Morendil


Bruma


Jueves, 5 de Sigmarzeit:
Después de haber aprovisionado el barco con agua dulce para llegar a Bilbali, partimos hacia dicha ciudad. Dejamos el puerto de Marienburgo al amanecer, cuando los pesqueros se hacían a la mar. El viento nos empuja desde popa, y va a ser otro plácido viaje de rutina.

Domingo, 8 de Sigmarzeit:
Navegamos bordeando la costa Bretoniana, dando a la tripulación un descanso en L’anguille. Algunos pescadores han advertido que una extraña bruma que amenaza con dificultar la navegación al oeste del bosque de Arden, y nos invitan a postergar nuestro viaje hasta que amaine, pues algunos botes han desaparecido en alta mar. Acostumbrados a la niebla de Altdorf, no nos asusta navegar a través de ella y confiamos en los aparejos y en nuestra vieja nave, por lo que ordené proseguir la marcha muy a pesar de algunos tripulantes.

Lunes, 10 de Sigmarzeit:
Nos encontramos algunos bancos de bruma que amainan y se vuelven a formar irregularmente. Cabe remarcar que la temperatura disminuye notablemente, por lo que el fenómeno empieza a asustar a algunos tripulantes supersticiosos, que dicen que esta bruma precede a la muerte. Les hice callar so pena de arresto, para no extender el pánico entre la tripulación. A parte de eso no hemos tenido ningún retraso adicional. He ordenado apostar más vigías dada la escasa visión de que disponemos.

Lunes 10 de Sigmarzeit; algo más tarde:
Esta bruma atrae a criaturas del abismo. Los vigías han visto dorsales y colas de tamaño desproporcionado salpicando el agua donde la bruma les dejaba entrever la distancia. Pasan sólo tres horas de mediodía, y ya la luz empieza a no poder filtrarse. El viento se está haciendo más racheado y cortante. No quiero hacer que decaiga el ánimo de mi tripulación mostrando mi flaqueza, pero encomiendo nuestra suerte a Sigmar. Un joven marinero dice además haber visto una sombra espantosa sobrevolarnos. Esto ha hecho que la tripulación estuviese apunto de amotinarse hasta que he decidido rectificar el rumbo y dirigirnos hacia Burdeleaux. Nuestra travesía será lenta por el irregular viento. Que los dioses nos ayuden.

Miércoles, 12 de Sigmarzeit:
Hemos abandonado toda esperanza. A nuestro alrededor se cierne un frío invernal acompañado de la misma bruma. Por dos ocasiones nos hemos topado con ellos: La primera, una construcción de metal irregular, con crestas amenazantes montada sobre un engendro marino que se movía independientemente al viento y con una gran velocidad. Al dar con nosotros, sonó un estridente cuerno procedente de la construcción como si fuese el graznido de alguna horrorosa bestia, y que erizaría el pelo de cualquiera. Inmediatamente y con la velocidad y precisión del rayo, unos grandes virotes negros salieron de un recoveco de la construcción para rasgar nuestra vela mayor. No quiero imaginar las heridas que harían esos virotes en el cuerpo de una persona, cuando tan pocos causaron grandes daños en nuestra vela. Habiéndonos privado de nuestra vela, decidimos arriar las velas restantes por el repentino vendaval que se formó a nuestro alrededor, y en cuanto amainó, una nave veloz y de pequeñas dimensiones apareció ante nosotros. Ahora se dirige hacia nosotros a gran velocidad, y presos del pánico decidimos ahora cargar nuestros cañones y esperar el ataque. Debo reunirme con mi tripulación; Espero poder volver a escribir este diario, pero si no es así, fue por que perecimos ante el terror personificado.

Miércoles, 12 de sigmarzeit; algo más tarde:
Escribo estas últimas líneas postrado en un tablón de lo que era una nave comercial del imperio, siendo conocedor de la muerte o captura de mis hombres, teniendo que sobrevivir para poder narrar las atrocidades que hemos sufrido.
Su nave se aproximó velozmente, impulsada por innumerables remos. Al principio pensamos en rechazar el ataque virando para dejar el barco incursor a nuestro estribor y castigarlos con nuestras ráfagas de cañones; pero mis hombres eran incapaces de disparar debido al entumecimiento de sus músculos causado por este anormal frío. Al ver esto, ordené a mis hombres (ahora desesperanzados y maltrechos física y mentalmente) que se preparasen para luchar. Nos dispusimos a esperar su acometida, intentándonos llevar los máximos posibles a la muerte con nosotros. A medida que el barco se acercaba, podíamos reconocer las caras de quien nos atacaba: caras de ojos penetrantes, amenazantes que auguraban lo que encontraríamos. Gente ataviada con túnicas que parecían arrancadas de dragones. A unos veinte metros por encima de sus cabezas, una nube de sombras humanas aladas reía ansiosamente, esperando la reacción de la tripulación. Tras el grito de el que parecía el capitán (un individuo con una armadura más ornamentada y con espadas de las que manaba un líquido negruzco), se lanzaron al ataque. En mi vida vi destreza semejante. Salvaron la distancia entre las dos naves con un prodigioso salto, sin caer por la borda, y aterrizando con una extremada agilidad. Nuestros disparos les diezmaron extremadamente poco; parecía que esas capas eran mejores incluso que las armaduras de placas del imperio. Armados con armas livianas y afiladas, giraban sobre sí mismos, en un huracán certero que hacía que mis hombres cayesen a sus pies. Algunos, trepaban con la rapidez de un gato por las velas, y en hallar un punto de apoyo, se sujetaban con las piernas y disparaban unas ballestas ligeras con una cadencia extraordinaria. Cuando hubieron diezmado la tripulación y los míos se rindieron, las formas voladoras se abalanzaron sobre los heridos destripándolos con sus garras, mientras los incursores maniataban a los pocos supervivientes.. En lo referente a mí, conseguí escapar... o eso parece. Después de haber sufrido un importante tajo en el brazo por el hombre que parecía estar al mando caí al suelo sin fuerzas, mientras mi herida sangraba sin cesar. Herido y cada vez más débil me escondí bajo unas velas y allí esperé hasta que se marcharon. Ahora siento como me abandonan las fuerzas, mientras mi herida no para... de supurar un líquido... amarillenttttto... parece que el vennnneno del arma... ... del hombre que est....