Nubes de Tormenta sobre Ulthuan


Hace ya más de un año que empezó la última guerra de Ulthuan. Para los longevos Elfos no ha sido más que un momento fugaz, pero un momento por el que han pagado un precio terrible. Cada Elfo muerto en el campo de batalla significa una pérdida muy dolorosa para los de su raza. A lo largo de los últimos milenios la población élfica ha ido menguando poco a poco y los propios Altos Elfos son conscientes de ser una raza condenada a la extinción, por lo que esta guerra le esta saliendo muy cara. Dicha tragedia se agrava aún más al ser una contienda de Elfos contra Elfos, ya que los únicos que pueden salir victoriosos de esta guerra son los malignos carroñeros que se dedican a roer los huesos de su antaño grandiosa civilización.


Malekith no ha dejado de atacar siempre con la misma ferocidad. Ya ha conseguido tomar un centro de resistencia firme la isla de Ulthuan, donde cada mes desembarcan algunas más de sus tropas. Durante el verano cesaron los ataques contra tan hermosa isla porque Malekith redirigió sus ejércitos para aprovechar que las neblinas de Albión se habían disipado. Los Altos Elfos sabían que el destino de las piedras de Albión estaba profundamente relacionado con el de las de Ulthuan, así que, para proteger dichos lugares sagrados, se vieron obligados a combatir en una guerra con dos frentes. Las flotas del Norte hicieron todo lo posible para impedir que las bandadas de dragones negros tomaran los círculos de piedras.


Dado que Malekith podía dirigir sus tropas a donde quisiera, los Altos Elfos se vieron obligados a dejar un contingente de defensa en la isla de Ulthuan. Esto acabó por costar muy caro a los Altos Elfos y los Elfos Oscuros se apoderaron de una parte precaria, pero muy importante, de Albión.


Malekith envió varias Arcas Negras hacia el norte de Albión sabiendo que así obligaría a los Altos elfos a dividir sus ejércitos en contingentes reducidos. Con una base asegurada ya podía enviar a la mayoría de sus tropas y algunos de sus mejores generales de vuelta a la guerra de Ulthuan. De todos estos generales, quizá el más destacado fue Malus Darkblade. A Malekith le habían impresionado mucho las hazañas de este héroe infame, por lo que, tras la muerte de Kouran, su general de máxima confianza, nombró a Malus comandante de sus ejércitos. Malekith conocía perfectamente la ambición ilimitada y los deseos de poder de este Elfo perverso, pero también sabía que todo esto lo convertía a su vez en un líder formidable.


Después de haber probado su valía en Albión, la primera batalla librada de Malus en Ulthuan acabó en gloriosa victoria. Poco después de desembarcar en Cracia, se topó con una fuerte oposición de parte de los Altos Elfos, así que lo que hizo fue fingir que se retiraba para servir él mismo de cebo. Las tropas de los Altos Elfos lo persiguieron para tratar de capturar al favorito de Malekith, pero Malus les tenía preparada una emboscada. Los lanzavirotes destripador dispuestos sobre los acantilados de los pasos escarpados de las Annulii esperaron a que pasara el contingente de Malus y luego dejaron caer un torrente de destrucción sobre sus enemigos. Los Altos Elfos descubrieron la trampa demasiado tarde y trataron de escarpar el paso, pero Malus había bloqueado el camino de huida con un regimiento de verdugos cuyas espadas se encargaron de que no sobreviviera ni un solo Alto Elfo.


Malus ya podía marchar sin problemas por la costa, con lo que en pocos días se reunió con su señor y maestro Malekith. Malekith seguía aún irritado por su derrota en la Puerta del Fénix a manos de Tyrion, pero Malus le propuso un plan muy astuto y enrevesado para burlar a los Altos Elfos. Nadie tenía aún noticia de su llegada a las costas de Ulthuan, por lo que aconsejo a Malekith que enviara un pequeño contingente con el estandarte de su ejército de vuelta a la Puerta del Fénix con la orden de llevar a cabo un ataque desesperado y suicida. Mientras tanto, el ejército de Malus se uniría a las fuerzas del Rey Brujo y marcharían rápidamente hacia el Sur en dirección a la Puerta del Dragón. Al oír las noticias sobre el segundo ataque en las Puerta del Fénix, los Altos Elfos enviaron tropas de la Puerta del Dagón para ayudar en la defensa de aquel fuerte. Los ejércitos combinados de Malus y el Rey Brujo lanzaron entonces una ofensiva brutal contra la fortaleza poco defendida. En poco tiempo, la Puerta del Dragón se vio abrumada y, por primera vez en milenios, Malekith pudo pasar libremente con sus ejércitos por entre el paso de las Annulii hacia el Reino Interior.


Malekith estableció un campamento base en el interior de las torres de la Puerta del Dragón para pensar cual sería el próximo movimiento del ejército. Malus estaba muy convencido de que debían marchar hacia el Sur para conquistar Tor Elyr. Allí podrían sentar una fortaleza permanente dentro del Reino Interior desde donde Lothern quedaría a poca distancia. Pero, a pesar de que Malekith comprendía las razones del plan de Malus, el Rey Brujo conocía mejor la política que gobierna Ulthuan y tenía pensado un plan mucho más malévolo y maquiavélico. Malekith le ordeno a Malus que dirigiera sus tropas en dirección este, sin llamar la atención, a lo largo de la frontera entre el bosque de Avelorn y las Montañas de las Annulii, un camino que resultaría peligroso debido a que en aquellas regiones mágicas habitan todo tipo de monstruos y bestias terribles. Entonces los dragones de Malekith atacarían al corazón del bosque de Avelorn, hogar de la Reina Eterna. Mientras los dragones lanzaran una ofensiva frontal contra las fuerzas de la Reina Eterna, Malus se encargaría de cortar su retirada, de modo que la Elfa más preciada, noble y bella de toda Ulthuan caería en sus garras. La única orden de Malekith era que Malus no debía tocar un solo pelo de la cabeza de la Reina Eterna. Esta representaba todo lo que Malekith detestaba, en especial las antiguas tradiciones que habían provocado su destierro y que le habían impulsado a seguir ese camino repleto de odio. El Rey Brujo quería disfrutar del placer de enfrentarse en persona a la reina de Ulthuan y contemplar como ella le pedía misericordia. Los habitantes de Ulthuan acabarían pagando un alto precio por todo el sufrimiento que le habían infligido.


El ataque fue tal y como lo había planeado Malekith y sus dragones se elevaron por encima del denso bosque de pinos verdes. Los pájaros y los animales que no cayeron bajo el aliento nocivo de los dragones negro huían ante ellos, así que en muy poco tiempo los dragones pudieron descender sobre los claros del bosque de la Reina Eterna en donde estaba la guarida de su guardia de doncellas. Sin embargo, el Rey Fénix había previsto la amenaza que se cernía sobre la joya radiante de Ulthuan, por lo que envió a sus leales y fieles maestros de la espada a protegerla. El mismo Eltharion había recibido el honor de defender a la Reina Eterna. Tan pronto como se avistó la bandada de dragones, Eltharion reunió a sus guerreros para lleva a la reina a un lugar seguro. Y en aquel preciso momento se enteró de que el propio Malekith lideraba el ataque.


Su corazón le recordó su deber de proteger a su Reina, pero al mismo tiempo todo el rencor y el odio que sentía contra el Elfo que le había torturado y que le había arrebatado la vista le revolvió el alma profundamente. El corazón de un Elfo es noble y fiel, pero cuando entra en conflicto con su espíritu, estalla una guerra interna. De este modo, Eltharion luchó contra sus emociones, pero tal y como había predicho Belannaer, el Señor del Saber, fue incapaz de dominarlas. Al pensar que si podía derrotar a Malekith, la guerra terminaría, retrasó su retirada y de esta manera puso a la Reina Eterna y a Ulthuan entera en el peligro más grande al que se habían enfrentado nunca. La bandada de dragones cayó en picado y atacó a las fuerzas combinadas de los maestros de la espada y la guardia de doncellas.


La Reina Eterna usó la magia para mitigar el ataque de los dragones, pero muchas de sus valientes luchadoras cayeron víctima de aquel terrible asalto. Eltharion se percató del error que había cometido cuando vio cómo sus mejores guerreros sucumbían ante las horrendas zarpas, las garras y el aliento de los dragones. Al final ordenó la retirada, pero ya era demasiado tarde. Sus deseos de venganza habían proporcionado a Malus Darkblade el tiempo suficiente para situar a su ejército de manera que bloqueara cualquier vía de escapatoria.


Con el corazón más lleno de pesadumbre que nunca, Eltharion combatió con una furia rabiosa. Saltando y dando vueltas en el aire fue abatiendo a montones de Elfos Oscuros. Mientras tanto, la Reina Eterna y su guardia de doncellas luchaban contra la ofensiva de las tropas de Malus. A pesar de que el reducido contingente de Altos Elfos combatió con gran destreza y que por cada Alto Elfo que moría mataban a cuatro o cinco Elfos Oscuros, sabían muy bien que todo estaba perdido. Las fuerzas del Rey Brujo y de Malus tenían rodeado al pequeño grupo de Elfos y estos pronto acabarían por cansarse y caer bajo la abrumadora superioridad numérica.


Eltharion luchó junto a la Reina Eterna puesto que había jurado dar su vida por protegerla. Sus agudos sentidos le informaron de que el Rey Brujo y su dragón Seraphon se encontraban por allí cerca, pues el maligno aroma que Malekith desprendía se le había grabado en la cabeza. Por ello, cuando Malekith blandió su espada, Destructora, para golpear a la Reina, Eltharion apareció allí de un salto para defenderla.


Haciendo uso de las técnicas que había aprendido del gran maestro Belannaer durante su estancia de recuperación en la Torre Blanca, dio una voltereta por encima de sus oponentes para detener el ataque. Malekith ya le había ganado y derrotado en anteriores ocasiones y sabía que Eltharion no estaba a la altura del Señor de los Elfos Oscuros y su dragón. Su orgullo le impidió tener en cuenta las nuevas habilidades de Eltharion, mientras que el heroico maestro de la espada, tras meses de entrenamiento con Belannaer, sí que descubrió que con sus nuevas habilidades podía igualar a Malekith en combate.
Malus vio que Eltharion había dejado a la reina desprotegida y entonces concentró sus ataques en esa dirección. Se puso a la cabeza de una carga de gélidos y atravesó todas las defensas, con lo que en un momento se encontró ante la bella Alarielle, Reina de los Elfos. Incluso Malus quedó impresionado por su belleza, pero sabía que tenía que morir. Al matar a la Reina Eterna socavaría el poder de Malekith y obtendría el apoyo político de aquellos que se oponían en secreto al despótico gobierno de Malekith. Alarielle lanzó hechizos para protegerse y para repeler a su asesino en potencia, pero Malus se bebió su elixir mágico para liberar el poder de Tz´Arkan. La belleza de la Reina no tenía ningún efecto sobre el demonio atrapado en el interior del alma oscura y fría de Malus, por lo que este atravesó fácilmente las barreras mágicas de la Elfa. La Reina Eterna cayó al suelo ante aquel ataque y Malus, poseído por una furia asesina, levantó su espada preparándose para golpear.


Justo en aquel instante el bramido de un cuerno resonó por todo el campo de batalla. Todos los que lo oyeron reconocieron el sonido de la carga de los príncipes dragón. Había corrido la noticia de la caída de la puerta y el alto mago Teclis había adivinado correctamente las intenciones del Rey Brujo. El mago le había pedido a Tyrion, su hermano gemelo, que fuera corriendo a toda velocidad para proteger a Alarielle. Su llegada no pudo ser más oportuna. Al ver como Malus se iba abriendo paso hasta su Reina, Tyrion espoleó a su corcel élfico Malhandir para que galopara más rápido de lo que lo había hecho nunca. Los lanceros elfos oscuros formaron una línea defensiva para impedir que el héroe Alto elfo pudiera llegar a salvar a la Reina, pero Malhandir, sin dudarlo ni un segundo, saltó por encima del muro de Elfos. Cuando la espada de Malus caía para asesinar a la Reina Eterna y así acabar con la esperanza de Ulthuan, Colmillo Solar la espada de Tyrion, detuvo el ataque. Inclinándose hacia el suelo alcanzo la mano de la Reina Eterna y tiró de ella hasta sentarla en la silla para luego salir corriendo hacia las profundidades del bosque.


La carga de los príncipes dragón tomó por sorpresa a las tropas de los Elfos Oscuros y golpeó con furia sus flancos desprotegidos. Con las esperanzas renovadas, los maestros de la espada y las doncellas supervivientes contraatacaron haciendo gala de una gran heroicidad. Su Reina estaba salada y eso hacia volvía a llenar de esperanza sus corazones. Ni siquiera la superioridad numérica de los Elfos Oscuros podía vencer a un ejército que ahora luchaba con esperanza y valor renovados. Las espadas de los expertos maestros de la espada cortaron a los Druchii en pedazos a una velocidad de vértigo, mientras que las lanzas de las doncellas acometían contra los vulnerables vientres de los dragones negros.


Eltharion se dio cuenta entonces de que no había sumido a Ulthuan en el desastre, por lo que incluso su amargado corazón se vio aliviado por un momento. Su espada se abrió paso a diestro y siniestro a través de las defensas del Rey Brujo y consiguió atravesar la armadura de Malekith. Por primera vez en su vida, Malekith sintió como el frío acero se hundía en su carne. Tremendamente asustado tras comprobar su propia moralidad, el Rey Brujo, huyó de la batalla y, con el abandono de su señor, los Elfos oscuros se vieron derrotados. Malus dio la orden de retirarse enseguida y, a la vez que los dragones del Rey Brujo se elevaban hacia los cielos, los Elfos Oscuros, huyeron hacia el bosque.


La mayor parte del ejército fue alcanzado y destruido por los príncipes dragón, mientras que los que lograron evitar dicho destino, se vieron obligados a pasar varios días arrastrándose por el peligroso bosque de Avelorn. Tan sólo unos pocos lograron volver a la Puerta del Dragón, donde pudieron comprobar que el ejército de los Altos Elfos había reconquistado su fortaleza. Todavía menos lograron escapar del Reino Interior.


Sentado en su trono en Anlec, el Rey Brujo cuida de su herida, pero el hecho de haber estado a punto de alcanzar la victoria le provoca un dolor mayor que un leve corte en su piel. Su ejército acaba de sufrir un golpe devastador. Y, lo que es peor, su madre Morathi, que gobierna Naggaroth en su ausencia, le ha informado que las Torres Vigía del Norte están siendo víctimas de cada vez más ataque por parte de las hordas del Caos. Su derrota sólo ha hecho acrecentar más su odio y ha jurado que no detendrá la guerra hasta que no llegue a ocupar el trono de Lothern.


Los Altos Elfos han empezado ya una ofensiva para expulsar a los Elfos Oscuros de su isla. Durante algún tiempo no se supo nada de Tyrion ni y la Reina Eterna, así que, cuando finalmente salieron del bosque, todos se alegraron mucho y mismo Rey Fénix se arrodilló en señal de gratitud ante el valeroso héroe elfo. Al hacerlo, un coro de cuchicheos rompió el silencio de las cámaras de palacio, pues la gran mayoría de los presentes quedaron muy asombrados por lo que consideraron un comportamiento insolente por parte de Tyrion.


Pero todavía más sorprendente ha sido que Eltharion haya propuesto dirigir una segunda expedición a Naggaroth para hacer la guerra contra sus hermanos oscuros. La mayoría se opone a llevar a cabo una acción tan agresiva, pero Eltharion no se deja convencer e incluso el Rey Fénix sabe bien que debería dejar que Eltharion libre su propia guerra.


Todos y cada uno de los nervios del cuerpo de Eltharion se activaron de repente. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal alertándole de la presencia del Elfo que le había causado tantísimo dolor. Malekith, el Rey Brujo, se encontraba muy cerca. Sus oídos captaron un leve susurro del viento que le indico que una espada se dirigía en dirección a aquella a quien había jurado proteger. Contorsionó su cuerpo bruscamente alejándose de su oponente y dio un brinco hacia delante tensando sus músculos al máximo. El agudo entrechocar de metal contra metal fue como música para sus oídos, dado que significaba que acababa de detener la estocada que iba a matar a la Reina Eterna.


Tras ponerse en pie de un salto, blandió la espada hábilmente para detener el brutal barrido de una zarpa enorme y, acto seguido, salto hacia arriba para esquivar las letales mandíbulas del dragón que estuvieron a punto de partirle el torso en dos.


Mientras caía al suelo, su espada empezó a bailar propinando una lluvia de golpes, todos ellos dirigidos contra su archienemigo. El arma oscura del Rey Brujo consiguió desviarlos todos menos uno, que consiguió atravesar sus defensas para tan sólo rozan su armadura encantada.


“Veo que has practicado desde la última vez. ¿Pero acaso no te das cuenta de que sigues estando muy por debajo de mí?”. El tono de Malekith se llenó de una falsa compasión. “Ah, me olvidaba de que eres ciego, perdóname por mi insolencia”.


Lanzó otro revés con su espada, pero allí donde hacía un momento se encontraba el maestro de la espada sólo encontró aire.


Eltharion volvió a lanzar una serie de estocadas contra el señor élfico. Una vez más, los golpes fueron desviados por la espada de Malekith y su impresionante armadura, pero cada vez que Eltharion conseguía coger al Rey Brujo con la guardia baja encontraba un punto débil en su defensa; un punto débil que recordaría para el próximo ataque.


“Vamos, ¿es qué no sabes hacerlo mejor?”, le espetó Malekith a Eltharion. “Libera toda tu rabia; el odio te guiará a través de la oscuridad que te ciega”. 
Eltharion sintió cómo de súbito empezaba a aumentar el odio que sentía contra su oponente. El Rey Brujo se burlaba de él y lo iba atormentando. La maldad de aquel ser había destruido todo lo que él amaba.


De nuevo, volvió a dirigir sus ataques contra los puntos débiles de la armadura de Malekith, pero entonces el entrechocar de aceros quedó ensordecido por el sonido familiar de una trompeta que retumbó por todo el campo de batalla. Eltharion reconoció la llamada como la orden de carga de los príncipes dragón. Sus agudos sentidos también captaron el ligero repiqueteo de un caballo al galope por delante de la formación principal de la caballería. La velocidad de aquel caballo y la potencia de sus pasos superaban los de cualquier otro caballo que hubiera oído nunca; sólo podía tratarse de Malhandir, lo que quería decir que Tyrion había llegado. El corazón se le llenó de esperanza, ya que tuvo la certeza de que la Reina Eterna iba a ser salvada.


Poco a poco fue disipando su odio para concentrarse en su objetivo. La mente se le aclaro y durante aquel momento logró fundirse con el mundo que le rodeaba. Tras detener un potente golpe, arqueó su cuerpo hacia atrás para esquivar la hoja mortal de Destructora. Desde aquella postura blandió la espada hacia arriba y el afilado borde de su arma cortó los arneses de cuero que le sujetaban a la silla de montar del Rey Brujo. Este perdió el equilibrio durante menos de un segundo, pero ese era todo el tiempo que Eltharion necesitaba. En aquella fracción de segundo, todo su desprecio, rabia y rencor se esfumaron de su cabeza. Al concentrarse al máximo, recordó con la claridad más absoluta cada una de las acometidas de su espada contra la armadura de Malekith.


“¡Sólo la luz puede cegarme!”, dijo a la vez que arremetía hábilmente con su espada a la velocidad del rayo, conseguía atravesar una pequeña juntura de la coraza y hundía el arma en el cuerpo de Malekith.


Un grito escalofriante escapó de la garganta del Elfo Oscuro y en aquel preciso instante Eltharion sintió que la euforia le poseía el cuerpo como nunca antes. Una oleada de pasión le inundó el cerebro y la necesidad de acabar con su oponente se transformó en su única meta. Extrajo su espada e hizo girar las muñecas para de sus brazos para dirigirla contra la cabeza de Malekith formando un arco. Malekith detuvo el ataque con su guantelete blindado y ordeno rápidamente a su dragón que levantara el vuelo. Segundos más tarde, el maestro de la espada se había quedado solo. Había conseguido lo que ningún Alto Elfo había conseguido nunca. Ahora sólo le quedaba un camino, una sola ambición residía en su corazón y tal era la intensidad con la que ardía que para él no existía ningún argumento que pudiera apartarlo de dicho camino hasta que no cumpliera con su deseo. Terminaría lo que había empezado. Eltharion iría a buscar al Rey Brujo y luego lo mataría.


Kamui Himura Dragonoff de Caledor, Señor Élfico de Ulthuan, Lugarteniente del Rey Fénix Andros, Heredero al Trono y Comandante