CAPÍTULO 1

El cielo de la noche estaba totalmente oscuro, como si la mismísima luna hubiera querido ocultarse. Las calles de Clar Karond estaban desiertas, con un sepulcral silencio que ponía los pelos de punta. Sin embargo, cada cierto tiempo, gritos de terror desgarraban repentinamente la noche, consumiéndose tan rápido como aparecían. Era la Noche de la Muerte, la noche en que las Elfas Brujas buscaban a las víctimas que les servirían para llevar a cabo sus orgías de sangre y sufrimiento, que culminarían con el baño de las Reinas Brujas, las más ancianas de entre las Brujas, en los Calderos de Sangre, que les harían recuperar un año más la juventud que día a día perdían haciendo que pareciesen cascarones marchitos.

Resail Daern avanzó por las calles con una tranquilidad total y absoluta. Era un varón, y sin embargo no parecía temer a las Elfas Brujas en esta noche fatal. Caminaba con decisión, ya que la oscuridad no es un gran inconveniente para los elfos oscuros, que pueden ver en ésta con relativa facilidad. De repente, casi como una sombra, apareció delante de él una Elfa Bruja. Su pelo estaba teñido de color púrpura y portaba una espada en cada mano. Miró a Resail con ojos sedientos de sangre y le habló.

-Eres o muy estúpido o muy valiente para caminar por las calles esta noche, pero sea lo que seas vas a morir.

Resail sonrió y le hizo un gesto con la cabeza para que se apartara.

-Reza lo que sepas, porque te vas a unirr con Khaine en unos momentos –dijo la Elfa Bruja al tiempo que se abalanzaba sobre él.

Resail permaneció inmóvil mientras la Bruja se acercaba a toda velocidad con la espada de su mano derecha por delante. El elfo parecía que iba a dejarse matar, pero justo en el último momento echó su torso hacia atrás esquivando lo que parecía iba a ser una estocada mortal de la Bruja y sacó una cimitarra de debajo de su capa que clavó en el estómago de la elfa aprovechando el impulso de ésta. La Bruja solo pudo ver como Resail se marchaba con la misma tranquilidad que había tenido antes del encuentro.

Las puertas del templo de abrieron súbitamente, y la figura de Resail apareció imponente. Una decena de Elfas Brujas se encontraban en el vestíbulo principal arrastrando a un número igual de varones listos para ser sacrificados. Resail las saludó con la cabeza y se introdujo en el templo ante la atónita mirada de las Brujas. Avanzó por los pasillos con seguridad, como si hubiera pasado allí toda su vida. Escuchaba a su alrededor gritos de dolor y agonía, a la vez que risas de siniestro placer. Resail entró en una gran sala que mostraba un espectáculo tremendo. Docenas de Elfas Brujas se encontraban desnudas y en su mayor parte cubiertas de sangre practicando sexo entre ellas mientras torturaban hasta la muerte a los varones elfos oscuros que iban capturando en la noche. Los cuerpos de éstos estaban atados en las columnas y en diversos aparatos especialmente dispuestos para la tortura. Las Elfas Brujas practicaban todas las formas de ejercer dolor que eran capaces, llegando incluso a arrancar los miembros de las victimas mientras estaban aún con vida. Otras, mientras se daban placer, devoraban los corazones de algunos varones untando después de sangre todo su cuerpo. La sangre de esta noche iría a parar a los Calderos de Sangre. Resail prefirió que éstas no le viesen, y caminó entre las sombras hasta una puerta lateral que comunicaba con un estrecho pasillo. Normalmente las Elfas Brujas le habrían detectado sin ningún problema, pero en esta ocasión estaban demasiado enfrascadas en sus macabros asuntos. El elfo oscuro siguió su camino hasta llegar al final del pasillo, que concluía en una puerta tallada en roble. Resail respiró hondo, pensando en si realmente estaba seguro de todo lo que estaba haciendo, y empujó con suavidad la puerta, que se abrió sin hacer ningún ruido.

-Hola cielo –dijo Resail con cierto tono de ironía.

Los aposentos en los que había entrado estaban ostentosamente decorados, tapices y pinturas adornaban sus paredes, así como extrañas obras de arquitectura y retorcidas ánforas. Una gran cama se encontraba en el centro y sobre ella, de espaldas, se encontraba lo que parecía ser una  elfa vestida con lo mínimamente necesario. Su pelo estaba teñido de un color azulado y su piel era tan pálida que parecía marfil. Ésta se volvió lentamente y habló a Resail.

-No deberías haber venido. NO en este día.

Los ojos de la elfa parecían despedir fuego , aunque Resail no tenía claro si la razón era el enfado que parecía tener. Ésta era hermosa, pero no tenía la típica belleza convencional, si no una belleza salvaje, casi felina.

-Mañana saldremos, y querida Yasanna, neecesito que me prestes a algunas de tus niñas.

-Pero la Reina Bruja podría enterarse –YYasanna meneó la cabeza con preocupación-. Que hayas venido en alguna ocasión anteriormente ya era un problema para mí, pero hoy es la Noche de la Muerte, la simple idea de que un varón ande campando a sus anchas por aquí es un enorme sacrilegio.

Resail negó con la mano mientras sonreía.

-¿Acaso crees que la gran Lucrecia, la RReina del Mar no sabe que estoy aquí? No hay cosa que ocurra en Clar Karond de la que ella no se entere. Por Khaine, ella está tan interesada o aun más que yo en que nuestra misión prospere. Sin lugar a dudas sabe la cantidad de sangre que podemos conseguir para su dios.

-¿Querrás decir para NUESTRO dios?

-Sí bueno, por supuesto. Sabes que quería decir eso.

Yasanna sonrío y apartó la colcha de la cama ofreciéndole un sitio a Resail.

-Hasta que no pase la noche no podré ayuudarte –dijo la elfa-, así que habrá que hacer tiempo.

Resail salió de la habitación un poco antes de que el sol apareciera en el cielo. Una voz femenina salió de la habitación.

-Las Brujas están ya esperándote, que Khaine te proteja de tus enemigos.

-No, que Khaine me proteja de mis amigos, de mis enemigos ya me encargo yo.

-Bien, pues que así sea.

-Por cierto –dijo Resail volviéndose-, ddeberías dejar de comer carne cruda, tú aliento apesta cuando lo haces.



CAPÍTULO 2

La bruma matinal se movía lentamente entre los retorcidos árboles del bosque, como si de un ser vivo se tratase. Los árboles eran de un color muy oscuro, casi negro, y solo unas pocas hojas muy alargadas adornaban sus ramas. Algunas porciones del suelo estaban cubiertas de nieve, y en el resto solo crecía un poco de hierba de un color amarillento. Todo un ejército se encontraba acampado entre los árboles, intentando protegerse del frío de la mejor manera posible. En lo alto de una pequeña colina se encontraban dos figuras hablando entre ellas.

-¿Por dónde crees que vendrán?

-Lo lógico sería aprovechar la coberturaa de las montañas, pero saben que utilizar el paso sería exponerse a una emboscada casi segura –el que hablaba era un elfo oscuro con un pelo de color azabache cortado muy corto-. En la parte norte el clima es mucho más duro, pero a la vez es más fácil ocultarse de posibles exploradores enemigos. La parte sur hace que se pueda avanzar más rápida y cómodamente, aun a riesgo de ser descubiertos. Sus tropas están decididas y nos odian con todas sus fuerzas después de nuestra última incursión, así que no creo que les importe lo duro que pueda resultar el trayecto, aun así son astutos, y no se lanzarán locamente por ninguna ruta, si no que intentarán crear alguna distracción. En definitiva, creo que nos mandarán un cebo por el sur de las montañas y que utilizaran la ruta norte, que no deja de ser la más directa, y que aunque sea más dura es más segura para ellos.

-Excelente Belgos. Por fin estás aprendiendo a comprender la mente del enemigo y no sigues las estúpidas y rígidas lecciones de estrategia que te han dado en Clar Karond. Has liberado tu mente, y eso te hace más poderoso que tus enemigos.

Belgos sonrío con orgullo. Hacía unos cuatro años que estaba a las ordenes de Resail Daern, pero sólo desde hace seis meses se había convertido en el segundo al mando en sus ejércitos. Había sido sin dudas el mejor de su generación en la Academia Jer’yanne, el lugar donde los varones de las casas nobles se instruían en las artes de la guerra. Cuando Resail lo reclutó para su ejército, acostumbrado a destacar entre sus compañeros de la Academia, pensó que ascendería rápidamente en sus filas, pero tuvo que ver como Resail estaba en desacuerdo en la mayoría de las acciones que realizaba, manteniéndolo entre los simples soldados durante todo un año. Cada vez que hacía algo Resail conseguía encontrarle alguna pega, y aunque no se podía negar que le prestaba una atención especial, cosa que no hacía con ninguna persona más en su ejército, en aquellos momentos habría preferido pasar desapercibido, ser uno más entre las tropas. Solo cuando Belgos empezó a olvidarse de lo que había aprendido en la Academia y se integró entre los que desde el principio había considerado sus inferiores, había empezado a escalar en la jerarquía del ejército. En aquellos momentos las recriminaciones de Resail se habían convertido en consejos y habían empezado a tener largas charlas, principalmente sobre táctica, pero también sobre geografía e historia de todas las razas. En el último año Resail había comenzado, además, a darle lecciones de lucha, aunque nunca había conseguido vencer a su cimitarra en un combate. Desde que se había convertido en el segundo al mando, su general le preguntaba constantemente sobre qué tácticas tomar y las razones que le hacían decidirlas, pero Resail siempre le corregía uno u otro punto, pero esta era la primera vez que le daba la razón totalmente.

-¿Quiere qué le diga a las tropas que nos vamos? –preguntó Belgos a su general.

-No, deja que descansen un par de horas más, no es conveniente darles algún motivo más para que quieran matarme –Resail acabó la frase con una sonrisa.

-Señor, no creo que nadie quiera matarlee, ha conducido al ejército a una victoria tras otra. Sois sin lugar a dudas el general más admirado de Clar Karond, y posiblemente de Nagaroth.

-Ahí radica el problema. La fama que se llevaría quien consiguiera asesinarme sería tremenda, además, según nuestras costumbres, se haría con el mando de mis ejércitos.

-No creo que nadie fuera tan idiota comoo para atacarle –replicó Belgos con aparente convicción.

-La sed de poder es muy grande en nuestrra raza, no sería la primera vez que intentaran matarme, ni tampoco la última. Hay que tener siempre los ojos bien abiertos, nunca sabes de donde puede venir la traición. Quien sabe, incluso tú podrías estar planeando hacerte con mi puesto.

-Pero... -la voz de Belgos sonó nerviosaa-, señor, yo jamás intentaría nada contra usted.

-Eso espero –comentó jocoso Resail- por tu propio bien. Pero ten en cuenta esto que te digo, jamás te fíes totalmente de nadie, cualquiera puede estar tramando algo contra ti.

-La verdad es que visto así, el poder parece más una fuente de problemas que de cosas productivas.
-Pero sin embrago eso es lo que nos mueve, la búsqueda de poder –Resail sacudió la cabeza-. Pero tampoco dramaticemos, tienen sus cosas buenas, además, no es cuestión de ir todo el tiempo buscando tramas ocultas, ya sabes el refrán...

-Aquel que siempre vigila la espalda encuentra la muerte de frente -dijo Belgos como si recitara una lección.

-Efectivamente.
Belgos se dio la vuelta y observó al campamento.
-La verdad es que es un poco triste mirar las tropas y pensar que cualquiera de los elfos que están ahí podría intentar matarle.

-No, cualquiera no –Resail señaló a la zona donde se encontraban las elfas brujas-. A ellas les importan poco estos asuntos de poder, solo viven para conseguir sangre para Khaine.

-Bueno, no deja de ser un consuelo tenerr al menos a esas valiosas guerreras totalmente de nuestra parte.

-Siempre que Khaine no les ordene matarme –señaló jocosamente Resail.

-La verdad es que nunca he acabado de comprender como pueden aguantar estas temperaturas con tan poca ropa. Resail sonrío ante el sincero comentario de Belgos.

-Quizás sean sus baños de sangre, puede que sea un buen aislante. Quien sabe, puede que debiéramos ir a su templo a probarlos.

-Creo que tratándose de las Elfas Brujass, el único baño de sangre que se daría un varón en el templo sería en la suya propia.

-Al menos no tendría frío al morir.

Los dos elfos se rieron ante este comentario durante un buen rato. Resail pensaba en como había madurado Belgos desde que lo había reclutado para su ejército. Había pasado de ser un chico pretencioso y arrogante, encorsetado en las estrictas costumbres de la Academia, a formar totalmente parte del ejército, tanto en cuerpo como en espíritu. Sin lugar a dudas era el elfo con más talento de todos los que se encontraban a sus ordenes, pero solo en los últimos tiempos Resail había conseguido que ese talento siguiera el camino correcto.

-Vete a descansar un poco –le recomendó Resail a Belgos-, es conveniente que estés en plena forma para cuando comience la lucha.

-Sí, señor –Belfos se dio la vuelta y emmpezó a caminar, pero después de unos metros se volvió súbitamente-. Por cierto señor, ¿qué ruta cogeremos finalmente?

-La ruta del norte por supuesto.

Belgos se volvió con una sonrisa en la cara. Su general había considerado que sus pesquisas sobre el comportamiento del ejército enemigo eran correctas y había decidido guiarse por ellas, y aunque posiblemente ya tenía en mente tomar esta ruta antes siquiera de habérselo preguntado no dejaba de sentirse invadido por un gran sentimiento de orgullo.