillo del sol. La frialdad de la piedra se clavaba como agujas en sus antebrazos. Una piedra tan dura y áspera como la realidad.

Dos ojos le observaban extrañados desde el centro de un rostro recortado contra la luz del astro naciente. Parecía que esos ojos suspicaces querian preguntar algo, pero no se atrevían. Al final miraron a otro lado. Tardó unos segundos en reconocerlos, lo justo para no sorprenderse cuando un fardo de piel cayó bruscamente sobre su pecho.

-En marcha - dijo Kraelas Myrr.



..........................................



..........................................



-¿No deseas ver el final? el final de todo esto. El final de todas las mentiras. Yo puedo proporcionártelo.

Alheric alzó un brazo débilmente y se separó el cabello blanco, sucio y apelmazado de la cara.

-Ah -susurró con un hilo de voz-, deliro. Eso significa que el final está próximo, pronto se apagarán todas las luces para mi. Muy pronto.

-No deliras. Estoy aqui, a tu lado; almenos una parte de mi.

-Ya basta. Deja de atormentarme. Nunca creí que llegaría a volverme loco antes de morir.

-¿Loco? ¿y qué Druchii no lo está, si los juzgamos por la inmadura medida de las razas inferiores? ¿Que puedo hacer para demostrarte que soy real, Alheric? ¿ acaso ahora los demonios hemos de rebajarnos a hacer cabriolas y trucos de magia para que tu gente crea en nosotros?

-¿Un demonio?-por alguna razón que se le escapaba, no le sorprendió en absoluto.

-Si, y he venido para hacerte una proposición. No hace falta que te recuerde lo desesperado de tu situación, ¿cierto? Solo tienes las salidas: la muerte y la servidumbre...al Caos.

-No serviré a ningún Hung. Nunca. Antes me ahogaré con estas cadenas.

-Oh, pero no tienes siquiera fuerza para alzarlas, y lo sabes. Eres débil. Débil, débil, débil...¿te molesta oir esa palabra? si, conozco muy bien a tu gran raza, y se cuanto odiáis la debilidad, por encima de todas las cosas.

-Si has venido para burlarte, no pienso dedicarte mas atención que a las sanguijuelas que se arrastran por este fango.

-¡Nada más lejos de mi intención! lo siento, Alheric, pero debes entender la realidad de la situación para poder contemplar tus alternativas como es debido. Huir por tus propios medios te sería imposible. Nadie sabe que estás aqui, y tu amigo, el que te entregó a mi, también está condenado.

-Eso ya lo habia deducido yo solo. Has hablado de unas alternativas, pero no me interesan. Asi que tu y yo no tenemos nada más que tratar. Déjame en paz.

-De cualquier modo, ibas a servirme. Yo te ofrezco algo mejor de lo que te imaginas. Noornos no es más que un peón, y su papel en mis planes ha concluido. No me interesa seguir cediéndole poder. Ahora tengo que recuperarlo. Te necesito a ti.

-A mi. Otro peón.

-En cierto modo lo serias. Pero tú conoces las reglas del juego mucho mejor que él. No responderías ante ningún Hung, te lo prometo. Sólo ante mí. Serias mi lugarteniente, Druchii. Serias mucho más poderoso de lo que has sido hasta ahora.

-Sería el siervo de un demonio.

-¿Acaso tu Rey Brujo no es también un demonio en parte, no fue parido en la oscuridad, al amparo de negros poderes? ¿acaso tu raza y la mía no ha establecido pactos de sange a lo largo de los siglos? ¿en que se basa tu renuencia, amigo mío? No te estoy proponiendo nada que a tu pueblo le resulte desconocido...

Estaba tan cansado... Su cabeza zumbaba como si un enjambre de infernales estirges revoloteran en su interior, chocando contra las paredes de su cráneo, royendo sus órganos y tambien lo más hondo de su ser . "¿Será posible que un alma pueda consumirse y desaparecer por completo? Quiero que esto acabe. Si he de morir, que sea con los míos".

-Tan sólo sácame de aqui. Pero antes dime tu nombre, lacayo de Tzeench.

-Soy Angraa´ Shoon, y sirvo a El que Todo lo Sabe. Ahora júrame lealtad, mi querida mente brillante. Y serás libre.

..............


Las hogueras salpicaban el valle como si el cielo acabara de vomitar una lluvia de cometas ardientes, o almenos eso parecia para quien espiara desde treinta metros de altura. Eran tantos que resultaba imposible contarlos, asi como las pieles desastradas que protegian a los ocupantes del campamento.

-Un tribu completa. Quizá dos -dijo Kraelas.

-Demasiados. Había confiado en matar a la mayoría mientras dormían, pero será imposible. Cuando eliminemos a dos centenares y a uno solo de ellos se le escape un gemido, tendremos a medio millar encima cortándonos la retirada.

-Podríamos pedir ayuda a alguna torre cercana...

Vangior suspiró.

-Sabes tan bien como yo que sería inútil. Tu nombre ha sido difamado en la ciudad y aunque te queden amigos, es demasiado arriesgado ponerte a buscarlos en solitario. La voz de tu traición ya se habrá corrido, sin duda. Y en cuanto a mí...

- Lo sé. Pero no tenemos adonde ir. Y si rescatamos al viejo, él nos defenderá ante el Drachau y nos recompensará.

-¿Y como sabes que no ha sido tan difamado como tú, que no se le ha asociado con adoradores del Caos y herejes y puesto precio a su cabeza?

-Imposible. Goza del más alto prestigio. Si Alheric cae, significa que Clar Karond ha caído, y entonces tú y yo ya no tendremos nada que hacer, amigo mío. Tendremos que vivir como vagabundos, sin lealtades ni patria, vender nuestra espada a otros seres inferiores...ah, espera, esa es una vida que tú conoces bastante bien, ¿no?

Vangior no supo hasta que punto habia querido ser ofensivo y cuanta sincera curiosidad habia en su tono, y prefirió no saberlo.

-Recemos para que no tengas que llegar a eso- él si que se esforzó en que el sarcasmo se notara.- Este es el único camino que nos queda. Intentaré enterarme de donde tienen a tu protector. Si oyes gritos y sonidos de batalla... ven a ayudarme o huye, lo que quieras.

-Iré contigo ahora.

-No. Quédate con los caballos. Debemos estar prestos a huir tan pronto demos con el viejo, y no conviene que los Hung los maten o capturen.

Kraelas no lo escuchaba. Su atención estaba centrada de nuevo en el campamento.

-¡Mira!

Vangior estiró el cuello de nuevo desde detrás de la roca helada y vió como una columna de jinetes entraba por el lado sur del valle, allí donde la nieve empezaba a tornarse lodo marrón verdoso, del que estaban formadas las ciénagas conocidas como Marismas de la Muerte. Eran unos cincuenta, hombres con cascos redondos de bronce adornados con cuernos cortos y penachos negros, y protegidos con pieles y cuero endurecido. Los caballos eran pequeños pero robustos, no mucho más grandes que sus jinetes, y de sus cuellos sudorosos y flancos colgaban trofeos de guerra: cabezas, huesos secos e incluso las pieles de antiguas víctimas.

El Druchii vió como el campamento despertaba a su paso, y los salvajes se movían entre las tiendas gritandose y agitando sus armas con nerviosismo.

-Este es el momento.-susurró Kraelas.- En ocasiones es mucho mejor la algarabía y la confusión que el subterfugio en la oscuridad. Parece como si estuvieran esperando un ataque: no echarán en falta a algunos de sus hombres, o almenos no será lo que más les preocupe.

Vangio asintió, y sin esperar ninguna palabra más salió del parapeto y empezó a descender la ladera de la montaña por el este, con la Gae Bolg sujeta firmemente entre los omóplatos. Su agilidad natural, pulida durante décadas, le permitía encontrar salientes allá donde una cabra resbalaría.

Los bárbaros no eran famosos por su disciplina, pero tampoco tan temerarios y confiados como para no saber organizar turnos de vigilancia. Vangior pensó que, sin embargo, para estar tomando medidas frente a algún atacante el numeo de centinelas era sumamente pobre. Desde su posición solo podía ver a dos: uno a unos cincuenta pasos de él, y otro como un punto diminuto almenos a seiscientos hacia el norte. No lo comprendía, pero almenos eso lo ponía mucho más fácil.

Una vez lo tuvo cerca, vio que el salvaje llevaba, además de un hacha de tamaño respetable, un cuerno adornado con hierro colgando del cuello. Debía actuar con cautela y rapidez, puesto que el hombre estaba casi a la vista de todos los demás, aunque, desde esa distancia no veía a nadie que mirara en esa dirección. Si atacaba desde el saliente de roca negra que tenía unos metros a su izquierda, podía tener una oportunidad. Vangior se puso a cuatro patas y sacó ligeramente la espada corta de su vaina.

No podía verle la cara, pero por los músculos de su espalda y como agarraba su arma, se le notaba tenso. Probablemente no estaba todo lo distraído que debería, pero no podía demorar más el ataque. Se deslizó con seguridad, silencioso sobre la tierra agrietada y negruzca como un lagarto al acecho.

Cuando la mano blanca de Vangior se cerró en torno a su boca, el acero tileano se posó bajo su nuez, y su rodilla obligó al otro a inclinarse hacia atrás, hubo un corto sonido de aspiracion que podia interpretarse como sorpresa.

-¿Donde tenéis al sidhe viejo, si no lo habeis matado? si quieres vivir...

El Hung se revolvió como una fiera, llevándose unos cortes leves como respuesta, mordió al elfo oscuro antes de que pudiera retirar el brazo y reaccionar con firmeza. Su mano izquierda empezó a moverse hacia el cuerno.

Vangior supo al instante que había cometido dos errores. Uno, habia olvidado que los Hung eran muy distintos de los hombres del Viejo Mundo con que se habia mezclado en las ultimas dos décadas; fuertes, duros y leales a su ignorante manera. Y en segundo lugar, tambien conocían mucho mejor a los Druchii que esos mismo hombres, ya que salvo para unos pocos soldados curtidos y eruditos los elfos oscuros no eran más que una leyenda lejana, y por lo tanto, no podían saber que una promesa de piedad de sus labios era menos que polvo en el viento. Pero los salvajes del Reino Oscuro lo sabían demasiado bien.

La espada corta hendió el aire y se enterró hasta la mitad en el pecho del salvaje, pero ello no impidió que pudiera arrancar una nota titubeante de su cuerno de guerra. Pensando a marchas forzadas, Vangior cayó sobre el hombre agonizante, le arrebató el cuerno y buscó un refugio con desesperación. A unos veinte metros había un montículo de piedra con una cima plana, que antes habia usado para esconderse.

Con la sangre agolpándose en las sienes, empezó a trepar con él y alcanzó el punto más alto justo cuando los primeros bárbaros llegaron al cuerpo de su amigo. Inmediatamente uno se agachó al lado del cadáver y lo examinó con calma, mientras el resto lo rodeaban echando miradas inquietas en todas direcciones. El lider del pequeño grupo dijo algo en voz baja y uno de los salvajes se marchó corriendo. Tras unos minutos de tensa espera, llegó otra comitiva más nutrida, con guerreros bien armados y un hombre de largo pelo negro y aspecto insólitamente pulcro y regio que parecía ser su líder. A su lado cojeaba un anciano calvo y de rostro ceñudo, que sacudió la cabeza con vehemencia al ver el cadáver. Vangior se arrastró sobre la cima rocosa para oir mejor lo que decían, aunque no podia tener una buena perspectiva visual sin arriesgarse a que lo vieran.

-Ergen ha muerto, ¿y donde está su asesino?-dijo un salvaje.

-No hay herida de flecha. A éste lo han rajado, y quien lo hizo no puede estar lejos.

-Son los sidhe. Pero ellos suelen disparar antes que atacar con la espada -dijo otro, con una voz muy ronca y grave.

-Sin duda son ellos, los mismos que se han llevado al viejo -intervino una cuarta voz.- Hay clanes de sidhe en las montañas capaces de moverse con más sigilo que una sombra, se dice.

-No, es cosa de brujería. Si hubieran entrado en el campamento nos habríamos enterado. Había hombres guardándolo en un círculo cerrado, y además el viejo casi no podía caminar.

-Estamos malditos. Malditos.-dijo alguien con la voz lastimera de un anciano, y Vangior supo que se trataba del hombre vestido con túnica- Y todo es culpa tuya, Noornos. Tus necedades nos han llevado hasta aquí.

-Yggir Ojo de Serpiente, fuiste el chamán de mi padre y del padre de mi padre, pero si pronuncias más blasfemias, te cortaré el miembro y se lo echaré a los perros.

-Tu padre y el padre de tu padre tenian el favor de Onogal, pero tú lo has traicionado y ni siquiera por otro dios. Nos has traido la desgracia y hemos quedado malditos. Todo el mundo lo dice. Reniego de ti, hijo de Tarnos. Vete al infierno con tu demonio moribundo.

-¡Idiota! ¡para qué quiero el favor de Onogal si Tchar puede convertirme en sidhe! ellos no envejecen, no enferman, todo el mundo lo sabe. Y no me pudriré ni seré una cáscara sin vida, sino un rey, rey de sidhe y de hombres, señor del Norte y de todos los Hung.

-¿Y qué hay de los tuyos? ¡de tu pueblo, de tu sangre! mataste a tu padre y yo lo consentí porque, pobre de mí, creía que las voces que escuchabas eran las de un auténtico dios. Pero ahora ya todo da igual. Hemos sido embaucados y después abandonados. Hasta los espíritus lo dicen.

-Ya basta. Yggir, la vejez te ha derretido el cerebro. Si quieres dejar de servirme, me buscaré otro chamán, y de buena gana. Pero antes deja que te agradezca tus años de servicio.

Se oyó un estrépito metálico, el familiar sonido de la carne al cortarse, un chapoteo, un desgarro y un grito agónico. Vangior supo que era el momento de actuar.

Se llevó el cuerno Hung a los labios y sopló lo más fuerte que pudo. Cuandos los ecos empezaban a dispersarse por el valle, se descolgó del montículo unos pocos metros y saltó al suelo.

A pocos metros de él se erguía el hombre de pelo negro con la espada ensangrentada, y a sus pies, como habia esperado, estaba tendido el viejo chamán con las costillas al aire y la túnica blanca, ahora bermeja. Al ver al tal Noornos de cerca, tuvo un pequeño sobresalto.

-¿Qué eres tú, hombre o elfo?-preguntó Vangior, contrariado.

-Pronto seré tu señor. O mejor dicho, señor de tus parientes, porque tú ahora mismo serás un cadáver.

-Es posible que muera, pero he cumplido con mi misión -no sabía qué estaba pasando allí, y aunque era muy probable que las palabras del señor salvaje se cumplieran, no queria irse sin averiguarlo- ¿Echáis de menos a alguien en vuestra inmunda madriguera?

-El cuervo ha volado, lo reconozco. -dijo el hombre con una franca risotada.- Y nadie le ha visto alzar el vuelo. ¿Como puede un pájaro sin alas volar, puedes explicármelo?

-Me temo que no.

-Mientes muy mal, sidhe. En verdad que no me serías nada útil, nisiquiera para reemplazar al cuervo. Pero graznarás, antes de morir, eso te lo prometo.

"En ese caso, es hora de que yo también levante el vuelo. Kraelas no va a estar nada contento."

La mano se movió lentamente hacia la Gae Bolg, pero sabía que no tenia ninguna oportunidad. Un mar de hachas de bronce y ojos hostiles le rodeaban en todas direcciones. Menos por detrás. ¿Seria capaz de escalar de nuevo la ladera hasta donde aguardaban los caballos antes de que un hacha arrojadiza le partiera la espalda?

-¿Creéis que he venido solo, imbéciles? formo parte de los exploradores del ejército que se ha apostado tras las colinas....

En ese preciso momento saltaron hacia él, agitando sus armas rudimentarias pero brutalmente efectivas. "Me he vuelto torpe y poco imaginativo, maldita sea", pensó al tiempo que sacaba la Espada Bruja y cortaba una cabeza morena de salvaje. Mató a otro con un revés y dejó que la espada bailara un poco más antes de dar media vuelta y echar a correr. Esperó de corazón que los que los seguían almenos tropezaran con los cadáveres de los primeros.

Cuando ya estaba envainando la espada y estiraba los brazos para empezar a trepar, un silbido le atrajo hacia su derecha. Kraelas habia descendido por el camino empinado, había dado la vuelta a la ladera y lo esperaba escondido tras unas rocas, en un terreno llano.

Sintiendo el aliento de los salvajes en la nuca, corrió como un poseso hacia su caballo sin dirigirle una mirada a su amigo, y montó de un salto. Aún llevaba la Gae Bolg en la mano, y echó una mirada de precaución hacia atrás antes de haber recorrido una decena de metros. Si temía encontrarse con jinetes que los persiguieran, sufrió una gran decepción. En su lugar, una masa de guerreros a pie vociferantes empequeñecía a su espalda; antes de apartar la vista ya eran prácticamente como insectos. En momentos como ése era cuando la falta de disciplina y organización del pueblo salvaje se convertía en su mayor defecto.

No obstante, sabía que no tardarían en ir tras ellos a caballo, pero para entonces su ventaja y la complexión de sus caballos élficos ya los habría puesto a salvo. Pero a salvo, ¿adónde? ¿tenían realmente donde ir? una predicción funesta empezó a formarse en los pensamientos del guerrero brujo.

-¿Y Alheric?-le gritó el corsario, que azuzaba a su temperamental corcel sin miramientos.

-Ha escapado, ni ellos mismos saben cómo. Creen que ha sido nuestra gente, lo rescataron y después desaparecieron gracias a la magia.

Kraelas maldijo.

-Allí no había ningún otro Druchii. Exploramos todo el perímetro de su campamento, y ese era el mejor punto para acecharles. Tú fuiste explorador, los habrías visto, ¿no?

Vangior no supo que decir. Ya era bastante patente que había perdido facultades, pero no se atrevía a reconocerlo en voz alta, como si ello lo fuera empeorar más aún. Prefería no pensar que otros se le habían adelantado y él nisiquiera lo había percibido; además de denigrante, era un modo de reconocer una debilidad, algo que había aprendido a a evitar durante toda su vida.

-¿Adónde vamos?

Kraelas pensó un momento, o eso parecía que hacía, pero no dijo nada. De repente les llegó un rumor que se volvía mas potente por momentos, rítmico y poderoso. Venía por el oeste y todo indicaba que la columna de caballería que se aproximaba -porque sólo podía ser eso- era inmensa.

-No pensé que nos alcanzarían tan pronto.

Cabalgaban a la sombra de una montaña cortada verticalmente, como la mitad de un desfiladero, siempre hacia el norte. Un centenar de metros por delante éste se terminaba bruscamente para dar paso a una elevación del terreno que se allanaba hasta las mismas orillas del Mar Frío.

-Y así morimos -murmuró Kraelas. El olor del cuero sudado y el metal era ya tan palpable como la frialdad del acero desenfundado. Aunque dieran media vuelta los acabarían atrapando, asi que Vangior detuvo su caballo y su antiguo amigo lo imitó.- Exiliados, injuriados y perseguidos...bien, veámosles los rostros a esas bestias que se creen hombres.

Pero la columna que esperaban ver salir de entre la piedra gris estaba muy lejos de ser una cabalgata de salvajes. Lo demostraban las armaduras doradas y negras, los cuerpos esbeltos y altos, las lanzas adornadas con seda negra, y también quinientos veinte kilos de montura verde y escamosa con mandíbulas capaces de partir a un hombre por la mitad. Eran poco más de una veintena, pero el peso de los inmensos gélidos de guerra igualaba el de casi un centenar de caballos de la estepa, de ahí la impresión erronea sobre su número.

Aguardaron con paciencia a que se aproximaran aminorando la marcha, preguntándose sus intenciones. Vangior habia hecho que el caballo se pusiera de lado a ellos para poder recibirles con la mano con la que esgrimía la espada. Kraelas, quizá más esperanzado, tanteaba la empuñadura de su hacha sin demasiado entusiasmo por empezar a derramar sangre.

Al frente de la formación iba una figura sin armadura, una mujer que ocultaba sus piernas, hombros y cabeza con una capa roja. Los pequeños pezones rojos, a juego con su atuendo, recibían el beso del frío sin ambages. El cabello ensortijado que caia de su cabeza medio oculta lucía un tenue brillo negroazulado. Su gélido tampoco llevaba la característica armadura en la cabeza y el cuello, pero era sin duda el más grande de todos, un monstruo capaz de tragarse un guerrero de un solo bocado, y sin necesidad de masticarlo. A su lado, otro caballero iba a lomos de un gélido casi igual de imponente; no llevaba casco y sus cabellos trenzados y estirados hacia atrás eran de un color rojo muy vivo.

-Deprisa, seguidme -dijo la mujer. Hablaba con suavidad, para habia una nota de urgencia en su voz.- Los hijos del Caos os persiguen, y no podréis eludirlos por mucho tiempo.

-¿Quien sois vos, mi señora? - quiso saber Kraelas.- ¿nos traéis acaso la salvación?

-Eso y más dones que os serán de utilidad.-respondió, pero a quien miraba era a Vangior.- Soy Ohenna, señora del Dominio de Tahr. Esos que os persiguen son mis enemigos.

-¿Y no lo son de todos nosotros, Ohenna?-dijo Vangior, entrecerrando los ojos.

-Por desgracia, no, Vangior. Muchos de nuestro pueblo han traicionado a los dioses naturales y buscado a otros, abominables y malignos. Tzeentch es uno de ellos, y el más peligroso. Durante mucho tiempo los he vigilado, ahora llega el momento de actuar: no se puede demorar más el tiempo de la espada y el castigo.

-Nada de esto nos interesa-replicó Vangior, sin molestarse en preguntar cómo sabía su nombre."¡Hechiceros!", pensó con desprecio.- Hemos venido a rescatar a un amigo y nada más, no nos interesan las luchas por el poder que tan comunes son en esta tierra.

-Alheric también nos ha traicionado. No tenéis amigos en Naggaroth, sólo yo. No os garantizo la victoria ni la supervivencia. Venid conmigo al Dominio, allí descansareis y podremos planear nuestros movimientos.

-De acuerdo. Guiadnos -dijo Vangior frunciendo los labios. Eran, exceptuando a las brujas de Ghrond, los primeros entre su raza que no intentaban matarlo nada más verlo desde hacía mucho tiempo, y eso era más de lo que necesitaba para conciliar el sueño. Además, ¿Qué otra cosa podía hacer?

-¿Alheric se ha pasado al bando del Caos? -quiso saber Kraelas.

-Por favor, ya habrá tiempo para explicaciones. Ahora debemos cabalgar- Ohenna azuzó a su gelido con un delicado movimiento de las piernas y el animal empezó a dar media vuelta, como todos sus caballeros. Los miró ladeando la cabeza. - Debo pediros que vayáis en la retaguardia. Vuestras monturas son más veloces y maniobrables, asi podéis advertir mucho antes si nos persiguen y responder mejor a cualquier amenaza.

"Me huelo una trampa, pero mejor esto que morir rodeado de salvajes" .

-Como digáis, Lady Ohenna.

-¿Dónde está ese Dominio de Tahr, mi señora?

-Haceis muchas preguntas, Kraelas. El Dominio no aparece en ningún mapa conocido. Para los hijos de Naggaroth, yo no existo, y los contactos que mantengo en las ciudades son realmente exiguos y de confianza. Así es como puedo combatir tales conspiraciones, actuando con total libertad.

-¿Y nisiquiera me merezco saber en qué zona del continente podría estar? creía que éramos amigos -se quejó el corsario.

La mujer rió con tanta dulzura que Vangior se estremeció.

-En las montañas, Kraelas. Está entre las montañas.

La columna tomó forma de nuevo, con sus dos nuevos integrantes, y marchó por donde la compañía de Ohenna había llegado. Cabalgaron por senderos amargos y dificiles, casi siempre cuesta arriba o cuesta abajo, con piedras sueltas bajo los pies y tambien otras mas grandes colgando en los altos riscos. Las primeras no resultaban tan fáciles de eludir para las pezuñas de los corceles como para los gélidos, y de las segundas solo recibían la visita caprichosa de cantos rodados no mayores que un puño. Vangior se sentía como adormilado, cada vez que recordaba el rostro de Ohenna y su voz un hormigueo muy extraño le recorría el estómago. Era un tipo de lujuria que hacia mucho que sentía, y no porque en su exilio no hubiera probado de esa fruta.

Por la posición del sol de media tarde, iban hacia el oeste. Kraelas se lo comentó al meditabundo elfo oscuro que cabalgaba a su lado. Cabalgaban un poco alejados del grupo principal, lo justo para que no pudieran oirles.

-Si -confirmó Vangior- Y cada vez subimos más. Me parece que esa hechicera debe vivir en una especie de caverna entre las nubes, allá en lo más alto del Espinazo negro.

-¿Es una hechicera? no recuerdo que lo mencionara.

-Pero lo es. No es sólo su aspecto, hay algo que la rodea... he combatido a su orden desde hace mucho tiempo y creo que puedo reconocerlos a primera vista.- "tambien es verdad que me he vuelto débil, asi que podría estar equivocado", pensó con tristeza. Soltó una carcajada repentina.- ¡Mujeres! no sé cómo ni porqué, pero mi vida siempre ha de ir en la dirección que marca alguna. Primero Irguedd, y antes de ésta...-se interrumpió con brusquedad.

-Antes de ésta, ¿quien?- Kraelas se inclinó en la silla.

-Nadie.-¿Como explicarle lo que habia pasado por una vulgar mujer de la raza bestial? ¿El modo en que se había dejado dominar, atar incluso, en una pasión tan ingenua como insensata? ¿y que, en el fondo, una parte de él no se arrepentía de nada de aquello, una parte que le estaba costando horrores ignorar? jamás lo entendería, y eso no serviría más que para avergonzarle.- Decia que antes de esta ninguna hechicera me habia dirigido la palabra y habia seguido viviendo. Pero entonces yo estaba al servicio de otra. Ahora soy libre.

-Si, libre y un proscrito. Antes se arrodillaban a tu paso y te seguian, ahora escupen al oir tu nombre y afilan los cuchillos si ven aparecer tu sombra. Y todo por...

-No sigas por ese camino. El asunto de tu traición es algo todavía pendiente, no creas que lo he olvidado. Aunque tú si lo hayas hecho.

Pareció que Kraelas queria replicarle, y lo miró con una mezcla de duda y enfado un largo rato, pero no abrió la boca.

El cielo ya se estaba tornando rojo oscuro con la próxima caida del sol, y la columna, por orden de lady Ohenna, descendió por una ladera casi plana hasta una explanada llena de gravilla y con unas extrañas plantas mustias que crecían entre los huesos de la cadera de un gran animal semienterrado. Al lado de aquel espacio pelado se abría un abismo de medio kilómetro, y pegado a la montaña seguía el camino que habian estado siguiendo, por el que tendrían que desfilar con muchísimo cuidado al día siguiente, considerando su amplitud y la caída que les aguardaba a los incautos.

-Una mantícora- dijo Ohenna con frivolidad, mientras desmontaba agarrándose con gracia a los flancos correosos de su gran reptil.- Creo que esto fue su nido, y que la mató alguno de sus cachorros y luego la devoró, en gran parte. Aquí la vida es muy dura.

-Y traicionera-dijo Kraelas en voz baja.- Ya veremos si no se repiten este tipo de traiciones.

-Por mi parte, os juro que no.- Ohenna se quitó la capucha y sacudió su hermosa cabellera oscura. Sus ojos eran amarillos, brillantes como ópalos, y daban a su rostro con forma de corazón un aire de felino salvaje.

-¿Sois una hechicera, verdad?-dijo Vangior.

La mujer se arregló la flotante ropa y lo miró sonriendo.

-Capturar y dar forma a los vientos mágicos es uno de mis dones, con los que sirvo a la causa del Destino. ¿Cuando lo supiste, querido? ¿nada más verme?

-Si, pero son vuestros ojos los que me lo acaban de confirmar. Son amarillos, un color antinatural para cualquiera de nuestra raza que no haya estado expuesto, voluntaria o involuntariamente a las energías impuras del Caos durante la mayor parte de su vida. Son el resultado de una mutación.

-No lo negaré. Pareces tener un conocimiento bastante profundo de las fuerzas entrópicas, supongo que por haber estado obligado a combatirlas desde muy joven. De ahí tambien, deduzco, surge tu rechazo a cualquiera de sus formas. Pero debes saber, Vangior, que muchas veces lo mejor para destruir el Caos es el propio Caos.

-Si vos lo decís...

Los caballeros dejaron a sus monturas firmemente atadas al otro lado de la explanada donde iban a encenderse las hogueras y plantar las tiendas. Vangior y Kraelas los miraron con inquietud, pero Ohenna dijo que ya se les había alimentado con una comida especiada que suprimía su apetito durante algunos dias, a la vista del viaje que les aguardaba, aunque por desgracia tambien menguaba un poco la rapidez de sus reflejos. Vangior se imaginaba que más que especies lo que les habia añadido era algún tipo de veneno de bruja, diluido y mezclado para no dejarlos en coma, pero prefirió callárselo.

La hechicera encendió dos fuegos verdes echando unos polvos al suelo y pronunciando unas pocas palabras, uno al lado del otro, y todo el grupo se sentó para tomar la cena. Los caballeros de la hechicera traían alforjas con carne picante, vino tibio y toda clase de fruta sabrosa y en un buen estado envidiable. Las llamas mágicas no crepitaban ni hacían ningún ruido, asi que comieron en un perfecto silencio.

Vangior masticaba un pedazo de carne de venado, cabizbajo, cuando sintió que alguien lo observaba, y al levantar la cabeza vió que a su lado estaba sentado el caballero que escoltaba a Ohenna, el del pelo rojo con trenzas. Parecía muy joven y lo miraba con un descaro que podía rayar en la provocacion, de no ser por su sonrisa carente de malicia.

-Soy Eryard, capitán de los guerreros de Tahr, y consorte de la dama Ohenna -dijo el guerrero joven.- Esto último no es un gran mérito, ya que la señora cambia de compañero de cama noche sí y noche no, pero no por eso me enorgullezco menos. He oido mucho hablar de ti. Entre rumores y hechos, hay para llenar muchos libros...

-No me gusta hablar de mí. Es un placer conocerte, Eryard. Dime, ¿cómo es la vida en el Dominio?

-Placentera, sobre todo.-el joven mordió una ciruela y miró la hoguera con ojos soñadores.- Fuimos muy pocos los elegidos para defender a la dama, y creo que todos y cada uno de nosotros estamos muy agradecidos.

-Eso no lo dudo.

-Seguro que os gustará. Si no, tendreis que esforzaros porque asi sea. Será la única morada que conoceréis el resto de vuestra vida, si es que no acabamos pronto con nuestros enemigos.

-¿Toda mi vida?-el guerrero brujo miró a Ohenna, que se sentaba enfrente suyo, ocupando el estrecho hueco en el que se podía ver entre las dos hogueras.

-¿Asi será?-dijo Kraelas, sonriéndole con frialdad- ¿somos ahora tan prisioneros como lo fue nuestro amigo?

-Nos habéis conocido y vuestra lealtad aún es dudosa. -dijo Eryard con calma.- Aunque mi señora pondria la mano en estas mismas llamas por vosotros, aún os queda por demostrar...

-Calla, Eryard.-dijo Ohenna.- Siempre hablas demasiado. Estás incomodándoles y esto no es lo que deseo.-los miró con sus ojos llenos de misterio y sonrió, los labios brillantes- Somos vuestros amigos y aliados, no debeis dudar de esto. En cuanto a vuestra estancia en mi pequeño reino, será vuestra única forma de seguir con vida. Demasiada gente quiere vuestra cabeza. ¿Queréis ser libres, libres para morir? Pensadlo bien. Sé que estareis de mi lado, el Destino me lo ha dicho.

-Y sin embargo acudisteis a nosotros con una escolta armada.

-Debía protegerme de los peligros que surgieran en el camino. Aunque un enfrentamiento directo es lo último que deseo; no puedo desperdiciar mis escasos pero valerosos soldados, más aún en estos tiempos. No me es nada fácil encontrar, y menos reemplazar gente de esta valía.

-¿Pero nuestras vidas, en cambio, son de lo más prescindibles, no es así?-dijo Kraelas- ¿pretendéis usarnos de escudo para vos y vuestro precioso Dominio?

-Es vuestro destino-dijo Ohenna.- Especialmente el de Vangior.-La hechicera miró con solemnidad al guerrero de pelo ceniciento, que de nuevo estaba cabizbajo y con el rostro envuelto en sombras.- Defenderás esta tierra contra el Caos, en ocasiones, usando las armas del Caos. No por el Orden, ni por la justicia, sino porque así debe ser. El Destino lo ha decretado.

-El Destino...puede decir lo que quiera. Y yo haré otro tanto, hechicera -respondió él con una voz que sonó hueca.

-Sólo dice lo que será, o lo que debe ser. Pero ya basta. No hablemos con palabras de esta gravedad aquí, os lo ruego. En este lugar aún no estamos a salvo, ni protegidos por las murallas invisibles que circundan mi reino.

Terminaron de comer sin que nadie pronunciara una palabra y se plantaron las pequeñas tiendas de pieles individuales. Pareció que Kraelas esperaba que Ohenna lo invitara a la suya, pero se quedó con las ganas, al igual que Eryard, aunque pareció mucho menos resignado. Por su parte, Vangior prefería dormir sólo. La conversación le había quitado toda clase de apetito carnal. Ahora tenía una impresión fría y distante de la hechicera, por muy cordial que se hubiera mostrado, y ni sus ojos ni su piel pálida conseguían arrancarle el menor retazo de deseo.

Las llamas verdes seguían ardiendo, horas más tarde, en medio un pequeño bosque de pieles y seda negra, cuando un chillido que helaba la venas los puso en pie a casi todos. Vangior no había podido dormir y cuando todos empuñaban ya las armas se lo encontraron subido en una alta roca, inmóvil como una estatua; sólo la espada negra oscilaba en torno a sus pies, amenazadora. Kraelas lo miró desde abajo, con el yelmo aún en la mano.

-¿Qué ha sido eso?

-Vienen a por nosotros.

-¿Quienes?

-Ellos.

Cuatro sombras alargadas se materializaron en el cielo nocturno. Kraelas tuvo la absurda impresión de estar viendo peces que se movían por el océano negro del cielo devorando otros más pequeños, que eran las estrellas. Los peces voladores dieron vueltas en torno a ellos, como anticipando el festín, y en cuanto un par se acercaron, las llamas mágicas los perfilaron con total claridad.

No eran peces, aunque su forma sugería vagamente la de una criatura marina. Con esa luz parecian totalmente verdes, pero al verlos con más detenimiento se descubría el azul e incluso morado en su carne de apariencia gomosa. Eran criaturas aplanadas, sin rasgos ni más mandibulas que unas pinzas insectoides que se abrían y cerraban, y el lomo surcado por espinas y espolones afilados. Las colas, rematadas con pinchos de mortífero aspecto, se agitaban con ansiedad, con hambre de muerte.

-Aulladores. Demonios de Tzeentch -Vangior parecía indiferente, casi aburrido al decirlo. Pero sonreía.- Vienen a cortarnos en rodajas, veamos que dice el Destino a esto. Gae Bolg también tiene algo que decir.

"Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león garras sigue teniendo, y las mias son tan largas y afiladas mi señor, como las que vais exhibiendo..."

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12 años 7 meses antes #16194 por ShadowStalker
J****DER!!!! ESTO ES DE PELICULA!!!!

dios mio que currado...!!!! Eres mi Dios druchii...
Enserio... ¿Has pensado alguna vez en dedicarte a la literatura o a trabajar para GW? Los transfondos que crearias serían para despedir a la mitad de la plantilla que tienen...

SIMPLEMENTE BESTIAL!

Me quito el sombrero y te doy mi más digna MATRICULA DE HONOR! :wink:

"Los que me conocen; me temen... los que no; pronto lo haran"

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12 años 7 meses antes #16244 por DyZeR
Me encanta, desde el principio, es brutal, buenisimmo :D lo peor es que nos dejas con la intriga de que pasara ahora!! Pero habra que aguantar :roll:

"<<Hermano, nuestras voces sonar?n como una sola y juntos gobernaremos. Si te sometes a la Oscuridad que yace en tu coraz?n, ser?s conocedor de la verdad>>

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12 años 5 meses antes #18387 por Denkil
.................


Un raudo relámpago azul pasó sobre su cabeza y se perdió a sus espaldas. Mientras se giraba, aún aturdido, un silbido y un grito le indicaron donde debia buscar los estragos de su paso. Un guerrero de brillante armadura caia lentamente de rodillas, braceando. No tenía cabeza, en su lugar un surtidor de sangre brotaba como una fuente. El corte había sido perfecto.

"¡Que rápidos!" el corsario buscó al enemigo en todas direcciones. A seis metros a su izquierda vio el rostro azul del demonio, las fauces babeantes y repletas de colmillos de un blanco satinado.- "Y que feos son, los muy bastardos."

Sentía una rabia sorda contra aquellos seres, pues la derrota contra los wendigos aún estaba demasiado reciente en su memoria. Almenos a estos los superaban en número, pero no estaba seguro de que, indiviualmente, fueran enemigos menos formidables.

Las saetas volaron, pero casi ninguna acertó su objetivo. Los Aulladores se movían demasiado deprisa. Le pareció ver a uno retorcerse, con un par de astas sobresaliendo del lomo, pero enseguida prosiguió con su vuelo acechante. En la creciente euforia del combate, donde todo se tornaba extrañamente irreal y el tiempo parecia detenerse, le parecío oir el rugido de los gélidos, sus pataleos nerviosos, y el cántico vibrante de una voz femenina. No se atrevió a mirar; distraer la atención de aquellos seres tan letales aunque solo fuera por un segundo podía significar la muerte. El hacha se movía en circulos nerviosos en sus manos.

"Ellos dominan el aire, y por lo tanto el combate. Solo ellos deciden cuándo y donde quieren atacar. -razonó Kraelas.-" Hasta que la hechicera no invoque algo que los entretenga, somos vulnerables".Vangior estaba a su lado, inmóvil y en tensión. Cogia la larga empuñadura de su espada a la usanza de un arma de asta, como si estuviera pensando en usarla como una pica.- "Si esa espada es la que decía, puede que fuera capaz..."

Otro aullador se lanzó en picado, esta vez directamente hacia él. "Viene a por mí", Kraelas sintió como las garras del miedo le arañaban la nuca, pero aún era capaz de sostener con firmeza su arma. La bestia ya estaba sobre él, un borrón azul y verde contra el cielo negro. De repente, algo lo derribó con un golpe seco. Cayó sobre el lado izquierdo, y el hacha casi se soltó de sus dedos.

"Pero qué...- se puso en cuclillas y miró hacia arriba, con los ojos desorbitados.-"¡Está loco!"

No podía creer lo que veía. A tenor de las exclamaciones de asombro y los gritos a su alrededor, no era el único. El aullador luchaba por elevarse y se contorsionaba con furia, pero el peso añadido de la espada que lo atravesaba de parte a parte y el guerrero de pelo gris colgado de ella hacia muy poco por facilitarle la tarea. Vangior retorcía el arma y buscaba con desesperación un punto de apoyo para extraerla, pero su rival se sacudía con demasiada violencia y le propinaba azotes con la cola espinosa.

"Lo va a matar. El idiota se ha precipitado" Kraelas se adelantó, a esa altura era posible que pudiera abrirle un tajo en el vientre, y sin apenas saltar. Fue consciente de su propio grito de guerra y de que el hacha rúnica subía y subía, para finalmente encontrar un muro de carne blanda y elástica en la que rebotó." Es el miedo. El miedo mina mis fuerzas. Tranquílizate o tú también morirás."

Algo le salpicó desde lo alto. Vangior sangraba copiosamente. Tenía la espalda en carne viva por el brutal contraataque del demonio, y aún asi no se rendía. Enmedio del caos, Kraelas pudo serenarse lo suficiente para distinguir que no gritaba de dolor, sino que de su boca ahogada en sangre surgía un grito de guerra.

-¡Khaine! ¡Almas para Khaine! ¡Muere de una vez, engendro!

En ese momento el firmamento pareció dividirse, y una esfera naranja y rosada se abrió en las alturas. Los otros aulladores, que estrechaban el cerco peligrosamente, chillaron y se dispersaron, muy agitados por la aparición del agujero dimensional.

"La hechicera", supo Kraelas. La habia olvidado. "¿A quien, o qué habrá traido?".

Una sombra, tan negra como la noche extendió los brazos fuera del portal y empujó para salir del sombrío plano de la que había sido llamada. Una enorme testa hecha de sombras asomó a su mundo y atisbó la escena con sus ojillos rojos y brillantes. Siseó algo en una lengua que Kraelas no pudo entender y se mostró en todo su esplendor: unas alas humeantes que sostenían un cuerpo de serpeinte, una cabeza de simio cornudo y unos raquíticos brazos casi tan largos como el resto del cuerpo.

-Soy Merezhaan. Me has llamado -dijo con su boca inexistente- y por el antiguo pacto estoy obligado a obedecerte. Dime que quieres que mí.

-Merezhaan -oyó decir a Ohenna-, estos demonios son mis enemigos. Ayúdame a destruir sus almas y podrás regresar a tu hogar.

-Tú ordenas, Druchii, y uno obedece.

Merezhaan se lanzó sobre los tres demonios restantes, y eligió a uno con rapidez. El Aullador le salió al paso, pero el demonio sombríó dio un alaeteo, esquivandolo, y extendió sus garras de sombra sobre el demonio de Tzeenztch. Merezhaan era inmenso, casi tres veces mayor que su enemigo, aunque parecía mucho menos fuerte. Lo abrazó al tiempo que enroscaba su cuerpo serpentino alrededor de la criatura con aspecto de pez, y las alas se cerraron sobre ambos, como el manto que oculta a dos amantes. La sombra y la amorfa masa azul se fundieron en uno, humearon, brillaron y desaparecieron.

Kraelas imaginó por un momento el lugar al que habían ido a parar, y la bilis le subió por la garganta.

"Uno menos". Al alzar la vista vio que Vangior habia logrado impulsarse sobre su propia arma y se izaba hasta apoyar los pies sobre el vientre del demonio herido, para después tirar con rabia en un intento de extraer el arma. Kraelas notó que toda la furia y el miedo acumulado hervían en sus venas, y cuando la cola descendió de nuevo saltó y descargó de nuevo el hacha. Está vez algo azul y gomoso cayó al suelo, al lado de sus pies, y lo único que azotó a Vangior fue un inofensivo muñón de sangrante icor verde.

Los caballeros de Ohenna parecían haberse envalentonado. Algunos ya montaban sus gelidos y amenazaban a los dos demonios restantes con sus lanzas, los otros habian formado lineas de defensa a pie, escudo contra escudo. Kraelas se sintió algo aliviado. Eran más disciplinados de lo que pensaba; almenos ninguno habia huido. Sorprendido, se dio cuenta de que solo habian pasado unos pocos segundos desde la aparición de los aulladores, aunque su percepción y sus sentidos le decian que llevaban varias horas luchando.

"Mátalo de una vez, maldita sea". El aullador moribundo habia logrado elevarse unos cuantos metros, y asi ponerse de nuevo fuera de su alcance. Aún podia dar mucha guerra. Poco a poco, el guerrero brujo extraia su arma, desgarrando con el filo espinado de la Gae Bolg los inmundos órganos de la criatura del Caos. Las heridas de su espalda se habian cerrado, aunque tenia la túnica y la armadura de cuero destrozadas. Pero la sangre del mismo demonio que intentaba matar lo mantenía con vida, observó Kraelas. "La caida aún podria matarle. Espero que esa espada pueda tambien reconstruir huesos rotos."

-Sólo son dos, y montados no les será tan fácil descuartizarnos.- Eryad se había puesto a su lado, y lo miraba desde la alta grupa de su furioso gélido de guerra, todo arrogancia y seguridad. Unos cuantos jinetes se agruparon a su espalda, vigilando a la pareja de aulladores, que de súbito habia adoptado una conducta mucho más cauta- Yo apostaria antes por mi corcel que por ese demonio, ¿tú no?

-Tenemos que atacarlos por separado. Si formamos dos grupos y los aislamos...

-Son bestias astutas, no caerán en la trampa. Debemos esperar a que ataquen, y no darles respiro. La señora está reuniendo fuerzas para llamar a otro aliado.

Kraelas se dio la vuelta para mirar a Ohenna. Tenia los brazos tendidos al cielo y los ojos en blanco, pero aunque sus labios se abrian y cerraban de ellos no surgía ni una sílaba.

Un fuerte impacto húmedo llamó la atención a su derecha. El aullador había caido. O almenos, la montaña amorfa de carne verdeazulada que una vez habia sido digna de recibir ese nombre. Vangior había quedado debajo y gritaba con un poseso. Salió de debajo de la escoria demoníaca, que ya empezaba a fundirse con las nieblas de la disformidad, y agitó su arma en busca de otro enemigo. Los guerreros del Dominio retrocedieron ante el aspecto de su aliado, todo furia blanca y ojos dementes cubiertos por una pelicula de sangre. Parecía mas demonio que elfo, o una blasfema mezcla de ambos.

Kraelas se le acercó.

-¿Estás.... bien?

Vangior pareció no oirle, nisiquiera verle. La espada negra no dejaba de moverse en su mano; parecía que buscara un rastro. No bien sus ojos carmesíes advirtieron la presencia de los demonios volando en circulos, se lanzó corriendo a por ellos.

-¡Espera, debemos hacerles frente juntos!- Un soldado le cortó el paso a lomos de su gélido. Vangior lo esquivó ...

...y la Gae Bolg, como en un balanceo casual, cayó sobre el caballero y hendió su cuerpo hasta el esternón. Su portador no le dedicó ni una mirada de reojo, y al sacarla reanudó la carrera.

Ignorando los gritos y maldiciones que dejaba atrás, esgrimió la Arrancaentrañas como una lanza y la arrojó con un grito casi animal. El arma voló diez metros, viró en el aire y ensartó a uno de los demonios voladores, con tanta violencia que la cruz desapareció dentro del cuerpo blando de la abominación.

La bestia empezó a caer. Vangior avanzó hasta situarse bajo ella, y cuando esta recuperó el control casi al ras del suelo dio un salto monstruoso y cayó sobre su espalda. Una espada corta de hoja brillante apareció en su mano, y con un alarido de cruel alegría, el guerrero oscuro empezó a a arrancar con frenesí surcos de dolor en la espalda del demonio. Ni por un momento su precaria posición amenazaba con hacerle perder el equilibrio y caer.

Kraelas se oyó soltar un grito triunfal. A su lado Eryard temblaba.

-¡Increíble! el modo en que se mueve, es como....

-...como una pantera, si.- "Pero en eso no es tan distinto de la mayoría de nosotros." Kraelas sentia una extraña satisfacción ante el temor respetuoso de su nuevo aliado. Conocía a Vangior de un modo del que nadie más se podia jactar, lo suficiente como para casi comprender qué era lo que le permitía sobrevivir siempre, seguir adelante pisoteando los cráneos de los caídos, cuando todo indicaba que debería haber seguido el mismo destino que estos. "Es la vitalidad, la furia, la determinación. No le interesa el poder, jamás lo ha hecho. Pero ahora hay algo más. Algo más aparte de la Espada Bruja. Un odio ardiente y un desprecio ilimitado por su propia vida y las de los demás. No tiene nada que perder...pero lo quiere ganar todo."

El único Aullador ileso, tal vez recurriendo a algun vestigio de primitiva inteligencia animal, decidió que estaba todo perdido y se lanzó contra la caballería de Eryard cortando el aire. Kraelas alzó el hacha instintivamente, y Eryard alzó la espada y el escudo. pero la bestia no habia elegido como objetivo a ninguno de los dos. Pasó como un virote asesino por delante de sus narices, y se elevó sin disminuir su velocidad e ignorando las dentelladas de los gélidos, que rompían la formación intentando atrapar al demonio.

Finalmente dio un giro, se deslizó hasta un caballero solitario y con una simple ondulación de su cuerpo aplanado segó su vida arrancándole la testa con los colmillos. El gelido sin amo se elevó sobre sus patas traseras, bramando, pero el demonio no le prestó la menor atención. Pasó rasante sobre otro guerrero montado chasqueando los colmillos, y cuando se alejó un torso brillante inundaba de sangre sus mandibulas.

"Que astuto." pensó Kraelas, lamentando no haber traido su ballesta. Siempre habia sido un tirador muy hábil." Sabe que contra una formación compacta no tiene ninguna posibilidad. Quiere dispersarnos e intentar matarnos a cada uno por separado"

Pero el demonio cometió un error fatal. Al contrario que los mortales, poseia una mente predecible, incapaz casi de improvisar. Al intentar repetir de nuevo la treta, se encontró con que cerraban la trampa a sus espaldas. Al tiempo que la victima elegida se arrojaba al suelo justo antes de poder ser alcanzada, otro gelido apareció por detrás y cerró sus fauces sobre la cola verdeazulada. De un tirón, el corpulento reptil lo arrojó al suelo. Los otros caballeros se acercaron, con las espadas y lanzas listas. El aullador no dejó de debatirse y consiguió matar a otro caballero hundiendo uno de sus espolones en el cráneo desportegido, pero ello no impidió que en menos de diez latidos de corazon quedara aún más despedazado que su compañero.


De repente, el silencio invadía de nuevo el valle, tan rápido e inesperado como habian llegado los demonios del dios del Cambio. Ohenna habia interrumpido su canción arcana, y los gélidos resoplaban en busca de más presas para aplacar su sed de sangre.

Kraelas buscó a su amigo. Por un segundo, temió que demonio y elfo hubieran caido al abismo, pero en el otro extremo de la hondonada distinguió un leve movimiento. Corrió hacia allí.

Un aullador, con las entrañas desparramadas sobre las rocas se sacudía en sus últimos estertores. A su lado, Vangior, apoyado en su espada negra como si se tratara de un bastón, intentaba lastimosamente tenerse en pie. Las rodillas se le doblaban sin que pudiera evitarlo. En cuanto vio a Kraelas extendió un brazo hacia él. Tenia varios dedos rotos.

-Llévame...un cadáver...

-¿Qué?-Kraelas le pasó el brazo sobre el hombro y dejó que apoyara su peso en él. Empezaron a regresar con los demás todo lo rápido que les permitía la cojera del guerrero de cabello gris. Hizo una mueca al notar un pinchazo en las costillas. Cuando bajó la vista, vio que algo blanco y grueso sobresalia de las costillas de Vangior. Estaba roto en un extremo: el maldito colmillo partido de un demonio.

-Éste casi te mata -dijo, sonriendo.- Mírate, das asco.

-Ha sido por la caida. Lo... maté rápido...

-Siempre fanfarroneando. Nunca cambiarás.

-Cállate- Señaló con un dedo roto el cuerpo de un caballero decapitado. Tenía un ojo cubierto de sangre, y aparentemente ciego. -Llévame...hasta ése....la sangre...

Kraelas lo comprendió al instante. Cuando llegaron frente al muerto, Vangior cayó de rodillas, alzó la espada con fuertes jadeos y la dejó caer sobre el pecho del soldado. Con la otra mano se arrancó el colmillo hincado en su pulmón, y lo arrojó lejos. El corsario creyó escuchar un repugnante sonido de succión, y el tipo de gemido que se emite al llegar al clímax sexual. Se sintió profundamente perturbado, pero enseguida tuvo otras cosas de las que preocuparse.

Eryard habia llegado hasta ellos, y le rodeaban un circulo de guerreros en armadura de miradas sombrías.

-¡Monstruo! has matado a Dagnhu y nos has puesto en peligro -exclamó el Druchii de cabello rojo fuego, con todo el frío del Norte en la voz.- No sólo has derramado sin razón la sangre de un aliado, sino la de un congénere. ¿Cuál es tu excusa?

Tras unos segundos de inmovilidad y tenso silencio, Vangior se irguió un poco y lo miró con una expresión vacia. Su ojo izquierdo ya podía ver de nuevo, pero algunas heridas no se habian acabado de cerrar y en ellas el hueso aún era visible.Y la espada se seguía alimentando.

-Se... puso en mi camino.

-Yo haré mucho más que eso, te lo prometo. Algun dia, cuando nuestra causa obtenga la victoria, responderás por esto.

-¿Quieres matarme, Eryard?- por lo visto la idea le parecía a Vangior muy divertida.-¿Qué te lo impide?

-Mi voluntad. -dijo Ohenna. Los caballeros del Dominio se separaron para dejarla pasar.

-Oh, supongo que debo agradecéroslo. No sé si la sangre de vuestro cachorro seria de mi agrado -Vangior habia terminado con el muerto. Flexionó los dedos de ambas manos, asintió y guardó la Gae Bolg con tranquilidad.- Desde luego, será preferible a la de los demonios, tan viscosa y agria. Me repugna, y saber que ahora corre por mis venas me pone enfermo. Y puede que tambien sea preferible a la de vuestros soldados -le dio una patada al guerrero descabezado. Varios guerreros se adelantaron con las espadas desenvainadas y un tintineo de metal. Ohenna los detuvo con un gesto.

-Vangior,-dijo la hechicera con suavidad- ¿porqué no decis la autentica razón? ¿porque no compartis con nosotros que realmente no siempre controlais esa espada, sino que es más bien al revés? ¿Que la antigua Espada de las Brujas es un demonio hecho acero, caprichoso e indolente ante los deseos de su portador?

-Porque no es cierto. Ni de vuestra incumbencia, si lo fuera.

-¿Decís que miento? pues oidme bien, algún dia esta mentira os traerá un dolor más profundo que el que hayais experimentado en toda vuestra penosa vida.

-Qué poético. ¿Quién os lo ha revelado? ¿vuestro amigo, el Destino?-se burló el Druchii.

-No -respondió la Señora de Tahr. A Kraelas le pareció repentinamente muy triste.- Sólo es una intuición.

"Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león garras sigue teniendo, y las mias son tan largas y afiladas mi señor, como las que vais exhibiendo..."

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12 años 2 semanas antes #21973 por Rakharth
Denkil, te felicito!!! En pocas ocasiones he tenido el placer de leer un relato druchii tan weno como este (estoy planteandome seriamente incluirte en mi lista de escritores favoritos)
Hace tiempo que empecé a leer tu relato, pero me marché a viciarme a otras partes una temporada y hoy por fin lo he terminado... Me lo imprimi primero de la sección que hizo VaeL para ti, pero luego, rebuscando este post me di cuenta de que habia más!!
weno, sólo decirte ya que esta muy currado y que ya estoy esperando la siguiente parte.
Venga, un saludo!!

"Prepara a mis más hábiles torturadores,para que destrocen su espíritu y su cuerpo se asemeje más a un pellejo vacío"

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